Amaranta Hank: Una trayectoria que desafía etiquetas y busca un cambio en el Congreso
La historia de Amaranta Hank es compleja y multifacética, difícil de encapsular en una simple descripción. Como periodista, escritora, activista y ahora candidata al Senado, su vida ha estado marcada por experiencias intensas que la han moldeado en una voz única y provocadora en el panorama político colombiano.
Infancia en una frontera violenta: Los orígenes en Norte de Santander
Su camino comienza en Norte de Santander, específicamente en Cúcuta y Villa del Rosario, territorios fronterizos con Venezuela que han sido escenarios históricos de contrabando, conflicto armado y violencia cotidiana. Desde niña, Amaranta estuvo expuesta a realidades duras que ningún menor debería normalizar: desapariciones de vecinos, relatos de brutalidad susurrados en voz baja y escenas traumáticas que quedaron grabadas en su memoria. Durante años, creyó que esa era simplemente la vida, hasta que en la universidad comprendió que lo vivido tenía un nombre claro: conflicto armado.
La pérdida de su padre a temprana edad, una figura con la que se identificaba profundamente, dejó una huella imborrable en una familia de valores conservadores y religiosos. Esta ausencia temprana forjó su carácter independiente y crítico.
El periodismo como herramienta de comprensión y las amenazas consecuentes
Su incursión en la escritura fue casi fortuita, impulsada por un profesor del colegio que reconoció su talento comunicativo y la animó a estudiar comunicación social. A los 17 años, comenzó a analizar su entorno desde una perspectiva académica, escribiendo sobre la frontera y sus dinámicas sociales y políticas. Sus columnas y crónicas, publicadas en diversos medios, dieron visibilidad a un territorio poco conocido, pero también atrajo amenazas que la obligaron a abandonar Cúcuta en tres ocasiones por motivos de seguridad, viviendo con miedo constante durante sus regresos.
Al trasladarse a Bogotá, buscó un nuevo comienzo trabajando como editora, jefa de prensa y periodista independiente. Sin embargo, enfrentó contratos precarios, pagos atrasados y un ambiente laboral tóxico marcado por jerarquías y abusos de poder. La doble moral de algunos colegas, que la acosaban mientras criticaban su forma de vestir, la llevó a una profunda frustración y depresión.
Un giro radical: La industria pornográfica y el activismo emergente
En respuesta a esta inconformidad, Amaranta tomó una decisión radical: ingresar a la industria pornográfica. No fue un acto impulsivo, sino una mezcla de rebeldía y deseo de confrontar una sociedad hipócrita que juzga públicamente lo que consume en privado. En Europa, trabajó en ciudades como Barcelona, Budapest y Praga, experimentando tanto momentos de libertad como las sombras de una industria con condiciones laborales duras, donde muchas mujeres, especialmente latinoamericanas, enfrentan abuso y explotación.
Esta vivencia directa la llevó a cuestionar las prácticas detrás de las cámaras y a convertirse en activista. Durante la pandemia, destinó ingresos digitales a apoyar a mujeres víctimas de violencia en el sector, ofreciendo ayuda psicológica y asesoría jurídica, creando una red de acompañamiento para trabajadoras sexuales. Observó que muchas enfrentaban no solo agresiones de individuos, sino también de instituciones que deberían protegerlas.
La entrada a la política: Una candidatura con propósito en el Pacto Histórico
Hoy, a sus 33 años, Amaranta Hank es candidata al Senado por el Pacto Histórico, impulsada por la convicción de que el problema no es el trabajo sexual en sí, sino la falta de regulación y protección estatal. Calcula que en Colombia cientos de miles de mujeres ejercen actividades sexuales pagas en condiciones de desprotección, desde modelaje webcam hasta trabajo en calles.
Su objetivo es llevar al Congreso el debate sobre los derechos de estas trabajadoras, un tema que considera ignorado y usado políticamente solo cuando conviene. Reconoce que la política presenta desafíos, como egos y dinámicas difíciles, pero cree que el cambio solo es posible desde dentro. Con ingresos previos altos y un estilo de vida austero, afirma que el poder no la deslumbra y que su motivación es la libertad de expresión y la justicia social.
Una voz incómoda que redefine el discurso político
Amaranta no encaja en los moldes tradicionales de la política. Habla con franqueza sobre sexualidad, violencia institucional y feminismo, generando debate incluso dentro del movimiento feminista. Insiste en que la sexualidad no es solo un asunto privado, sino también un acto político, resumiendo su visión del mundo y su compromiso con transformar realidades marginadas.
