La realidad silenciosa: el país que vive al margen de la política
Existe un país real, mayoritario, que no está pendiente de los vaivenes políticos ni de las campañas electorales. Es la Colombia que trabaja incansablemente cada día para sostener a sus familias y busca progresar mediante su propio esfuerzo. En este territorio, más del 60% de la población pertenece a estratos socioeconómicos bajos, donde superar las necesidades básicas representa un desafío constante y conseguir un empleo digno se considera un logro extraordinario.
Voces del trabajo cotidiano
Una muestra mínima entre hombres y mujeres trabajadoras –desde la vendedora en la plaza hasta el vigilante, el profesor, el jardinero, el reciclador, la auxiliar, el cajero, la peluquera o la terapeuta– revela que aún no han tomado una decisión electoral y que, en verdad, el tema les importa muy poco. "Diga usted, doctora, ¿a quién le ayudamos?", comenta una de ellas. "Nunca un político me ha cambiado la vida y no dependo de ellos para nada. Si no trabajo, mi familia no come, y no aspiro a que la situación cambie".
Estos ciudadanos recuerdan que, cuando llegó el actual gobierno, les advirtieron que Colombia se volvería como Venezuela, pero eso no ocurrió, y el presidente resolvió problemas con Estados Unidos. "Eso del salario mínimo que parecía tan malo, ahora todos lo apoyan. Entonces, ¿quién los entiende?", se preguntan. Observan que en el mercado hay cartones de huevos muy baratos y en la calle encuentran bultos de limones a 10 mil pesos. Para ellos, todo sigue igual.
Vidas enfocadas en la supervivencia
Estos apartes surgen de conversaciones sostenidas esta semana con personas comunes, aquellas con quienes se comparte la vida diaria. Su contacto más cercano con lo público se limita al transporte, la salud o la seguridad, pero viven y trabajan sin pausa. Aunque Metrolínea haya fracasado y deban hacer filas interminables en las EPS, siempre les ha tocado luchar por todo desde hace años.
Sus vidas transcurren enfrentando su realidad inmediata, donde las peleas o enredos entre políticos no son una prioridad. En su concepto, todos los políticos son corruptos, lo que profundiza su desinterés. Mientras tanto, otros segmentos poblacionales históricamente desconectados ahora protagonizan eventos significativos.
Nuevos protagonistas y viejos problemas
Hoy en Cartagena, por ejemplo, se discute sobre reforma agraria y desarrollo rural, pero no son los políticos tradicionales ni los empresarios quienes toman la palabra, sino las comunidades rurales e indígenas en un evento internacional. Esto evidencia un cambio en los actores, aunque la desconexión persiste en amplios sectores.
Seguramente no existe una única causa para esta desconexión, pero el peor error sería ignorar que existe. Más del 50% de la población no vota, y muchos de quienes sí lo harán, a una semana de los comicios, aún no saben por quién decidirse. Este país real no vibra ni se entusiasma con peleas partidistas o promesas vacías, lo que explica la altísima abstención electoral.
<3>El peligro de la decisión de unos pocosEsta situación es peligrosa, porque la decisión final recae en unos pocos con motivaciones particulares, marginando a la mayoría trabajadora. A falta de un voto obligatorio, solo queda clamar por la responsabilidad individual de evaluar y decidir por nosotros mismos, aunque para muchos, el día a día les impide siquiera considerar esa posibilidad.
La desconexión entre el país político y el país real no es nueva, pero en este contexto electoral se hace más evidente y preocupante. Mientras las élites discuten, la gran mayoría sigue su lucha silenciosa, indiferente a un sistema que parece no representarla.



