La desigualdad en Colombia: un freno al desarrollo que exige acción urgente
El profesor Juan Gabriel Gómez Albarello, abogado y doctor en ciencia política de la Universidad Nacional de Colombia, sostiene que "no hay manera de que la lucha contra la desigualdad tenga éxito si persisten los actuales niveles de corrupción". Esta afirmación cobra relevancia en un país que, según datos internacionales, es uno de los más desiguales del mundo. Recientemente, el foro "Construir una Colombia más equitativa", liderado por El Espectador en la Universidad de los Andes, reunió a candidatos presidenciales como Roy Barreras, Claudia López y Luis Gilberto Murillo, con Paloma Valencia participando por video, evidenciando el interés en el tema.
Cuatro argumentos clave para combatir la desigualdad
Gómez Albarello presenta cuatro argumentos fundamentales que justifican la lucha contra la desigualdad como vía para el desarrollo económico y político de Colombia.
El argumento de justicia: La corrección de la desigualdad es esencial para que cada persona pueda ejercer su libertad. En Colombia, la baja movilidad social, según estadísticas de la OCDE, muestra que quienes nacen en familias de escasos recursos tienen menos oportunidades de desarrollar su potencial. La intervención pública es crucial para dotar a las personas de medios que mejoren su capacidad de elegir y realizar sus aspiraciones, superando la "lotería" del nacimiento.
El argumento estrictamente económico: Cuando pocas personas pueden realizar su potencial, el potencial global de la sociedad se reduce. El acceso limitado a salud, educación y crédito impide que los menos favorecidos contribuyan al crecimiento económico. La lucha contra la desigualdad económica es clave para mejorar las condiciones de desarrollo, aunque requiere medidas de compensación cuidadosas para no desincentivar la inversión productiva.
El argumento sociológico: Las sociedades más desiguales, como la colombiana, suelen tener tasas de homicidio más altas debido a la ansiedad por el estatus y la debilidad de los inhibidores de violencia. Esto genera costos asociados al crimen, desviando recursos de actividades productivas hacia sistemas de protección adicionales. Reducir la desigualdad ayuda a disminuir la violencia y la inseguridad, permitiendo una asignación más eficiente de recursos.
El argumento político: En sociedades con alta desigualdad económica, los más ricos pueden adquirir influencia excesiva en debates políticos, debilitando la igualdad política y la confianza en instituciones como el gobierno y el congreso. La lucha contra la desigualdad podría corregir este desbalance, fortaleciendo la cohesión social y facilitando soluciones colectivas a problemas como el calentamiento global.
La Constitución y la corrupción: desafíos pendientes
Gómez Albarello señala que la Constitución de 1991, al adoptar el Estado social de Derecho y derechos económicos, sociales y culturales, establece la lucha contra la desigualdad como una obligación. Sin embargo, la falta de acción concertada de los gobiernos ha priorizado la seguridad y el crecimiento económico sobre otros objetivos. Critica especialmente al presidente Gustavo Petro por lo que describe como una estrategia populista que ha dilapidado oportunidades y aumentado la corrupción, debilitando la capacidad institucional.
En conclusión, el experto invita a replantear el debate: la lucha contra la corrupción y la desigualdad es una condición necesaria para que Colombia supere el subdesarrollo crónico. Sin avances en estas áreas, el país seguirá atrapado en ciclos de pobreza, informalidad y violencia, lejos del círculo virtuoso de probidad, equidad y emprendimiento que se necesita.



