Colombia es el tercer país más desigual del mundo, solo superado por naciones africanas
Colombia, tercer país más desigual del mundo, según Banco Mundial

En el mundo, solo tres países presentan mayor desigualdad que Colombia, todos ubicados en África. Así lo revelan las estimaciones más recientes del índice de Gini del Banco Mundial. Si se consideran únicamente las mediciones de 2022, Colombia ocupa el primer lugar con un Gini de 54,8, seguido de Sudáfrica (54,1), Brasil (51,9) y Namibia (51,5).

Pobreza y desigualdad estructural

Según el Banco Mundial, Colombia se sitúa en una posición intermedia en pobreza global, pero enfrenta problemas estructurales graves al evaluar la pobreza en relación con su producto interno. Esto demuestra que el capitalismo por sí solo no puede combatir la pobreza, a pesar de generar altos niveles de riqueza.

No considerar la justicia social ni mecanismos para mejorar la distribución de la riqueza implica omitir un principio ético fundamental: preocuparse por la vida y el bienestar de todos los individuos. Una sociedad libre y éticamente eficaz debe reflexionar sobre sus problemas y buscar soluciones. De lo contrario, solo queda el camino de la tiranía fascista y la ruina, como lo muestra la historia.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

Colombia: violencia y desigualdad

La espiral de violencia en Colombia se alimenta de la pobreza y la desigualdad históricas. El camino de la seguridad, el nacionalismo y la defensa de valores religiosos y morales de las clases dominantes, sin justicia e inclusión social, degenera en violación de derechos humanos y supresión de libertades. Ejemplos históricos incluyen la Alemania de Hitler, la España de Franco, la Colombia de Laureano Gómez y el Chile de Pinochet.

Avances recientes en Colombia

Colombia ha seguido la senda correcta en los últimos cuatro años. En 2025, la pobreza multidimensional alcanzó el nivel más bajo de la historia (9,9%), y en 2024, la pobreza monetaria también fue la más baja (31,8%). Estos resultados no son casualidad: la pobreza no se supera si no se enfrenta, y no fue obra de la mano invisible del mercado.

Sin embargo, un fantasma recorre Latinoamérica: el fascismo impulsado por Donald Trump. El intento de Estados Unidos por mantener sus zonas de influencia ha establecido pseudorregímenes fascistas que reproducen los problemas sociales para perpetuarse: la violencia como seguridad, la pobreza para negar libertad a los excluidos, y la desigualdad para asegurar el poder de la clase dominante. Cuando se habla de libertad, en realidad se refiere a la libertad para explotar, no para vivir. Ejemplo de ello es el fracking.

Civilización y reconocimiento del otro

La calidad de una civilización no se mide por el poder de sus medios, sino por su capacidad de reconocer al otro como un rostro, no como una función. Esta frase de la primera encíclica del papa León XIV invita a estar del lado de los pobres. Cuando la pobreza disminuye, se salvan vidas, y ese debe ser el fin de un Estado legítimo. Pensar un país como una empresa basada en el odio a la diferencia y con activos explotables, incluyendo población y medioambiente, conduce al desastre.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar