Respuesta a ataques por promover debate democrático en empresas
La semana pasada experimenté un ataque virulento en redes sociales que terminó convirtiéndose en lo que podría llamarse un 'efecto boomerang'. Con gran satisfacción, había compartido que estaba finalizando una serie de charlas en diferentes empresas sobre la importancia fundamental de la supervivencia democrática en nuestro país.
Sin embargo, rápidamente comenzaron a llegar comentarios malintencionados que sugerían, falsamente, que estaba indicando a los trabajadores por quién debían votar en próximas elecciones. Esta distorsión de mis intenciones generó una polémica que merece ser analizada con detenimiento.
La acusación de adoctrinamiento y la respuesta
Uno de esos comentarios provino de la periodista Ana Bejarano, quien afirmó públicamente que yo había 'adoctrinado' a trabajadores con mi ideología y con mi supuesto partido 'ultra neofascista', añadiendo que en dicho partido me 'tenían hablando desde el odio'. Estas declaraciones representan claramente un intento de aniquilación moral más que un aporte al debate público.
Sugerir que conversar con trabajadores sobre la importancia de no delegar en otros las decisiones sobre sus propias vidas constituye adoctrinamiento carece completamente de sentido lógico. Lo que sí podría encajar en esa categoría son las prácticas de ciertos políticos, como por ejemplo Iván Cepeda, cuando visitan gremios para exponer sus planes de gobierno sin permitir a los empleados derecho a réplica o contrapregunta. O las acciones de Fecode en contextos educativos con menores de edad.
La peligrosa etiqueta de 'ultra neofascista'
Calificar mi ideología y un partido que, debo aclarar, no tengo ni represento, como 'ultra neofascista' resulta profundamente peligroso y malintencionado. Esta acusación es particularmente irónica considerando que me identifico como libertaria y, por tanto, defensora de que el Estado se entrometa lo menos posible en la vida personal y económica de los ciudadanos.
El fascismo representa exactamente lo contrario: un sistema autoritario, antiliberal y nacionalista donde el Estado pretende controlarlo todo. Como bien resumió Benito Mussolini: 'Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado'. Esta definición contrasta radicalmente con mis principios de libertad individual y limitación del poder estatal.
Que Bejarano me catalogue como 'ultra neofascista' adquiere especial gravedad en un país donde, hace menos de un año, asesinaron a Miguel Uribe por defender ideales con los que me identifico personalmente. Esta trivialización de términos políticos graves puede tener consecuencias reales en un contexto de polarización.
La dimensión machista de las acusaciones
Finalmente, la sugerencia de que 'en mi partido me dicen cómo hablar' contiene un componente profundamente machista. Bejarano me despoja de mi agencia como mujer al insinuar que simplemente 'obedezco órdenes' o sigo instrucciones de otros. Resulta curioso que este tipo de comentario provenga de alguien que se presenta públicamente como feminista.
Transformando la crítica en oportunidad
El comentario de Bejarano, ampliamente difundido entre círculos de opinión, me dio una idea concreta: darle la vuelta a la situación y crear un correo electrónico específico para que más empresas pudieran contactarme para realizar estas charlas con sus empleados. Así nació GraciasAnaBejarano@gmail.com.
Hasta el momento, he recibido respuesta de 62 empresas interesadas. Convertir la injuria en una oportunidad de expansión ha demostrado ser, sin duda, una estrategia más productiva que el enfrentamiento directo.
Preocupaciones sobre el debate público
Más allá de este 'efecto boomerang', confieso que me preocupa y decepciona profundamente que una persona con posición social elevada, acceso a medios de comunicación y prestigio en ciertos círculos intelectuales, se sienta con la autoridad de calificarme como 'ultra neofascista' sin fundamento alguno.
Lo que realmente molesta a Bejarano y a los sectores que representa es que una joven de 19 años, residente en San Cristóbal Sur, defienda ideas de libertad individual y haya logrado superar barreras sociales para visibilizar su voz en el debate nacional. Les molesta que no siga el guion establecido, que cuestione narrativas dominantes y que promueva el pensamiento crítico entre trabajadores.
Cuando el debate político genuino es reemplazado por la descalificación moral sistemática y la deshumanización del interlocutor, la democracia -precisamente el valor que defiendo en mis charlas- comienza a erosionarse peligrosamente. Este fenómeno representa una amenaza tangible para la calidad de nuestra convivencia política y social.



