El deplorable manejo político de la tragedia del Hércules siniestrado
El manejo que varios líderes políticos, comenzando por el presidente de la República, han dado a la tragedia del avión Hércules FAC-1016 siniestrado este lunes festivo es francamente deplorable y merece una corrección inmediata por parte de quienes tienen la responsabilidad de guiar al país.
Una tragedia convertida en campo de batalla político
No puede ser que un hecho tan traumático para la Nación colombiana, y singularmente para los sobrevivientes y las familias de todos los pasajeros que sufrieron este terrible accidente, en vez de convertirse en un momento que una a los colombianos a través del dolor común y compartido, se haya transformado en cálculo electoral reprochable y material para avivar la confrontación política.
La pérdida de las vidas de al menos 69 miembros de la Fuerza Pública y 55 heridos debería suscitar llanto y solidaridad, especialmente por parte de los responsables de la política y la alta dirigencia nacional. Sin embargo, lo que es en esencia una tragedia sin precedentes entre nuestros sacrificados soldados y policías se ha convertido en un campo de batalla partidista.
Contraste entre la solidaridad local y el debate capitalino
Mientras los humildes pobladores de Puerto Leguízamo hacían sus mejores esfuerzos con total desprendimiento, entrega y espíritu de sacrificio para rescatar y trasladar a los heridos, incluso arriesgando sus propias vidas, en la capital el debate se centró en:
- La búsqueda de culpables políticos
- El planteamiento de hipótesis chocantes
- Supuestos carentes de soportes técnicos
- Afirmaciones imposibles de precisar por la ausencia de investigación correspondiente
Declaraciones presidenciales cuestionadas
Cómo es posible que el presidente haya calificado al Hércules FAC-1016 como chatarra, atribuyendo la responsabilidad a la anterior administración por la adquisición de equipos con décadas de uso, cuando estos aviones son fabricados para largos decenios de existencia, siempre que se garantice el mantenimiento adecuado para el destino al que han sido creados.
Esta afirmación no considera que la idoneidad técnica del avión estaba dada desde el último mantenimiento mayor (PMA), finalizado en 2023 bajo la actual administración, y que contaba aún con miles de horas de vida útil según la propia Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC). Numerosos expertos y militares afirman que la aeronave cumplía con los estándares de aeronavegabilidad requeridos.
Exigencias de investigación y responsabilidad
En todo caso, salvo que exista una fuerza mayor imposible de resistir, una tragedia como esta no puede quedar impune. Es indispensable entonces que se determine:
- Si se hizo la debida gestión presupuestal
- La correspondiente asignación y ejecución de recursos para el mantenimiento del FAC-1016
- La diligencia en la aprobación de documentos CONPES para modernizar la flota
Esta investigación es especialmente urgente considerando la ocurrencia de más de 12 accidentes aéreos militares en los últimos años, lo que señala un patrón preocupante que requiere atención inmediata.
Lección aprendida: dignidad ante el dolor
Debe quedar, como otra lección aprendida de esta trágica experiencia, el asco que produce el uso electoral de una emergencia tan dolorosa. El intento de politizar el dolor por encima de respuestas que prioricen, con dignidad, el acompañamiento real a las víctimas y sus familias es una práctica que debe ser rechazada por toda la sociedad colombiana.
El país necesita unidad en momentos de dolor, no divisiones partidistas que aprovechan la tragedia para ganancias políticas efímeras. Las víctimas y sus familias merecen respeto, solidaridad genuina y una investigación técnica seria que determine las verdaderas causas de esta pérdida irreparable.



