La peligrosa inacción social frente a gobiernos manipuladores
Despertemos de una vez. Si todos nos limitamos a quejarnos, a sentir terror por los resultados de las encuestas, a expresar preocupación sin tomar acciones efectivas, nos hundimos en la frustración y el desaliento, adoptando una postura pasiva como si la situación política no nos involucrara directamente. La queja pasiva no beneficia a nadie; por el contrario, empeora las circunstancias y nos inunda de miedo e incertidumbre.
El efecto paralizante del miedo en la sociedad
El miedo tiene un efecto devastador: nos paraliza, desincentiva la actividad industrial, comercial y la inversión, generando un daño profundo en la economía. Curiosamente, este es precisamente el objetivo del mal gobierno que padecemos, en una estrategia perversa y calculada. Al observar las encuestas, la sorpresa y el terror son inevitables, pero ¿por qué nos aterra tanto cuando predomina la inacción y la apatía colectiva?
La respuesta es más simple de lo que parece: el gobierno se aprovecha malévolamente de la necesidad y la ignorancia de la población. Es crucial aclarar que el término "ignorancia" no debe usarse de manera despectiva; todos carecemos de conocimiento en algún ámbito. Sin embargo, el gobierno manipula hábilmente a la gente común y a los jóvenes, moldeando sus percepciones para mantener el control.
La manipulación a través de las necesidades básicas
En este contexto, cobra vigencia la reflexión del gigante literario Fiódor Dostoievski en su obra maestra Los Hermanos Karamazov, específicamente en "El discurso del Gran Inquisidor": "¿Cómo puede haber libertad si la obediencia se compra con pan?". Lo que podría parecer una exageración es, en realidad, la táctica gubernamental: generar resentimientos, crear necesidades artificiales y manejar a los más vulnerables.
¿Cómo se explica, entonces, que persista cierta favorabilidad hacia el gobierno actual o intención de voto por candidatos que promueven la continuidad del desastre? A pesar de las múltiples culpas en crisis espantosas y desfachatez en todos los frentes, especialmente en corrupción, el gobierno mantiene adeptos mediante la manipulación, la desinformación y la explotación de las esperanzas de los necesitados.
La corresponsabilidad ciudadana en la crisis
La culpa no recae exclusivamente en el gobierno; todos somos corresponsables por nuestra indolencia. Circula un meme que sugiere que los ricos—según definiciones amplias que incluyen a quienes producen y viven medianamente bien—no nos preocupamos porque creemos que nada nos afectará. Esta idea no está lejos de la realidad: existe una pasividad y permisividad impresionantes, como si los perjuicios no nos alcanzaran a todos.
Obviamente, las clases más necesitadas son las más perjudicadas, atrapadas en un círculo vicioso: al carecer de todo, con esperanzas destruidas por el resentimiento, adoptan una actitud de indiferencia ante cualquier evento. Así, avanzamos en una espiral destructiva que amenaza el tejido social.
Hacia una resistencia civil organizada y visible
¿De qué sirve la indignación privada o interna? De absolutamente nada. Todos deberíamos convertirnos en portadores de un movimiento de resistencia civil, estableciendo símbolos, rituales y formas visibles de protesta pacífica pero contundente. ¿Por qué las empresas y empresarios no se movilizan ni buscan alianzas con movimientos sociales? ¿Qué es lo que no comprenden?
¿Acaso creemos que permaneceremos sentados toda la vida en una burbuja ajena a la realidad, criticando entre whiskys y cócteles? No. ¡Qué error tan grande! ¡Qué espanto! ¡Qué pasividad inadmisible! La indignación debe traducirse en acción colectiva y organizada para romper este ciclo pernicioso.



