Malasia: Un destino que fusiona tradiciones en un mosaico cultural único
Al aterrizar en el aeropuerto internacional de Kuala Lumpur, los viajeros son recibidos con un gesto que define la esencia malaya: la mano derecha sobre el corazón, una leve inclinación del torso y una sonrisa sincera. Este saludo cordial, ejecutado por empleados vestidos de naranja, marca el inicio de una inmersión en un país donde la amabilidad es parte fundamental de la experiencia turística.
La capital que narra historia y diversidad
Kuala Lumpur, la vibrante capital, sirve como punto de partida para comprender la compleja identidad malaya. Hamim Zuhaier, guía turístico local, personifica esta mezcla con sus camisas batik multicolores mientras explica con entusiasmo el nasi lemak, el desayuno nacional preparado con arroz en leche de coco, anchoas fritas, sambal picante y acompañamientos tradicionales.
Un recorrido peatonal por el centro histórico revela capas de historia colonial y espiritual. En la confluencia de los ríos Gombak y Klang se alza la mezquita Masjid Jamek, donde los británicos izaron su bandera por primera vez en 1874. A pocos minutos, la plaza Merdeka conmemora el momento en 1957 cuando esa misma bandera fue arriada por última vez, marcando la independencia.
El Mercado Central, con su fachada azul claro construida en 1888, ha transformado su propósito original de mercado de pescados y carnes para convertirse en un centro de artesanías donde los visitantes pueden adquirir telas tradicionales, recibir dibujos de jena en la piel o disfrutar masajes de pies.
Un crisol de religiones y lenguas
Malasia se presenta como un auténtico bufé cultural asiático, ubicado a aproximadamente 19.000 kilómetros de Colombia. El islam, religión oficial del país, coexiste armoniosamente con influencias hindúes y chinas que han moldeado su identidad durante siglos.
En la calle Tun HS Lee, en menos de 100 metros de distancia, se erigen el templo taoísta Sin Sze Si Ya con sus tonos dorado, rojo y verde, y el templo hindú Kuil Sri Maha Mariamman de fachada multicolor. A 14 kilómetros al norte de Kuala Lumpur, las cuevas de Batu albergan una imponente estatua dorada de 42 metros del dios Murugan, donde cada año se celebra el festival Thaipusam que atrae alrededor de un millón de devotos.
Nur Hafiza Binti Rosyidi, guía turística musulmana, explica el concepto de muhibah, proveniente del árabe, que significa coexistencia pacífica entre diferentes religiones. "Para nosotros, muhibah representa unidad y vivir en armonía, mostrando amor y respeto hacia todas las personas sin importar su religión o raza", afirma.
Sarawak: Donde la diversidad se multiplica
En el estado de Sarawak, en la isla de Borneo, la diversidad alcanza dimensiones extraordinarias. Kuching, su capital, es hogar de 34 grupos étnicos que hablan aproximadamente 110 dialectos diferentes. Billy Kitang, guía local, sorprende al revelar que domina 14 idiomas, aunque aclara que el promedio en Kuching es de cuatro a cinco lenguas por persona.
Munirih Jebeni, nacida en Sarawak, preserva la tradición del sape, un instrumento de cuerda similar al laúd cuya leyenda cuenta que fue creado por un curandero tradicional para sanar a su esposa enferma. "Antes el sape se usaba para sanar, pero ahora es un medio de educación para quienes quieren conocer la cultura malaya", comenta Munirih, explicando que aunque originalmente se fabricaba con madera de adau, hoy también se emplean maderas de durian, cempedak kayu y caoba.
En Kuching, la distribución religiosa refleja esta pluralidad: 40,6% musulmanes, 32,7% cristianos y 24,6% budistas. Al caminar por sus calles, los visitantes encuentran desde el templo taoísta Tua Pek Kong hasta la mezquita flotante Masjid India Kuching sobre el río Sarawak.
La herencia inmigrante que perdura
El Museo de las Culturas de Borneo en Kuching documenta cómo desde el siglo V llegaron a la isla viajeros procedentes de China e India como comerciantes y misioneros, sentando las bases de la diversidad actual. Esta herencia se vive en calles como Carpenter, rebosante de edificios patrimoniales chinos, e India, flanqueada por almacenes donde se consiguen desde el Corán hasta peluches de orangutanes.
En estas tiendas, como en todo el país, los malayos despiden a los turistas con el mismo gesto con que los recibieron: una venia con la mano derecha sobre el corazón, deseándoles un buen viaje y esperando su pronto regreso a este destino único donde Asia se muestra en toda su variedad.