Gobierno Petro impulsa narrativa de fraude electoral ante evidente minoría política
La insistente promoción por parte del Gobierno de una narrativa que sugiere la existencia de un fraude en las próximas elecciones constituye un reconocimiento tácito y evidente de que se saben y se saben perdedores en el escenario electoral colombiano. A pesar de haber implementado medidas de populismo barrial como el aumento desproporcionado del salario mínimo, la cooptación comprobada de sectores del Congreso de la República o la reducción artificial en el precio de la gasolina, el oficialismo sigue siendo una expresión minoritaria dentro del legislativo.
Resultados electorales revelan una minoría incontestable
Con apenas 4,4 millones de votos obtenidos en las elecciones legislativas, lo que representa únicamente el 21% del total de votos válidos y un escaso 10% del censo electoral nacional, queda claro que nadie pone presidente desde esta posición de debilidad numérica. Y esto ocurre cuando el doctor Iván Cepeda apenas comienza a desplegar su discurso político, como lo demostró al referirse recientemente a los paisas. La gran interrogante que surge es: ¿hasta dónde llegarán sus coincidencias estratégicas y discursivas con el presidente Gustavo Petro?
Fracaso en la campaña de desprestigio contra organismos electorales
Tras el rotundo fracaso de la campaña de desprestigio orquestada contra la Registraduría Nacional del Estado Civil y la Organización Electoral luego de los comicios legislativos -elecciones que han sido avaladas y validadas por diferentes veedores nacionales e internacionales de prestigio- asistimos ahora a la inédita y preocupante sugerencia gubernamental para que el Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) y el propio Gobierno auditen directamente a la Registraduría en las próximas elecciones presidenciales.
Esta maniobra representa un claro intento de socavar la independencia y autonomía del poder electoral colombiano, como si estuviéramos presenciando prácticas propias de la Venezuela de Nicolás Maduro. El Gobierno nacional no ha guardado la neutralidad institucional que debería caracterizar su rol y, por el contrario, se ha convertido en un actor activo y promotor directo de la campaña presidencial oficialista.
Increíble oferta gubernamental para contar votos
Resulta realmente increíble que ahora el Ejecutivo se ofrezca abiertamente para ayudar a contar los votos utilizando como argumento una descabellada teoría sobre una supuesta infiltración a la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN). Debe ser extremadamente difícil para un Gobierno caracterizado por ser vociferante, locuaz, pendenciero y con claros tintes autoritarios observar con impotencia cómo su periodo se termina cumpliendo una ineludible cita con las reglas básicas de las democracias contemporáneas.
Y no se trata simplemente de recibir reciprocidad por los callos que habitualmente los gobiernos pisotean durante su mandato. Pese a su notable capacidad para controlar la agenda pública y mediática, este Gobierno deja tras de sí rastros y dolientes completamente inocultables para la ciudadanía colombiana.
Problemas estructurales y crisis de gestión
Entre las evidencias más contundentes de esta realidad se encuentran:
- Sus graves problemas con la justicia y los de sus más destacados alfiles políticos
- El desastre humanitario y los dolientes del sistema de salud colombiano
- El desastre de gestión económica que se puede constatar en el crecimiento desbordado de la deuda pública y el déficit fiscal
- El desastre operativo en Ecopetrol del que incluso la Unión Sindical Obrera (USO) ahora manifiesta arrepentimiento
- Una larga lista de etcéteras que configuran un panorama complejo
Jugada desesperada en elecciones presidenciales
Al fracasar estrepitosamente en las elecciones de Congreso, en las presidenciales el oficialismo se juega literalmente sus restos políticos con narrativas como la del fraude electoral. De todos los controles y procesos inherentes a la democracia, uno de los más temidos por los gobiernos de corte autoritario es precisamente la alternancia en el poder. La evaluación ciudadana que restablece balances y controles institucionales.
El problema mayúsculo para el presidente Gustavo Petro -aunque en sus huestes nadie quiera reconocerlo abiertamente- consiste en que, como están las cosas actualmente y a la luz de los resultados electorales recientes, la derrota de su candidato presidencial -quien curiosamente poco habla en público y no participa en debates- resulta prácticamente inevitable.
Realidad electoral contundente
Contrario a lo que afirma categóricamente el ministro o jefe de debate Alfonso Prada Benedetti, el oficialismo perdió las elecciones legislativas y en Colombia tenemos sistema de doble vuelta presidencial. Su candidato perdería en ese escenario. ¿Mayor radicalización con el recurso de mingas y protestas sociales? No parece un momento propicio para ello, como señaló sagazmente otro elector arrepentido de Petro, el exministro de Hacienda Rudolf Hommes, al afirmar contundentemente: "Es curioso que cuando Cuba está a punto de reventar, la izquierda en Colombia esté pensando en crear aquí otro escenario igual".
Consecuencias peligrosas de la narrativa fraudulenta
Así que el recurso de denunciar sistemáticamente un supuesto fraude electoral, como lo hizo entre otros el expresidente Jair Bolsonaro en Brasil, no es para nada inocuo y tiene consecuencias profundamente peligrosas para la estabilidad institucional. No se trata de fraude alguno, señor presidente: la realidad cruda es que sus electores siguen siendo una minoría política en Colombia. Y en democracia deciden las mayorías, aunque las amenacen constantemente con asambleas constituyentes y reformas institucionales.



