Bucaramanga y su área metropolitana enfrentan una crisis estructural del transporte
La ciudad de Bucaramanga y todos los municipios de su área metropolitana deben urgentemente estudiar y plantear soluciones eficaces y de fondo al creciente problema de las motocicletas. Lo que tenemos delante ya no es simplemente una crisis de comportamientos individuales, sino una fractura estructural que encontró en estos vehículos su válvula de escape principal.
Mientras las autoridades sigan persiguiendo el mototaxismo en lugar de preguntarse cómo llegamos a depender de este medio de transporte, la solución va a estar cada vez más lejos de implementarse de manera efectiva y sostenible.
El origen del problema: un sistema de transporte mal diseñado
El problema no es solamente que hoy circulen más de 640 mil motocicletas en el área metropolitana, sino el origen de este fenómeno en un sistema de transporte público que se diseñó equivocadamente desde su nacimiento. Este mal diseño abrió la puerta al mototaxismo como respuesta natural a las necesidades no satisfechas.
La explicación fundamental de ese mal comienzo está en el hecho de haber pensado que los ciudadanos debían adaptarse a un sistema rígido, en lugar de proponer un sistema a la medida de los ciudadanos y de acuerdo con las características particulares de cada uno de los municipios conurbados.
Consecuencias de una década de crecimiento descontrolado
Mientras el sistema masivo de transporte se hundía en discusiones contractuales y sobrecostos burocráticos, miles de personas se vieron obligadas a recurrir a las motocicletas como única alternativa viable. Ya sea con motos propias, alquiladas o mediante el transporte ilegal, estas se convirtieron en la forma de llegar al trabajo, llevar a los hijos al colegio o generar un ingreso diario para sobrevivir.
Esto ha generado que llevemos al menos una década completa observando cómo:
- El parque de motocicletas se multiplica exponencialmente
- La accidentalidad y la fatalidad se ensañan especialmente con este medio de transporte
- Surgen cada vez más actividades ilegales a la sombra de esta economía informal
La dimensión social ignorada
Para amplios sectores de la población bumanguesa, la motocicleta representa la única opción de transporte disponible. Ignorar esta dimensión social fundamental y reducir el debate a la necesidad de más multas y operativos de tránsito significa desconocer completamente el fondo del problema estructural.
Ya es pasada la hora de que las autoridades, con la participación activa de la academia, los gremios económicos, las asociaciones de motociclistas y la ciudadanía organizada, se sienten a reconocer una realidad incómoda: reconstruir el modelo de transporte metropolitano llevará años de trabajo concertado.
Hacia una solución integral
La solución radica fundamentalmente en devolverle al ciudadano la posibilidad de disponer de un sistema de transporte ágil, seguro, digno y económicamente accesible. Por encima de cualquier consideración técnica o administrativa debe estar el usuario final: el hombre y la mujer que sale en busca de un medio para movilizarse hacia su trabajo, los jóvenes hacia sus instituciones educativas y las personas mayores a sus diligencias cotidianas.
Hay que diseñar urgentemente un sistema que recupere el mercado que le quitó el mototaxismo, basándose en el principio irrefutable de que mientras no exista una oferta pública decente y adecuada, la gente seguirá usando la moto como única alternativa, arriesgando diariamente su integridad física y su vida en las vías.
Este proceso debe ocurrir dentro del marco de la más completa legalidad, seguridad vial y armonía social, representando el mínimo de calidad de vida al que todos los ciudadanos del área metropolitana de Bucaramanga tienen derecho y deben aspirar legítimamente.