Petro y Cepeda: la derrota que no aceptan y el riesgo para Colombia
Petro y Cepeda: la derrota que no aceptan

“Todo el mundo tiene un plan hasta que te dan un puñetazo en la boca”, dijo Mike Tyson. Dos candidatos contra uno: la primera vuelta presidencial tuvo más apariencia de segunda que de primera, dadas las reacciones de los actores políticos. Petro siendo Petro y Cepeda siendo Cepeda son realidades que el país conoce desde siempre; los colombianos los vieron tal como han sido, son y serán. Se trata de dos hombres atormentados frente a uno feliz.

La pregunta de fondo: ¿entregará Gustavo Petro el poder si su candidato pierde?

Claramente, no. La primera reacción del presidente fue desconocer el resultado de las elecciones, respaldado por su candidato. Siempre quedan fotografías: con Mockus y Claudia López, cuyo péndulo siempre se inclina hacia la izquierda, sosteniendo una placa de mármol en un acto simbólico. Pero solo son eso: avisos. Promesas de no convocar a una constituyente, de resolver los problemas de salud que ellos mismos causaron, de combatir la corrupción que los enriqueció y con la que compraron congresistas; de solucionar la delincuencia, la misma que sacaron de las cárceles y a la que pavimentaron corredores en cada rincón del país; la crisis de deuda provocada por el ministro Che y su “yes man”, el director de Crédito Público, con su tristemente célebre frase: “fallé en mi pronóstico”. No hay nada positivo en este gobierno ni en su candidato Cepeda, absolutamente nada. Ellos, con sus máscaras de políticos, son en realidad lo que vimos al minuto siguiente de perder las elecciones.

El dilema del prisionero

Cómo manejar una derrota para la cual no estaban preparados sugiere que tampoco lo estuvieron para gobernar, como en estos dolorosos años con Petro. Nunca tuvo un plan A, ni B, ni Z. Su imagen, su culto a la personalidad por encima de todo un país, y ahora el de su candidato Cepeda, al mejor estilo de Lenin, Stalin y Mao. Y siempre, desde el minuto uno, su marca de agua: culpar a los demás. Es como aquel adicto que, a punto de ser internado, promete a su familia que una vez más dejará de consumir.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

El rechazo a la institucionalidad

El grupo que lidera el presidente y su candidato Cepeda alejó para siempre a la mayoría porque dijeron: no acepto la institucionalidad a pesar de que por ella estoy en el poder; a la prensa que con valentía ha señalado sus excesos; al Banco de la República, al que han maltratado con su narrativa irresponsable, machista y homofóbica; al Consejo de Estado, que Cepeda quiere acabar, pues no le gustan sus controles para implementar un Estado comunista. Como en el famoso cuento, afortunadamente, ¡aún hay jueces en Berlín!

Gasolina al fuego

Por si fuera poco, dos jueces de la República dan órdenes de carácter prohibitivo al candidato Abelardo de la Espriella. No solo se metieron en su cuarto y en su clóset, sino en el de millones de colombianos, ordenando qué ponernos y en qué situaciones. Y otro magistrado le prohibió usar sus lemas de campaña, algo totalmente inoficioso.

Colombia rota y dividida

Colombia está rota, dividida como nunca por el resentimiento que sembraron y cosecharon rápidamente desde la izquierda. Colombia, como caldo de cultivo perfecto para el populismo: nos habíamos demorado en caer y fue gracias a la guerrilla que deslegitimó a la extrema izquierda, pero hoy, con esta narrativa, los consideran no solo “héroes”; los quieren como reemplazo de las Fuerzas Militares centenarias, constitucionales y legales.

Los colombianos deciden, pero piensen que de su voto depende que millones de colombianos, miles de familias, se vayan para siempre de este país con sus bienes y empresas y solo queden recuerdos en las fotos de lo que fue. Pues, como el otro dicho: la primera vez que le pusieron los cachos fue culpa de la pareja; la segunda fue culpa suya.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar