Un homenaje cuestionado: la polémica sobre los restos de Camilo Torres en la Universidad Nacional
Como testigo directo de la época en que Camilo Torres encendía las conciencias de los jóvenes colombianos, me siento obligado a pronunciarme sobre la controvertida decisión de la Vicerrectoría de Sede de la Universidad Nacional de intervenir la capilla Cristo Maestro para albergar sus presuntos restos mortales.
La memoria viva de un líder transformador
Conocí a Camilo Torres en 1965, cuando el país vibraba con la energía del Frente Unido. Yo era un joven bachiller libraduno militante en Neiva, y recuerdo vívidamente su visita a la ciudad. Organizamos una movilización desde el aeropuerto La Manguita hasta el centro, donde sostuvo un debate público con el senador conservador Felio Andrade Manrique.
Su respuesta ante la acusación de comunismo quedó grabada en la memoria colectiva: "el problema no era discutir sobre el alma, si era mortal o inmortal, sino reconocer que el hambre, la miseria y la desigualdad sí eran mortales". Esa frase definió una generación y selló mi adhesión al movimiento que buscaba transformar Colombia desde las bases.
Poco después, en una reunión clandestina en la sede del sindicato de Oficios Varios, fui nombrado jefe de agitación y propaganda del Comando del Frente Unido en Neiva. Camilo poseía una inteligencia política extraordinaria, capaz de conectar con sectores diversos sin diluir su mensaje revolucionario.
La complejidad de un legado dividido
Camilo Torres fue cofundador del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional, docente, editor y gestor de publicaciones universitarias. Su nombre quedó ligado a la Teología de la Liberación y a contribuciones intelectuales decisivas para las ciencias sociales colombianas. Ese legado académico merece el más alto reconocimiento.
Sin embargo, no podemos olvidar que el 18 de octubre de 1965 tomó la decisión que dividiría su vida: incorporarse al ELN. Cuatro meses después, el 15 de febrero de 1966, cayó en Patio Cemento en su primer combate, intentando desarmar a un soldado caído. Tenía apenas 36 años.
Situar a Camilo en su complejidad no lo disminuye; al contrario, evita convertirlo en icono inofensivo y permite honrarlo con honestidad: su legado intelectual sigue vigente; su apuesta por la lucha armada, no.
Cuatro problemas fundamentales en la decisión universitaria
La decisión de la Vicerrectoría de Sede, anunciada en un comunicado firmado por la vicerrectora Carolina Jiménez Martín, presenta graves problemas que deben ser examinados con rigor:
- Falta de certeza científica: Al momento de escribirse este texto, la identificación de los restos no está confirmada. La UBPD (Unidad de Búsqueda) espera análisis genéticos de muestras enviadas a Estados Unidos en diciembre de 2025. El médico genetista Juan José Yunis advierte que nadie puede asegurar con certeza que el cuerpo en poder del Estado sea el de Camilo Torres sin un informe de ADN contundente y verificable.
- Violación de protocolos humanitarios: El destino de los restos de una persona desaparecida corresponde al buscador reconocido por la UBPD, en este caso el sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno. Existen cadenas de custodia, protocolos humanitarios y normas que una vicerrectoría no puede ignorar, incluso con buenas intenciones.
- Compromiso del carácter laico universitario: La capilla Cristo Maestro es un espacio histórico, pero convertirla en recinto funerario implica un acto de naturaleza religiosa que una universidad laica no debería promover institucionalmente. La neutralidad religiosa protege a la institución de apropiaciones confesionales.
- Riesgo de instrumentalización política: La secuencia de hechos no parece casual: el hallazgo anunciado inicialmente por el ELN, la propuesta de traslado a la Universidad Nacional, las obras en la capilla, grafitis alusivos al ELN en el campus y una eucaristía programada para el 15 de febrero. En un contexto de diálogos de paz inciertos, este gesto puede ser instrumentalizado por quienes aún sostienen la vía armada.
Un precedente incómodo y una advertencia necesaria
Recordemos que cuando la esposa de Orlando Fals Borda solicitó que los restos del maestro reposaran en la Universidad Nacional, la respuesta fue negativa. ¿Con qué criterio se abre ahora una excepción? ¿Cómo se evita que la institución termine convertida, por acumulación de gestos "excepcionales", en un camposanto?
La advertencia de Yunis es clara y devastadora: necesitamos doble verificación para no repetir el drama del Palacio de Justicia, cuando familias enterraron y visitaron durante años tumbas equivocadas porque el Estado entregó cuerpos mal identificados.
Incluso si se confirma la identidad, los restos pertenecen a la familia, y serán sus allegados quienes definan su destino final; no el Estado ni la universidad.
El verdadero homenaje que Camilo merece
Honrar la memoria de Camilo Torres exige reconocerlo como lo que fue: un intelectual brillante, un hombre de convicciones profundas, un fundador de instituciones académicas que transformaron el pensamiento colombiano. El homenaje más alto no es convertir una capilla en mausoleo, ni apresurar una obra mientras la ciencia no termina su trabajo.
La Universidad Nacional puede enaltecerlo desde lo académico, incentivar el debate sobre su legado intelectual y su época histórica, sin abrir un espacio que será disputado por actores del conflicto armado. La universidad es foro de debate, no campo de combate.
La Universidad Nacional es la institución de educación superior más importante del país y su misión no es ser santuario ni instrumento político de ninguna orilla. Sus directivos tienen el deber de protegerla de las presiones políticas y de urgencias que no le corresponden.
Camilo Torres merece más que un osario construido a las carreras, detrás de un plástico negro, para unos restos que quizá no sean los suyos. Merece ser recordado con seriedad, profundidad y honestidad. ¡Insistamos en lo que nos une y prescindamos de lo que nos separa!



