España y el Vaticano: una alianza humanista frente al duopolio digital global
España y Vaticano: alianza humanista contra tecnoligarcas

Desde los tiempos de Isabel la Católica, España ha sido un aliado épico del Vaticano. Ahora, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha lanzado duras críticas contra los magnates de la tecnología, a los que denomina “tecnoligarcas” o “tecnocasta”. Bajo su liderazgo, España impulsó la Carta sobre Derechos Digitales, que fue adoptada por la Comunidad Europea y presentada ante la Secretaría General Iberoamericana (Segib).

Liderazgo digital europeo

España ha presionado a Europa en materia digital, y no sin razones, aunque no todas legítimas. Lo cierto es que, desde hace quince años, la mejor política de conectividad e infraestructura digital en Europa es la española. El primer jefe de gobierno que visitó el Vaticano tras la publicación de la encíclica Magnifica Humanitas fue Pedro Sánchez, quien además invitó al papa a España. Ambos mostraron reflejos políticos extraordinarios.

Una declaración de guerra cultural

La afinidad entre Sánchez y el papa León XIV va más allá de la diplomacia tradicional. Estamos ante una declaración de guerra cultural y regulatoria contra el orden tecnológico global. Al proponer un “desarme ético” de la inteligencia artificial (IA) y un frente común basado en el humanismo, España y el Vaticano plantean una tercera vía: la moral. Sin embargo, esta postura choca con la realidad de la geopolítica digital, dominada por un duopolio formado por Estados Unidos y China.

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El duopolio digital: EE.UU. y China

El modelo estadounidense está impulsado por un capitalismo protestante y libertario, donde las corporaciones de Silicon Valley priorizan la innovación y su globalización con mínima regulación. Por su parte, China se apoya en un capitalismo de Estado centralizado y una estructura filosófica confucianista, donde la infraestructura digital sirve como instrumento de vigilancia, control social, competitividad y soberanía tecnológica.

El dilema del humanismo hispano-vaticano

El dilema es urgente: ¿tiene el humanismo hispano-vaticano la fuerza moral, el peso de mercado y la capacidad tecnológica necesarios para condicionar las reglas del juego global? ¿O está condenado a convertirse en una declaración cultural irrelevante de principios frente a dos superpotencias que miden el éxito en patentes, semiconductores, redes de telecomunicaciones y poder de cómputo?

Encuentros que consolidan un eje ético

Los encuentros entre el papa León XIV y Pedro Sánchez, en mayo y durante la reciente visita del pontífice a Madrid, han consolidado un eje de pensamiento ético centrado en el impacto de la revolución tecnológica, bajo la óptica eurocatólica: una “alianza humanista” de vocación hispana. La agenda común comienza con el repudio al “tecnofascismo”. La tecnología debe estar al servicio de la persona, y no al revés. Se oponen a los algoritmos que alimentan la polarización y destruyen los lazos sociales, la democracia y la memoria histórica. Quieren regular la IA y proteger los derechos de los ciudadanos en entornos virtuales. La sintonía con el Vaticano es total: es la evolución de una relación épico-histórica que entrelaza la tradición con la agenda digital actual.

¿Puede esta cruzada frenar a los titanes digitales?

¿Puede el pragmatismo de Sánchez, el papa y su humanismo católico eurocentrista frenar a los titanes digitales y del silicio, tanto protestantes como confucianistas? Hay 1.400 millones de católicos y 645 millones de hispanohablantes. Me adelanto: no lo creo. Pero ya hay una cruzada, y es digital.

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