Un proyecto vital que languidece entre la desidia y la corrupción
La combinación de desinterés, incompetencia y señalamientos de corrupción explica por qué el Par Vial 53-54, concebido hace más de una década como la columna vertebral que conectaría el oriente con el occidente de la meseta de Bucaramanga, permanece en el limbo de las promesas incumplidas. Mientras tanto, el tránsito vehicular continúa sin alternativas reales a lo largo y ancho de la ciudad, y los recursos destinados a la única solución viable se evaporan progresivamente.
Costos que se disparan y recursos que se esfuman
Lo que en el año 2010 se estimó en 78.500 millones de pesos, hoy se acerca a la astronómica cifra de 330.000 millones, un incremento que por sí solo evidencia el inmenso perjuicio que sufre el erario público cuando se postergan proyectos impostergables. La ciudad cuenta actualmente con apenas 17.000 millones de pesos en caja y una cartera por cobrar de otros 20.000 millones, suma que ni siquiera alcanza para cubrir la décima parte del costo actual del proyecto.
En otras palabras, el dinero de la valorización que pagaron los ciudadanos se está diluyendo día a día, mientras el caos vehicular estanca a una urbe que carece de vías eficientes en el sentido oriente-occidente.
Una solución que se convirtió en problema
La construcción de este par vial, que debería acompañarse de:
- Intercambiadores modernos
- Semaforización inteligente
- Variantes estratégicas
- Tramos rápidos urbanos
representa lo mínimo necesario para desatorar a Bucaramanga. Sin embargo, la suma de desinterés oficial, incompetencia técnica y administrativa, y persistentes señalamientos de corrupción durante quince años, han convertido lo que debió ser una solución en un nuevo riesgo de pérdida de dinero y atraso para toda la comunidad.
Advertencias finales y procesos legales en curso
Las recientes advertencias del nuevo jefe de Valorización ante el Concejo Municipal suenan como un campanazo final, pero también como un acto de denuncia formal ante la Fiscalía y la Contraloría, entidades que ya investigan los contratos de estudios y diseños del proyecto. Actualmente, once procesos judiciales cursan en el Tribunal Administrativo, y existe el riesgo real de que, si la obra no se ejecuta, los contribuyentes que ya pagaron puedan demandar la devolución de su dinero con intereses.
Este desenlace no solo representaría un desastre fiscal de magnitudes considerables, sino también un golpe devastador a la confianza ciudadana en las instituciones públicas.
Detalles técnicos y obstáculos persistentes
El proyecto contempla 2,8 kilómetros de corredores viales que conectarían el barrio Sotomayor con el acceso sur del viaducto Alejandro Galvis Ramírez. A pesar de contar con estudios actualizados y encontrarse en fase de factibilidad, persisten graves obstáculos:
- Falta de gestión efectiva para la financiación completa
- 104 predios pendientes de negociación y adquisición
- Una maquinaria administrativa que ha funcionado más como obstáculo que como facilitadora
Es imperativo que el alcalde y el Concejo Municipal comprendan que ya no existe margen para más dilaciones, pues el tiempo, al igual que los recursos económicos, se agota a un ritmo acelerado e inusitado.
Una historia medida en décadas de fracasos
La crónica del Par Vial 53-54 es un proceso que se mide en décadas de retraso acumulado, que solo ha logrado que la congestión vehicular se vuelva más densa y la paciencia de los ciudadanos llegue a su límite. Si este proyecto finalmente muere en los escritorios burocráticos, Bucaramanga habrá perdido no solo miles de millones de pesos de recursos públicos, sino también otra oportunidad histórica de dotar a la meseta de una alternativa vial que requiere con urgencia desde hace más de quince años.
La ciudad merece soluciones concretas, no promesas vacías que se repiten año tras año mientras la movilidad se deteriora y la confianza institucional se erosiona.



