Nueva denuncia de acoso sexual en medios colombianos: Erika Fontalvo rompe el silencio
En medio del escándalo que sacude al periodismo colombiano por las acusaciones de acoso sexual contra Ricardo Orrego y Jorge Alfredo Vargas, exintegrantes de Noticias Caracol, surge un nuevo testimonio contundente. Erika Fontalvo, reconocida periodista barranquillera y directora de El Heraldo, ha publicado una columna editorial donde no solo analiza la situación, sino que revela su propia experiencia como víctima de acoso en sus primeros años de carrera.
Un llamado urgente a transformar las dinámicas de poder
La columna de Fontalvo representa una de las reacciones más fuertes frente a las recientes denuncias que han generado una ola de testimonios en el sector periodístico. La directora argumenta que estos casos no son hechos aislados, sino la evidencia palpable de una "crisis estructural" que durante décadas se evitó enfrentar en las redacciones colombianas.
Fontalvo describe un entorno laboral donde el acoso sexual ha sido normalizado, manifestándose a través de:
- Comentarios de connotación sexual recurrentes
- Tocamientos indebidos en espacios de trabajo
- Relaciones jerárquicas rígidas que favorecen el abuso
- Una cultura organizacional que históricamente prefirió el silencio
Testimonio personal: "Como me pasó a mí"
El momento más impactante de la columna ocurre cuando Fontalvo comparte su experiencia personal. La periodista recuerda específicamente situaciones incómodas durante sus primeros años profesionales:
"Que ninguna periodista tenga que soportar tocamientos indebidos o frases de connotación sexual cada vez que grabe titulares en una estrecha y oscura cabina para los noticieros del mediodía, como me pasó a mí", escribió con claridad contundente.
Este testimonio personal pone rostro humano a una problemática que durante años permaneció invisibilizada dentro de los medios de comunicación, afectando especialmente a mujeres jóvenes, practicantes o en posiciones subordinadas.
Crítica a la respuesta social y avances institucionales
Fontalvo cuestiona severamente cómo la sociedad ha respondido históricamente a estas denuncias. Según su análisis, se exige a las víctimas precisión absoluta, coherencia total y explicaciones sobre por qué no denunciaron antes, mientras que a los agresores se les concede mayor beneficio de la duda.
La periodista insiste en que creer en las víctimas no implica renunciar al debido proceso, sino reconocer que el silencio frecuentemente representa una estrategia de supervivencia en contextos donde denunciar puede implicar:
- Riesgos laborales inmediatos
- Daños reputacionales duraderos
- Consecuencias emocionales profundas
Sin embargo, Fontalvo también valora los avances institucionales recientes, destacando especialmente:
- La decisión de la Fiscalía de abrir investigaciones sobre estos casos
- La habilitación de canales específicos para recibir denuncias en medios de comunicación
- El manejo de procesos similares en el sector público
Llamado al equilibrio y autorreflexión del periodismo
La directora de El Heraldo hace un llamado a mantener el equilibrio incluso en medio de la indignación generalizada. Advierte claramente que la responsabilidad es individual y que las familias de los señalados no deben convertirse en objeto de ataques o linchamientos digitales en redes sociales.
"La justicia no puede convertirse en espectáculo", plantea Fontalvo, estableciendo un límite ético importante en el tratamiento mediático de estos casos.
Finalmente, la editorial plantea un reto fundamental para el periodismo colombiano: la necesidad de mirarse a sí mismo con la misma exigencia que aplica a otros sectores. Fontalvo sostiene que los medios deben revisar sus propias prácticas internas, implementando:
- Enfoques de género en todas las áreas de trabajo
- Políticas de tolerancia cero frente a cualquier forma de violencia
- Mecanismos transparentes para recibir y procesar denuncias
El mensaje final de Fontalvo es claro y contundente: la credibilidad del periodismo colombiano está en juego, y el punto de partida para recuperarla es romper definitivamente el silencio que ha permitido que estas situaciones se repitan durante décadas. Solo así se podrá garantizar que ninguna periodista vuelva a enfrentar situaciones de acoso en su lugar de trabajo.



