Bayly reflexiona sobre las elecciones peruanas y anuncia su abstención por primera vez
Bayly no votará en elecciones peruanas y critica a candidatos

Un escritor peruano anuncia su abstención en las elecciones presidenciales

En los próximos días, los ciudadanos peruanos se enfrentarán a una crucial decisión electoral, donde deberán elegir a un presidente o definir los dos candidatos que competirán en una segunda vuelta. Desde la distancia, el reconocido escritor y periodista Jaime Bayly ha tomado una decisión personal que marca un hito en su vida: por primera vez, a sus sesenta años, ha resuelto abstenerse de votar tanto en la primera como en la segunda vuelta.

Bayly, quien reside fuera de Perú desde hace mucho tiempo, expresa su desencanto hacia la política y su deseo de preservar una independencia saludable. Critica la obligatoriedad del voto en su país natal, donde los ciudadanos enfrentan multas si deciden no ejercer su derecho al sufragio. Según él, nadie debería ser castigado por inhibirse de votar, especialmente cuando los políticos en quienes ha depositado su confianza, tanto de derecha como de izquierda, lo han decepcionado una y otra vez.

Un almuerzo familiar revela divisiones políticas

En una reciente visita a Lima, Bayly compartió un almuerzo con su madre y sus suegros, donde cometió el error de preguntarles por sus preferencias electorales. Sin vacilar, los tres declararon que votarán por el candidato de derechas religiosas, afiliado al Opus Dei, un hombre descrito como calvo, ventrudo y de lenguaje soez. Bayly no comparte esta elección, desconfiando de cualquier político que, como este candidato, opte por el celibato y reprima el deseo humano.

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Reflexiona sobre su propia juventud, cuando a los 19 años enfrentó miedos similares relacionados con el deseo erótico, pero en lugar de unirse al Opus Dei, consideró opciones autodestructivas. Su madre, militante en esa cofradía, y sus suegros justifican su voto argumentando que el candidato es inteligente y ha acumulado riqueza, algo que Bayly cuestiona profundamente.

La candidata de derechas populares y su legado familiar

Bayly también aborda la candidatura de la hija de un exdictador, quien lidera las encuestas a una semana de los comicios. Confiesa haber votado por ella en las tres últimas elecciones presidenciales, aunque sus papeletas resultaron inútiles al perder ella en todas las ocasiones. La recuerda como una novia antigua, cuyo cariño se ha erosionado con el tiempo, sin guardarle rencores.

Destaca que, a diferencia del candidato del Opus Dei, esta candidata ha enfrentado numerosas adversidades personales, incluyendo traiciones familiares y encarcelamientos. Sin embargo, Bayly teme que si es elegida, sería un triunfo póstumo para su padre, el exdictador, algo que considera inapropiado ya que ningún autócrata merece ser recordado con nostalgia.

Otros candidatos y sorpresas electorales

Entre los posibles contendientes, Bayly menciona a un talentoso comediante, a quien considera su amigo y admira por su habilidad para hacer reír al público. Argumenta que ser un buen humorista requiere más inteligencia y destreza que ser un político, y aunque algunos critican su falta de experiencia, Bayly lo ve como una figura fresca y seductora.

En la izquierda, identifica a tres candidatos con potencial para llegar al balotaje:

  • Un comunista aliado con golpistas, apoyado por los sectores más pobres.
  • Un economista y profesor universitario, acusado por sus enemigos de actividades ilícitas.
  • Un exministro de cultura, descrito como un político de izquierda democrática y moderna, que le resulta más estimable por su estilo de vida relajado.

Reflexiones finales desde la distancia

Aunque Bayly no votará, expresa simpatía por la candidatura de un amigo periodista y por el nieto de un expresidente, quienes, según las encuestas, no llegarán al balotaje pero han ganado respeto en la campaña. Lamenta no haber podido entrevistar a los candidatos en televisión, ya que ningún canal aceptó su oferta, posiblemente debido a su reputación de excéntrico.

Desde Río Grande, Puerto Rico, donde escribe estas líneas, Bayly contempla el mar y reflexiona sobre la transitoriedad de la vida política. Concluye que los políticos son como fiebres pasajeras, mientras que la majestuosidad del mar y la belleza del arte perduran eternamente, ofreciendo un contraste poético a la agitación electoral.

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