Los cuatro factores ocultos que realmente mueven al votante colombiano más allá de las encuestas
Factores ocultos que mueven al votante colombiano más allá de encuestas

Todo lo previsible efectivamente ocurrió. Frente a la evidente escasez de espacios masivos mediados, las percepciones y emociones ciudadanas en esta etapa previa a la primera vuelta electoral quedaron predominantemente en manos de las encuestas, muchas de ellas profundamente polémicas y controvertidas; de redes sociales viciadas por desinformación y efectismo barato; de narrativas periodísticas que en ocasiones mostraron sesgos imperdonables; y de la plaza pública, con relatos que no siempre estuvieron disponibles para quienes no asistieron físicamente.

Una campaña con déficit informativo para el ciudadano

En otras palabras, nos encontramos ante una campaña claramente deficitaria desde la perspectiva ciudadana, especialmente para ese significativo 40% de indecisos que tienen pocas herramientas confiables de dónde echar mano. Esta situación se agrava ante la oleada frenética de pretendidos "influenciadores" que creen poder inducir el voto ajeno mediante retórica desgastada y argumentos superficiales.

Los cuatro elementos subyacentes que realmente importan

Sin embargo, por debajo de esta superficie mediática bullente, subyacen otros elementos poderosos en el comportamiento del votante colombiano, poco trabajados en el discurso público pero con enorme incidencia real:

  1. La perspectiva de futuro asociada a la esperanza: Este factor crucial motiva a los ciudadanos a cambiar lo que no funcionó, reforzar lo que no estuvo mal pero pudo ser mejor, o incluso preferir lo conocido frente a la incertidumbre de lo bueno por conocer. Es la búsqueda de horizontes mejores que impulsa decisiones electorales.
  2. La gratitud o sentimiento de deuda: Muchos votantes responden a favores recibidos, prebendas otorgadas, beneficios concretos o resultados tangibles que han experimentado personalmente o en sus comunidades. Este elemento de reciprocidad política tiene un peso considerable.
  3. La rabia, genuina o insuflada: Este sentimiento, no siempre abiertamente confesado, moviliza a sectores importantes del electorado, incluso cuando las experiencias recientes evidencian su incongruencia con resultados prácticos. Es una emoción política poderosa.
  4. El reconocimiento e identificación: Parafraseando a Martín Barbero en sus análisis sobre televisión y comunicación, este factor implica la identificación hasta el punto de la legitimación de causas sociales o políticas, de sus protagonistas, la emergencia de nuevos actores, de culturas populares (nuevas o viejas pero invisibilizadas), saberes cotidianos, resistencias y movilizaciones que ciudadanos comunes transforman en referentes políticos y personales porque finalmente se sienten representados y pertenecientes a "algo" que los convoca y conecta, que los hace sentirse útiles para una meta alcanzable.

Comprender más allá de las maquinarias políticas

Entender estos comportamientos complejos, que van mucho más allá de las tradicionales maquinarias políticas, tejas y tamales, no solo ayuda a interpretar las recientes encuestas con mayor profundidad, sino también a diseñar una campaña presidencial más respetuosa con la inteligencia ciudadana que se avecina en el largo plazo.

La conclusión es clara: no todo en política es espectáculo o pura persuasión superficial. Existen dinámicas psicológicas y sociales profundas que, cuando se comprenden adecuadamente, ofrecen una visión más rica y precisa del comportamiento electoral colombiano. El desafío para analistas, medios y actores políticos está en aprender a leer estas señales más sutiles pero determinantes.