La máquina de matar que opera en Colombia durante cada ciclo electoral
Máquina de matar en elecciones colombianas

La violencia política que atraviesa a Colombia no es un fenómeno aislado ni espontáneo. Cada ciclo electoral reactiva una maquinaria que opera desde hace décadas: una máquina de matar que articula actores armados, economías ilegales, redes locales de poder e impunidad estructural. Aunque Colombia no tiene todavía una milicia estatal, en vastas regiones los grupos armados ilegales —disidencias de las Farc, Eln, estructuras posparamilitares y bandas criminales— cumplen funciones equivalentes: presionan campañas, restringen la participación y deciden quién puede competir, y por quién votar. La violencia y el asesinato no son accidentes; son un método bien refinado. Un mecanismo diseñado para moldear el poder.

Cifras que alarman

Las cifras recientes lo evidencian. La Misión de Observación Electoral (MOE) registró 472 ataques a líderes en 2024 y 874 en 2025. Según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), en 2024 se cometieron 173 homicidios de líderes políticos, sociales o comunitarios; en 2025 fueron 187 y, en lo corrido de 2026, ya son 62. La tendencia es inequívoca: menos amenazas, más asesinatos. La máquina aprende, se perfecciona y afina, y mata sin avisar.

Casos recientes

Hace un año, esa máquina efectiva y eficiente cobró la vida del joven político Miguel Uribe Turbay, promisorio candidato presidencial del Centro Democrático. El 24 de octubre, en Saravena (Arauca), atacó a la comitiva de Juan Carlos Santamaría, líder de la campaña de Abelardo De la Espriella; dos de sus escoltas resultaron heridos. El pasado sábado 16, en el Meta, fueron asesinados Rogers Mauricio Devia y Fabián Cardona, promotores de dicha campaña.

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Los comunicadores sociales también resultan víctimas. El 5 de mayo, la máquina volvió a actuar: Mateo Pérez Rueda, director de El Confidente de Yarumal, fue asesinado mientras ejercía su labor periodística. Según El Nuevo Siglo, citando a la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), ya son ocho los periodistas asesinados durante el mandato del presidente Petro.

Impunidad como combustible

La impunidad es el combustible que mantiene viva y aceitada dicha maquinaria, pero sus motores más potentes son la corrupción, el narcotráfico y la minería ilegal. Organizaciones de derechos humanos coinciden en que más del 90 % de los atentados contra líderes políticos quedan sin esclarecer, tanto en su autoría material como intelectual. Cuando la violencia se normaliza como herramienta política, la democracia se convierte en rehén de quienes controlan las armas.

La historia es contundente: ninguna democracia es invulnerable cuando la violencia se vuelve método. Colombia aún está a tiempo de desactivar esta máquina de matar, pero solo si reconocemos su existencia y con firmeza trancamos sus engranajes decidiendo bien en las próximas elecciones.

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