El debate sobre el 'Cepedanomics' en tiempos de crisis fiscal
En medio de un escenario fiscal extremadamente complejo para Colombia, caracterizado por niveles históricos de déficit y deuda pública, surge el análisis del modelo económico propuesto por el precandidato presidencial Iván Cepeda. La discusión adquiere especial relevancia considerando que una posible victoria electoral de Cepeda implicaría la implementación de sus propuestas económicas, las cuales requieren un examen detallado ante las actuales circunstancias del país.
Las banderas económicas y sus vacíos estratégicos
Es importante reconocer que dentro del discurso económico de Cepeda predominan temas como la reducción de la desigualdad, la implementación de una revolución agraria integral y el fortalecimiento de la seguridad alimentaria como ejes centrales del desarrollo productivo. Además, propone una redistribución del ingreso como mecanismo para superar la pobreza estructural que afecta a amplios sectores de la población colombiana.
Sin embargo, donde el modelo evidencia debilidades significativas es en la concreción de estrategias operativas. Las propuestas tienden a quedarse en planteamientos generales o, en el mejor de los casos, en caminos ya conocidos que incluyen mayor progresividad fiscal, incremento de recursos para inversión social, adquisición de tierras para reforma agraria y fortalecimiento de transferencias monetarias condicionadas.
El riesgo de la estatización como eje central
El aspecto más preocupante del 'Cepedanomics' radica en su énfasis en la estatización de sectores estratégicos. Durante un encuentro con representantes gremiales, Cepeda afirmó categóricamente que "las líneas estratégicas del desarrollo económico de la nación deberían ser manejadas por el Estado", planteamiento que genera alerta entre analistas económicos.
Retornar a modelos de intervención estatal masiva significaría revivir experiencias del pasado colombiano donde servicios esenciales como:
- Atención en salud pública
- Operación portuaria
- Servicios públicos domiciliarios
- Telecomunicaciones básicas
- Banca de desarrollo
se caracterizaron por su mala calidad, ineficiencia operativa, altos costos, burocratización excesiva y politización. Diversos estudios académicos nacionales documentan que estos modelos generaron sobrecostos promedio del 40%, incrementaron exponencialmente los riesgos de corrupción, comprometieron la sostenibilidad fiscal y deterioraron la calidad del servicio al ciudadano.
La imposible ecuación financiera
El desafío más inmediato que plantea este modelo estatizante es su financiamiento en un contexto fiscal adverso. Colombia enfrenta actualmente niveles récord en su déficit fiscal y deuda pública, por lo que aumentar el gasto estatal sin una estrategia clara de sostenibilidad carece de racionalidad económica.
Algunos podrían argumentar que la solución radica en incrementar la carga impositiva, pero esta opción presenta serias limitaciones. En los últimos tres años, Colombia ha aumentado la presión fiscal combinada (personas y empresas) en aproximadamente 20 puntos porcentuales, lo que ya ha generado consecuencias negativas como:
- Salida significativa de capitales extranjeros
- Reducción de la inversión como porcentaje del PIB
- Alcance del peor indicador de inversión en dos décadas
Este escenario limita severamente el margen de maniobra fiscal para financiar expansiones estatales adicionales.
Complejidades regulatorias y amenazas institucionales
El modelo estatizante probablemente vendría acompañado de mayores cargas regulatorias y controles de precios extendidos, siguiendo la tendencia observada en actuaciones recientes de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC). Esto se traduciría en más obstáculos administrativos, trámites burocráticos y normas complejas que afectarían tanto a empresarios como a ciudadanos comunes.
Adicionalmente, el apoyo explícito de Cepeda a una asamblea constituyente con capítulo económico específico genera preocupación sobre posibles cambios estructurales que podrían incluir:
- Incremento de la informalidad laboral y empresarial
- Pérdida de autonomía del Banco de la República
- Subordinación de la política monetaria a objetivos fiscales
- Restricciones al sector minero-energético
Estos elementos, particularmente el ataque al sector minero que representa una fuente crucial de ingresos públicos y crecimiento económico, podrían agravar la situación fiscal y reducir las perspectivas de desarrollo.
Buscando alternativas sensatas
Frente a este panorama, surge la necesidad de modelos económicos alternativos que eviten los riesgos de más impuestos, mayor inflación, derroche público, reducción empresarial, menor empleo formal e incremento de la informalidad. La esperanza de muchos analistas radica en que otros precandidatos presenten propuestas más equilibradas que combinen:
- Fortalecimiento del sector productivo privado
- Reducción de cargas regulatorias innecesarias
- Mantenimiento de la disciplina macroeconómica
- Protección social efectiva para poblaciones vulnerables
El desafío para cualquier modelo económico futuro será generar una narrativa sensata que reconcilie el necesario crecimiento económico con la imperativa justicia social, sin comprometer la estabilidad macroeconómica que tanto ha costado construir.