Los principios democráticos con letra pequeña que pueden abrir paso al autoritarismo
En tiempos recientes, existía un consenso amplio sobre ciertas garantías fundamentales consideradas indispensables para el funcionamiento saludable de una democracia. Sin embargo, en la actualidad, cada uno de esos principios garantistas viene acompañado de una letra pequeña que, según convenga a los intereses del momento, sirve para excusar impulsos autoritarios que erosionan las bases del sistema.
Participación política de servidores públicos: entre el deber y el abuso
La prohibición de participación política activa por parte de servidores públicos representa tradicionalmente una barrera contra el abuso de poder. Colombia cuenta con una larga tradición en este sentido, donde incluso el presidente de la República, aunque no puede ser disciplinado por la Procuraduría, tiene el deber constitucional de dar ejemplo de neutralidad institucional.
Sin embargo, aplican condiciones especiales: cuando el mandatario nacional hace Política con mayúscula, resulta bienvenido que estigmatice a sus opositores, difunda en redes sociales contenidos propagandísticos a favor de su facción y utilice sus discursos oficiales para descalificar abiertamente a otras ramas del poder público.
El culto a la personalidad y el fanatismo político
El culto a la personalidad y el fanatismo político deben rechazarse siempre, pues pueden abrir una puerta peligrosa hacia proyectos autoritarios. Estos comportamientos representan síntomas claros de ausencia de pensamiento crítico en la ciudadanía.
No obstante, esta afirmación no puede aplicarse de forma generalizada, pues bien le viene a la gente común utilizar la figura presidencial para decorar tortas de cumpleaños, crear peluches con ojos de animé o incluso tatuarse el rostro del mandatario en alguna parte del cuerpo, prácticas que distan de ser críticas pero se toleran socialmente.
El sistema electoral colombiano: entre perfección y desconfianza
El sistema electoral colombiano, aunque no es perfecto, funciona adecuadamente en términos generales. Desacreditarlo sistemáticamente constituye una forma velada de atacar los fundamentos mismos de la democracia. Algunas fallas menores en el preconteo de votos, que normalmente se subsanan durante el escrutinio formal, no significan que el sistema completo sea fraudulento.
Sin embargo, cada voto debe cuidarse con extremo rigor. ¿Quiénes somos los seres humanos para afirmar que un error aislado no representa realmente un fraude completo? ¿Qué garantías existen de que, si hay un error en una parte del sistema, este no se ha reproducido estructuralmente, contaminando así todo el proceso electoral?
Comunicaciones estatales: pedagogía versus propaganda
Las instituciones y recursos de comunicación del Estado deben utilizarse primordialmente para informar a la sociedad sobre la implementación de políticas públicas que garanticen el buen funcionamiento institucional, haciendo pedagogía ciudadana, no propaganda política del gobierno de turno.
Pero, ¿acaso el gobierno no tiene derecho a defenderse de los ataques de ciertos periodistas? La comunicación estatal necesita recursos suficientes para contar a la ciudadanía lo que algunos medios de comunicación preferirían mantener oculto, creando así un equilibrio informativo necesario.
Democracia: más que dictadura de mayorías
La democracia representa la garantía de todos los derechos fundamentales, no simplemente una dictadura de mayorías. No pueden imponerse políticas públicas únicamente porque se cuenta con más votos en el Congreso, pues precisamente ese es el sentido profundo de los pesos y contrapesos consagrados en la Constitución Nacional.
Surge entonces una pregunta incómoda: ¿ahora resulta que debemos gobernar con el programa político que perdió las elecciones? ¿Es eso lo que realmente desean algunos sectores? ¿Acabar con el mandato claro de la ciudadanía libre que se expresó en las urnas? Los gobernantes están para cumplir la voluntad soberana del pueblo que los eligió.
Este análisis deja inevitablemente otros puntos cruciales por fuera. Los mencionados sirven para recordar que los principios democráticos que vienen con letra pequeña, en cualquier momento histórico, pueden convertirse en autoritarismo mayúsculo, y ese sí que no admite condiciones ni restricciones de ningún tipo.



