La libertad no es eterna: lecciones desde Italia
La libertad no es eterna: lecciones desde Italia

No debemos dar la libertad por sentada. No es una condición adquirida para siempre. Al contrario, es un bien que podemos perder rápidamente. Tampoco es un estado perfecto, sino un camino evolutivo. Hay quienes gozan de más libertad que otros, y no me refiero solo a la libertad económica, sino sobre todo a las condiciones que permiten el pleno desarrollo del potencial humano de cada miembro de la sociedad.

La Fiesta de la Liberación en Italia

En Italia, hace unos días se celebró la Fiesta de la Liberación. Desde 1946, cada 25 de abril se conmemora el fin del fascismo y el surgimiento de la libertad. Es una fiesta que recuerda cómo, gracias al sacrificio de muchos que se rebelaron contra el fascismo de Mussolini, se pasó de la noche al amanecer. Ese mismo año, las mujeres pudieron finalmente ir a las urnas y votar, reconociéndose así su aporte a la resistencia.

Historia familiar: el legado de un partisanos

Para mí y mi familia, esta fecha es también la celebración de la memoria de mi abuelo, Hubert Saurwein, quien en los valles del Tirol, en Austria, organizó y lideró el movimiento partisano. La noche del 30 de abril, en una pequeña iglesia, organizó la reunión clandestina decisiva para liberar el valle de Oetz. El primero de mayo comenzó la rendición de las tropas nazis de las SS. Cuando llegaron las fuerzas aliadas, Oetz ya estaba liberado. En una habitación de hotel, mi abuelo entregó a los aliados al general de las SS. Después de muchos sacrificios, la libertad fue restaurada.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

La libertad como proceso perpetuo

La historia de mi abuelo me recuerda que no hay que dar por sentada la libertad. No es un estado permanente ni de perfección. Hay muchos espacios donde la libertad es restringida, mutilada, humillada. Hoy en día, la libertad se interpreta con frecuencia de forma parcial: la libertad de unos se promueve a expensas de otros, y la condición de mi libertad es la cancelación del otro. Esto, en realidad, no es libertad, sino otro nombre del fascismo.

Pluralismo y alteridad

No hay libertad donde se niega el pluralismo. Tampoco la hay cuando se definen la identidad, la nación, la cultura o la religión en términos excluyentes, negando la relación y la posibilidad de integración con el otro. La libertad es necesariamente reconocimiento, apreciación y relación con la alteridad. Cuando hay verdadera libertad, la presencia del otro no se percibe como una amenaza ni como un obstáculo. Por el contrario, la alteridad es constitutiva de la libertad.

Brotes de fascismo

Por eso, cuando el otro solo se define como enemigo, peligro o anomalía, y cuando la libertad se concibe como la ausencia del otro, estamos ante brotes de fascismo. La verdadera libertad se alimenta del pluralismo y no promueve el pensamiento único. Por lo tanto, la promoción de la libertad es necesariamente un proceso perpetuo, un devenir perpetuo.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar