La constituyente popular: ¿un contragolpe de Estado o el fin del pluralismo en Colombia?
Mientras las encuestas electorales y las consultas políticas dominan la atención mediática, un proyecto de mayor calado político duerme en el congelador gubernamental, pero más vivo que un oso polar en diciembre: la constituyente popular. Esta iniciativa, promovida activamente por el gobierno del Pacto Histórico y sus aliados, presenta implicaciones profundas para el sistema democrático colombiano.
El disfraz del bloqueo institucional
El proyecto arranca con la consabida mención al supuesto bloqueo institucional que enfrenta el gobierno para sacar adelante sus reformas. Aunque es lógico que el ejecutivo se queje de las dificultades legislativas, está claro que esta apelación funciona como disfraz de la realidad política: el Pacto Histórico no es mayoría en el Congreso, y eso tiene consecuencias naturales en un sistema de pesos y contrapesos.
Para derrumbar este muro, la propuesta constituyente primero debería destruir el fundamento del sufragio universal, uno de sus objetivos implícitos. Respecto a las cortes, el intento permanente ha sido emascularlas de su papel, arguyendo que son simples marionetas de la oligarquía. No se trata de bloqueo, sino de control democrático en acción.
El remedio que anula al Congreso
La solución propuesta es alarmantemente clara: crear una "cláusula residual de competencia legislativa" que permita al presidente de la República actuar ante omisiones legislativas absolutas en materias sociales. Este mecanismo equivale, en la práctica, a un contragolpe de Estado, pues anula al Congreso en beneficio de un soberano omnímodo.
Aunque la desconfianza frente al Congreso es tal que no pocos aplaudirán esta medida, realmente equivale a eliminar todo el valor representativo del voto opositor. No se trata solo de dividir la sociedad, sino de anular la porción que está en desacuerdo. Es, en esencia, la muerte del pluralismo político.
Mecánica patibularia y representación identitaria
Si la médula del proyecto es alarmante, su mecánica nacional resulta patibularia. La asamblea constituyente constaría de 71 delegados, de los cuales solo 44 serían elegidos por voto universal. Los demás se entregarían a representantes de "los pueblos":
- Afrocolombianos
- Indígenas
- Pueblo campesino
- Pueblo víctima
- Sindicatos
- Pueblo joven
- Pueblos Rom, raizal y palenquero
- Colombianos en el exterior
- Madres cabeza de familia
- Pueblo LGBTIQ+
Este diseño representa el desmonte del ideario liberal según el cual la representación corresponde a los ciudadanos por el hecho de serlo. Es la disolución de la identidad sociológica de la nación a manos de aproximaciones identitarias. Podrán argumentar que esta tomografía es más acertada que la derivada de la simple ciudadanía, pero en el sufragio universal ya están generalmente contenidas las diversidades.
Facultades presidenciales y caudillismo
El almendrón del proyecto radica en que no solo la posible mayoría sería regida por "los pueblos", sino que se conceden facultades al presidente para que "precise los requisitos para ser delegatario, la definición de cada uno de los grupos mencionados y las generalidades del mecanismo democrático interno" que cada uno implementará.
Tendría que ser uno muy tontarrón para creer que no se trata de una constituyente, sino de un aparato al servicio del caudillismo. Pero existe cierta ingenuidad en los promotores: parecería un artificio a la imagen de Petro, pero ¿qué sucedería si el ganador en 2026 fuera De la Espriella o cualquier otro candidato?
Cambio de paradigma político
En lo político, la izquierda se dedicó durante los años sesenta a denigrar de la democracia burguesa. Cuando comenzó a ganar elecciones, cambió de frente. Incluso Fidel Castro le dijo a las FARC que no jodiera más con la violencia. Chávez, Kirchner, Lula, Boric y López Obrador siguieron este camino. Ahora, nuestro Pacto Histórico se ha fatigado y resuelve acudir al modelo del fascismo italiano, del franquismo español y de la constituyente estamentaria criolla de Laureano Gómez.
Vivir para ver. ¿Por qué este giro? ¿Temor de perder las elecciones de 2026? ¿Prefieren el modelo de Maduro al de Chávez?
Sin espacio para acuerdos nacionales
Con estas ideas sobre la mesa, no hay espacio para un flamante acuerdo nacional. Solo queda pensar en acuerdos de mínimos. Ante el descontrol territorial que podría generarse, debería ser posible lograr un curso unificado de acción que preserve lo esencial de nuestra democracia.
La constituyente popular no es solo un llamativo emplazamiento que puede parecer seductor para algunos. Representa un cambio total de paradigma en la representación política colombiana, con consecuencias que debemos analizar con los ojos bien abiertos.