Cuatro años de transformación en la Universidad de Cartagena bajo el liderazgo de William Malkún
El rector William Malkún ha marcado un período de logros significativos durante su gestión al frente de la Universidad de Cartagena, consolidando una trayectoria que merece reconocimiento por sus resultados concretos y su impacto institucional.
Renovación de la acreditación y posicionamiento internacional
Bajo la dirección de Malkún, la Universidad de Cartagena obtuvo la renovación de su Acreditación Institucional en Alta Calidad hasta el año 2030, un hito que representa años de esfuerzo académico, administrativo y colectivo. Este reconocimiento oficial valida la calidad educativa de la institución y su compromiso con la excelencia.
La universidad ha logrado además un posicionamiento destacado en rankings internacionales de prestigio. En el Times Higher Education, aparece actualmente en el puesto 1.501 a nivel global y se sitúa entre las primeras 800 instituciones en el área de Medicina y Salud, con un desempeño especialmente reconocido por el impacto de sus citaciones académicas. Estos indicadores reflejan una universidad pública que investiga activamente, publica conocimiento relevante y mantiene una firme vocación humanística.
Transformación educativa y acceso democrático
Más allá de los indicadores internacionales, la gestión de Malkún ha tocado profundamente la realidad institucional. Cerca del 96% de los estudiantes accede hoy a gratuidad educativa, democratizando el acceso a la educación superior para jóvenes de diversos estratos sociales.
La universidad ha fortalecido significativamente su infraestructura educativa, ampliado los servicios de bienestar estudiantil, potenciado programas de internacionalización y extendido su oferta académica de pregrado hacia municipios como Hatillo de Loba y Barranco de Loba, llevando educación de calidad a territorios históricamente marginados.
Fortalecimiento investigativo y vinculación hospitalaria
Durante estos cuatro años, se ha registrado un incremento sustancial en el número y posicionamiento de grupos de investigación e institutos especializados, consolidando la producción científica de la institución. Paralelamente, se ha recuperado y fortalecido el vínculo estratégico con el Hospital Universitario del Caribe, un espacio esencial para la formación en salud y para el servicio público regional.
Desafíos estructurales y deuda pendiente
Pese a estos avances, persisten desafíos estructurales que limitan el potencial de la universidad. La Gobernación de Bolívar mantiene una deuda superior a los 70.000 millones de pesos con la institución, aun cuando existen acuerdos de pago que avanzan con lentitud preocupante.
Considerando que la Universidad de Cartagena atiende mayoritariamente a jóvenes de estratos populares y constituye la principal puerta de ascenso social para la región, el respaldo institucional de la Alcaldía, el Concejo, la Gobernación, la Asamblea, los congresistas, el sector privado y la ciudadanía no puede entenderse como un gesto de buena voluntad, sino como una obligación moral y política.
Oportunidades perdidas y visión de futuro
Mientras el Distrito impulsa grandes obras públicas, varias de ellas desconectadas de las necesidades más profundas de la población, los tomadores de decisiones siguen sin apostar decididamente por la universidad. Con una fracción de los recursos destinados a proyectos cuestionables, habría podido materializarse la Torre 200: un edificio de investigación de veinte pisos con aulas, laboratorios y equipos de alto nivel al servicio de estudiantes y docentes.
Una obra de esta magnitud habría transformado de manera perdurable el horizonte educativo de Cartagena, dejando una huella real en conocimiento, innovación y movilidad social. De cara al bicentenario de 2027, Malkún ha contribuido a construir una base sólida; ahora corresponde exigir que Cartagena y el Caribe estén, finalmente, a la altura de su universidad pública.



