Diálogo entre diferentes: una urgencia democrática para Colombia
En las democracias contemporáneas, incluyendo de manera destacada la colombiana, debería constituirse como principio fundamental la existencia de diálogos constructivos entre diferentes. Estos intercambios deben orientarse específicamente hacia la construcción de acuerdos sustanciales sobre lo fundamental, tanto a nivel local como regional, sectorial y finalmente nacional. Sin embargo, la palpable ausencia de esta práctica en los ámbitos político, social y estatal explica, en gran medida, la imposición recurrente de políticas hegemonistas y autoritarias por parte de gobiernos, partidos políticos y diversos movimientos sociales.
Con esta dinámica, se termina negando un principio esencial e inalienable: el derecho intrínseco de los seres humanos a pensar libremente y a ser diferentes. En ese contexto preciso cobra especial relevancia y notoriedad una de las actuales campañas presidenciales en Colombia, que ha reivindicado públicamente y con énfasis su fórmula vicepresidencial como un ejemplo tangible de unidad en la diferencia.
El mensaje político detrás de la unidad
Lo verdaderamente importante y trascendental es el mensaje político profundo que subyace en esta propuesta: la posibilidad real y concreta de construir país desde la diversidad de pensamientos y posturas. La historia de los pueblos a nivel global es clara y contundente. Se ha encargado de demostrarnos de manera reiterada que, en todas aquellas sociedades donde los gobernantes y líderes políticos, económicos, sociales, religiosos y étnicos, entre otros, han terminado negando sistemáticamente el derecho democrático básico de las personas a ser diferentes, no se han producido sino tragedias humanas, económicas y sociales de gran envergadura.
Tal como desafortunadamente hoy lo estamos presenciando en naciones como Cuba y Nicaragua, y en algunas regiones rurales específicas de Colombia. Como persona que en muchas ocasiones me he rebelado activamente contra ese tipo de prácticas hegemonistas y que, por principios democráticos y éticos inquebrantables, siempre he reivindicado el derecho fundamental de los seres humanos a ser diferentes y a tener sus propios criterios políticos y sociales, considero firmemente que un buen camino para lograrlo efectivamente en Colombia es la promoción decidida, a todo nivel, de la cultura del diálogo entre diferentes.
Los nortes éticos para Colombia
Este diálogo debe orientarse específicamente a construir acuerdos sólidos sobre lo fundamental y sobre definidos nortes éticos que siempre deben primar en las acciones de los seres humanos. En el caso colombiano, esos nortes éticos son evidentes y urgentes:
- Cero tolerancia absoluta frente a la corrupción estructural
- Erradicación de la violencia en todas sus formas
- Combate frontal al narcotráfico y sus redes
- Superación de las profundas desigualdades sociales
- Lucha contra la creciente contaminación ambiental
Como todo parece indicar de manera consistente que será el próximo 21 de junio cuando elegiremos democráticamente un nuevo presidente o presidenta en Colombia, sería de suma importancia estratégica que los candidatos y candidatas con mayor opción electoral se comprometieran públicamente y de manera verificable con la población colombiana. Este compromiso debería establecer que, en caso de ganar la Presidencia de la República, se convertirán en un ejemplo a seguir en todo lo relacionado con la promoción y ejecución efectiva de una política de Estado en favor del diálogo a nivel local, regional y nacional.
Lecciones internacionales y el papel de la ONU
El objetivo final debe ser procurar acuerdos sustanciales entre diferentes. Acuerdos que, una vez implementados con transparencia, permitan construir no solo consensos amplios sobre lo fundamental, sino también definir las acciones más adecuadas y pragmáticas para administrar, en lo esencial, los desacuerdos inevitables dentro de un marco democrático. La experiencia internacional ofrece lecciones valiosas y demostradas. Tras la Segunda Guerra Mundial, varios países europeos lograron reconstruir sus sociedades devastadas precisamente sobre la base del diálogo constante, los acuerdos fundamentales y el respeto genuino por la diferencia.
Gracias a este enfoque no solo consolidaron sus democracias de manera duradera, sino que alcanzaron altos niveles de desarrollo económico y bienestar social integral. En esos propósitos democráticos ambiciosos, la Organización de Naciones Unidas (ONU) se puede convertir en un validador fundamental y objetivo, así como los diversos alcaldes y gobernadores locales, quienes, al igual que el presidente o presidenta de la República, también son elegidos democráticamente en el país. Colombia necesita con urgencia histórica aprender a dialogar entre diferentes para construir un futuro compartido.



