Crisis en Ormuz dispara precio del petróleo a más de USD 100 y golpea economía global
El panorama energético mundial ha sufrido una transformación radical en cuestión de semanas. Lo que comenzó como un episodio más de volatilidad en los mercados petroleros se ha convertido en la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado mundial del crudo, según la Agencia Internacional de Energía (IEA). El punto de inflexión: el Estrecho de Ormuz, por donde transitaban cerca de 20 millones de barriles diarios antes de la crisis, equivalente al 20% del consumo mundial.
Un cuello de botella sin precedentes
El Brent, referencia internacional del petróleo, experimentó una escalada sin precedentes: desde USD 61 en enero hasta niveles que rozaron los USD 112 en cuestión de semanas, con picos cercanos a 118 dólares. Este incremento superior al 40% en apenas un mes ha generado días de caídas bruscas -un 11% en una sola jornada- seguidos de rebotes igual de violentos. El mercado dejó de reaccionar a los discursos políticos y comenzó a seguir el movimiento de los barcos.
En el estrecho, la situación se ha vuelto crítica. El tránsito no solo se frenó, sino que se convirtió en un riesgo constante debido a minas, ataques a buques y puertos bajo presión extrema. Irán consolidó el control de facto de la zona mientras Estados Unidos e Israel escalaban sus operaciones militares. Las promesas de escolta naval no llegan a tiempo y los mensajes cruzados entre potencias agravan la incertidumbre.
"Los barcos, no las declaraciones, probablemente serán lo que finalmente importen para los mercados físicos", advirtió RBC Capital Markets en un análisis reciente. A esta situación se suma que los países del Golfo han recortado su producción en al menos 10 millones de barriles diarios, sin que las rutas alternativas existentes puedan compensar este vacío.
Impacto global inmediato
Las consecuencias ya se distribuyen por todo el planeta. Según reportes de Bloomberg, en Asia, Japón revisa toda su cadena de suministro energético. Tailandia incrementó el precio del diésel, mientras Filipinas habla abiertamente de dejar aviones en tierra por los costos insostenibles del combustible de aviación. En Chile, el alza proyectada en combustibles alcanza hasta el 54%, y en China, las refinadoras priorizan el mercado interno sobre las exportaciones.
La IEA ha sido contundente en su evaluación: este choque supera incluso la crisis petrolera de 1973, el evento que dio origen a la propia agencia internacional. El encarecimiento cayó como ficha de dominó sobre el diésel, el gas licuado y el combustible de aviación, creando una presión inflacionaria global.
Medidas de emergencia propuestas
Frente a esta situación crítica, la Agencia Internacional de Energía propone una lista de medidas que, en otro contexto, habrían parecido extremas pero que hoy suenan pragmáticas y necesarias:
- Trabajar desde casa tres días a la semana podría recortar entre 2% y 6% el consumo nacional de combustible en automóviles
- Reducir los límites de velocidad en carretera en 10 kilómetros por hora implicaría otro recorte de hasta 10% por conductor
- Disminuir en 40% los viajes de negocios, reemplazándolos por reuniones virtuales, podría bajar la demanda de combustible de aviación entre 7% y 15%
La agencia también recomienda transporte público más barato o gratuito, restricciones de circulación por placas, compartir el carro, ajustar el aire acondicionado y revisar la presión de las llantas. Incluso sugiere desplazar parte del consumo de gas licuado hacia soluciones eléctricas donde sea posible, especialmente para cocinar.
"El ajuste está del lado del consumo", afirma el informe de la IEA, aunque advierte que "incluso si se aplicaran todas las medidas, no reemplazarían el suministro interrumpido por el conflicto". El sistema energético mundial simplemente no tiene capacidad para suplir ese vacío en el corto plazo.
Impacto directo en Colombia
Colombia observa este escenario desde una posición particularmente vulnerable. Aunque el país exportó más de USD 12.400 millones de petróleo en 2025, depende críticamente de importaciones para sostener su consumo interno. Según los gremios ACP y Naturgas, entre 35% y 40% de la gasolina se compra en el exterior, mientras que en gas la autosuficiencia se perdió: cerca del 20% del consumo ya es importado.
El mecanismo de amortiguación es el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC), que durante años acumuló déficits de decenas de billones de pesos antes de los ajustes recientes del Gobierno. Sin embargo, el diésel quedó atrás en estos ajustes: mientras el galón de gasolina ronda los COP 15.073, el diésel se mantiene cerca de COP 11.001.
Un petróleo por encima de USD 100 presiona el FEPC desde dos frentes simultáneos: encarece las importaciones y amplía la brecha entre precios internos y externos. Si el peso colombiano se deprecia, el golpe sería doble. Expertos estiman más de COP 1,2 billones en presión adicional sobre subsidios, mientras el centro de pensamiento ANIF proyecta que el déficit del FEPC podría rondar los COP 10,7 billones este año.
El presidente Gustavo Petro ha sido claro: "No se podrá generar subsidios a la gasolina". En cambio, el Gobierno abrió otro frente: los fertilizantes. La conexión no es evidente a primera vista, pero existe. Por el estrecho de Ormuz no solo pasa petróleo, sino también cerca de 16 millones de toneladas de urea y otros insumos clave para la agricultura. El alza en energía se traslada directamente a fertilizantes, y de ahí, a los alimentos.
Colombia importa USD 872 millones en fertilizantes, mucho más de los USD 81 millones que exporta en ese mercado. El plan gubernamental apunta a subsidiar fertilizantes con utilidades de Ecopetrol, un giro estratégico que cambia el destino de esos recursos en medio de menores ganancias para la compañía estatal.
El rol de Ecopetrol en la crisis
Ecopetrol llega a esta crisis con desgaste operativo. En 2025, sus utilidades cayeron cerca de 40%, la producción nacional de crudo bajó 3% en enero de 2026, y la de gas disminuyó casi 17%. Simultáneamente, las importaciones de gas aumentan con fuerza.
Sin embargo, la empresa logró cerrar el año con un incremento de 2,7% en sus reservas probadas, alcanzando 1.944 millones de barriles equivalentes (MBPE). Su índice de reposición fue de 121%, el más alto en cuatro años, lo que significa que incorporó más petróleo del que extrajo. Esto blinda al país para una autosuficiencia de 8,2 años de crudo.
Pero esta buena noticia operativa convive con un entorno global donde la IEA reportaba excedentes máximos desde la pandemia y precios contenidos... hasta que el estrecho se cerró. Las medidas de eficiencia que plantea la agencia -teletrabajo, uso de transporte público, ajustes en consumo- no son ajenas a Colombia. Algunas ya existen, otras reaparecen en cada crisis energética.
Lo que cambia ahora es la escala del desafío. El informe insiste en que muchas de estas acciones pueden aplicarse "en cuestión de semanas". No requieren grandes inversiones ni reformas complejas, sino algo más difícil de coordinar: millones de decisiones individuales empujando en la misma dirección, mientras la solución de fondo sigue atada a un punto específico del mapa mundial. "Solo la reanudación del tránsito por el estrecho de Ormuz puede resolver esto", concluye la agencia internacional.



