Nueva regulación para la movilidad eléctrica en Colombia
La transición hacia una movilidad más limpia en las ciudades colombianas se ha consolidado como una realidad tangible. El silencio característico de los motores eléctricos y su reducido costo operativo han conquistado a miles de conductores; sin embargo, circular por las vías del país con esta tecnología no implica estar exento de las normativas de tránsito establecidas.
Con la plena implementación de la Ley 2486 de 2025, el marco regulatorio para los vehículos eléctricos livianos se ha ajustado significativamente, estableciendo reglas de juego claras que todo propietario debe conocer para evitar inconvenientes administrativos y sanciones económicas considerables.
Definición y alcance de la legislación
La legislación vigente define estos vehículos como medios de transporte de uso individual, impulsados exclusivamente por energía eléctrica y diseñados para el entorno urbano, cuya potencia máxima no debe superar los 1000 vatios. No obstante, las autoridades son enfáticas: si el vehículo presenta características técnicas equivalentes a una motocicleta convencional, las exigencias legales serán idénticas a las aplicadas a sus equivalentes de combustión interna.
Requisitos técnicos y administrativos obligatorios
Para circular de manera legal durante el año 2026, no existen excepciones ni atajos. Los conductores de motos eléctricas deben cumplir con una serie de requisitos técnicos y administrativos que garantizan tanto su seguridad personal como la de los demás actores viales. Un aspecto fundamental concierne a la circulación: estos vehículos tienen terminantemente prohibido transitar por andenes, zonas peatonales o ciclorrutas designadas. Su espacio natural es la calzada vehicular, ocupando un carril completo al igual que cualquier otro automotor.
Para estar en completo cumplimiento de la norma, usted debe contar con los siguientes elementos:
- Revisión técnico-mecánica vigente que certifique el estado óptimo del vehículo.
- Equipo de protección personal completo compuesto por casco certificado, chaqueta reflectiva y guantes apropiados.
- Licencia de conducción de categoría A1 válida y actualizada.
- Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT) activo y vigente.
Consecuencias económicas del incumplimiento
El desconocimiento de la normativa o la negligencia en los trámites administrativos puede resultar en sanciones económicas severas. Durante el año 2026, las multas por incumplimiento se calculan con base en el salario mínimo legal vigente y pueden superar fácilmente el millón de pesos colombianos, sin considerar los costos adicionales generados por la inmovilización del vehículo en patios oficiales.
De acuerdo con el esquema de infracciones actualmente vigente, estos son los valores aproximados que tendría que desembolsar un infractor:
- Conducir sin licencia o sin SOAT vigente: Esta constituye una de las faltas más graves (tipo D), sancionada con 30 salarios mínimos diarios, lo que representa aproximadamente COP 1.750.000.
- No realizar la revisión técnico-mecánica: La infracción C.35 conlleva una multa de 15 salarios mínimos diarios, equivalente a unos COP 875.452.
- No portar la licencia de conducción o tenerla vencida: En ambos escenarios, la sanción corresponde a 8 salarios mínimos diarios, es decir, alrededor de COP 466.000.
"Si se trata de una moto eléctrica que cumple características de motocicleta, los requisitos son prácticamente los mismos que para una de combustión", destacó el portal El Espectador al analizar el impacto concreto de la nueva ley sobre los usuarios colombianos.
Objetivos de la movilidad eléctrica en el país
La apuesta nacional por la movilidad eléctrica busca fundamentalmente reducir la huella de carbono y mejorar sustancialmente la calidad del aire en las principales ciudades. Sin embargo, el cumplimiento estricto de los requisitos legales sigue siendo el pilar indispensable para que esta evolución tecnológica sea, además de ambientalmente sostenible, completamente segura y organizada en las vías nacionales.
La implementación de estas normas representa un paso crucial hacia la formalización y regulación de un sector en crecimiento exponencial, asegurando que la transición energética en el transporte se realice con responsabilidad y respeto por la seguridad vial de todos los colombianos.



