Fábricas de ilusiones: La ingeniería emocional que domina el panorama político colombiano
Mientras algunos actores políticos juegan un sofisticado ajedrez digital, otros permanecen en la ingenua creencia de participar en un simple picnic democrático. Esta divergencia estratégica se ha convertido en uno de los factores determinantes del actual escenario político nacional.
El caso del Valle del Cauca: Apoyos que desafían la realidad
En una reciente reunión política, un senador enumeraba con preocupación cómo le ha ido al departamento del Valle del Cauca durante el gobierno de Gustavo Petro. Proyectos emblemáticos como el dragado de Buenaventura, la vía Mulaló-Loboguerrero y el Tren de Cercanías, que se encontraban supuestamente "en la puerta del horno" al inicio de esta administración, no han despegado como se esperaba.
Lo más desconcertante surge cuando se analizan las percepciones ciudadanas. Mientras estos proyectos languidecen, una encuesta entre simpatizantes petristas revela que el 80% considera que el sistema de salud ha mejorado notablemente. Esta desconexión entre realidad fáctica y percepción ciudadana tiene una explicación que Álvaro Uribe resumió certeramente ante sus seguidores: "Mis bodegueros son todos ustedes".
La ingenua visión de la estrategia digital
Al preguntar a diversos candidatos políticos sobre sus estrategias digitales, la respuesta suele ser alarmantemente ingenua: basta con tener presencia en redes sociales y los seguidores espontáneamente ayudarán a difundir el mensaje. Esta visión candorosa contrasta brutalmente con la sofisticada maquinaria que realmente opera en el ecosistema digital colombiano.
Anatomía de una bodega digital operativa
Para comprender este fenómeno, debemos describir cómo funciona una bodega digital real:
- Estructura organizada: Existe un director y decenas de influencers, cada uno operando múltiples dispositivos y perfiles.
- Rastreo sistemático: Grupos especializados monitorean constantemente las debilidades del candidato que lidera las encuestas.
- Manipulación estratégica: Se toman frases sacadas de contexto, fotografías incómodas o errores menores para distorsionarlos y exagerarlos.
- Edición profesional: Todo contenido -texto, imagen o video- es editado profesionalmente para maximizar su impacto emocional.
La meta fundamental de estas operaciones no es informar, sino producir vergüenza y desprestigio. Cada influencer activa su cadena de seguidores -principalmente menores de 35 años- quienes replican el contenido añadiendo capas adicionales de dramatismo.
La viralización controlada
En cuestión de minutos, miles e incluso millones de pantallas amplifican estas distorsiones informativas. El impacto se mide meticulosamente: si el contenido se vuelve viral, se multiplican las versiones; si no funciona, simplemente se fabrica otra historia.
Este ciclo puede repetirse varias veces en un solo día, alternando entre propaganda positiva para el aliado y demolición sistemática del adversario. La repetición desde múltiples fuentes convierte estas narrativas en verdades aparentemente indiscutibles, creando una realidad virtual paralela.
La ingeniería emocional segmentada
Nada de este proceso tiene relación con la "diseminación espontánea" que imaginan los candidatos más ingenuos. Se trata de ingeniería emocional cuidadosamente segmentada y dirigida hacia audiencias específicas, diseñada para activar respuestas predecibles y manipular percepciones.
La pregunta crucial ya no es cómo alguien mantiene apoyo político pese a evidencias contrarias, sino cómo tantos actores políticos siguen creyendo que la guerra digital no existe o subestimando su poder transformador.
Mientras Colombia avanza hacia nuevos procesos electorales, esta brecha entre quienes dominan las herramientas de manipulación digital y quienes permanecen en la ingenuidad podría determinar el futuro político del país. La verdadera incógnita es si habrá reacción oportuna ante esta nueva forma de guerra asimétrica que se libra en las pantallas de millones de colombianos.
