La promiscuidad política: cuando las alianzas se basan en conveniencia, no en convicciones
Promiscuidad política: alianzas por conveniencia, no convicciones

La promiscuidad política: un fenómeno que erosiona la democracia colombiana

En términos generales, la promiscuidad se define como la práctica de mantener relaciones sexuales con diferentes personas de manera constante, inestable y sin vínculos afectivos profundos. Históricamente, esta conducta ha sido señalada como un factor de riesgo para la transmisión de infecciones y enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo, en tiempos recientes, esta lógica parece haberse trasladado —con alarmante naturalidad— al escenario político colombiano.

El surgimiento de la promiscuidad en el ámbito político

Hoy asistimos a un fenómeno que bien podría denominarse promiscuidad política. Ya no se trata de convicciones, principios o coherencia ideológica. Lo que prima es la conveniencia inmediata y los beneficios personales. Numerosos actores políticos mantienen relaciones estratégicas y comerciales con distintos partidos y movimientos, sin importar el color político, el discurso o el supuesto proyecto de país que representen.

La ideología y la militancia parecen haber quedado relegadas al anecdotario histórico, como piezas de museo que se observan con nostalgia, pero que ya no se practican en la realidad política contemporánea. Este cambio fundamental representa una transformación peligrosa en cómo se ejerce el poder y se construyen alianzas en Colombia.

El cálculo político reemplaza los principios

En la política colombiana actual, lo "moderno" es acercarse al partido que tenga mayor posibilidad de éxito electoral, al que prometa avales, contratos, cargos o visibilidad mediática. El partido más atractivo, el que concentra poder y votos, se convierte en una especie de "macho alfa" de la política: dominante, deseado y rodeado de oportunistas dispuestos a entregarle lealtades efímeras a cambio de beneficios inmediatos.

Este comportamiento genera alianzas tan frágiles como interesadas:

  • Hoy se jura amor eterno a un movimiento político
  • Mañana se le abandona sin pudor alguno si aparece una opción más rentable
  • No hay compromiso ideológico, solo cálculo electoral
  • No hay ideales compartidos, solo expectativas personales

La prostitución política y sus consecuencias

Esta conducta se asemeja peligrosamente a una forma de prostitución política, donde un contrato, un nombramiento o la simple posibilidad de ser elegido se convierten en motivo suficiente para cambiar de camiseta sin el menor remordimiento. El discurso se adapta según la audiencia, la memoria histórica se borra selectivamente y la coherencia se sacrifica en el altar del oportunismo más descarado.

El problema no es solo ético o moral, sino profundamente democrático. Cuando la política se reduce a un mercado de favores y ambiciones individuales, el electorado colombiano queda relegado a un papel secundario, engañado por discursos que se reciclan según la ocasión y las conveniencias del momento.

Impacto en la confianza ciudadana y la democracia

La promiscuidad política no solo degrada a quienes la practican, sino que erosiona sistemáticamente la confianza ciudadana en las instituciones democráticas. Este fenómeno vacía de contenido la verdadera representación política y transforma el ejercicio del poder en una transacción comercial donde los principios son moneda de cambio.

En Colombia, donde la democracia ha enfrentado numerosos desafíos históricos, esta tendencia representa una amenaza adicional a la consolidación de un sistema político basado en valores, coherencia y representación genuina de los intereses ciudadanos.