Alcalde de Bogotá diagnostica problemas de movilidad pero no aplica soluciones efectivas
Alcalde diagnostica problemas de tráfico pero no actúa

La paradoja del diagnóstico sin tratamiento en la movilidad bogotana

Imagínese acudir a un médico con síntomas graves, recibir un diagnóstico preciso de cáncer con tratamiento disponible, pero que el profesional se limite a identificar la enfermedad sin ofrecer la cura. Esta analogía refleja la situación actual de la movilidad en Bogotá, donde el alcalde identifica problemas críticos pero no implementa soluciones concretas.

El problema del estacionamiento ilegal: diagnóstico claro, acción nula

El alcalde ha señalado repetidamente que uno de los mayores males del caótico tráfico bogotano son los vehículos que se estacionan ilegalmente en cualquier vía, reduciendo considerablemente el espacio disponible para la circulación. Desde camiones de gaseosa que descargan durante horas en vías principales hasta vehículos particulares que obstruyen el tránsito alrededor de colegios y hospitales, el problema está perfectamente identificado.

Sin embargo, no se observan medidas efectivas para combatir esta práctica. En sectores como el comprendido entre la calle 140 y la 26, y desde la Circunvalar hasta la Avenida Boyacá, los conductores estacionan en la vía pública sin consecuencias. Incluso se han registrado casos extremos como taxistas durmiendo en plena calle 80 con Avenida Boyacá, sin intervención alguna de las autoridades.

Vehículos eléctricos y bicicletas motorizadas: otro diagnóstico sin seguimiento

Cuando se aprobó la ley de vehículos eléctricos, el alcalde correctamente señaló que varias normas no protegían adecuadamente a los ciclistas, advirtiendo que estos vehículos de peso considerable y alta velocidad no deberían circular por las ciclorrutas por el peligro que representan. "La normativa nacional debe ajustarse a las realidades locales de movilidad para no desproteger al ciclista", declaró en su momento.

Pese a este diagnóstico acertado, no existe vigilancia que impida a los vehículos eléctricos ocupar los carriles exclusivos para bicicletas. La situación se repite con las bicicletas con motor artesanal a gasolina, prohibidas por ser peligrosas, ruidosas y altamente contaminantes, que circulan impunemente por vías, ciclorrutas e incluso andenes.

La obsesión metro versus los problemas inmediatos

En lugar de atacar los problemas de movilidad ya identificados, la administración distrital centra su discurso en el metro de Bogotá. Mientras no opera una sola estación, el alcalde anuncia modificaciones de diseño, se fotografía con las obras y habla de nuevas líneas, dejando en segundo plano los problemas cotidianos que afectan a los ciudadanos.

Percepción versus realidad en seguridad ciudadana

El enfoque diagnóstico sin acción se extiende a otros ámbitos. En seguridad, el alcalde habla de "percepción de inseguridad" en lugar de abordar la inseguridad real, como si el problema fuera cómo los bogotanos sienten la ciudad en vez de las condiciones objetivas de riesgo. Esta postura evita confrontar los desafíos concretos de seguridad que enfrenta la capital.

Medidas desproporcionadas: el caso de las motos

Cuando el pasado 31 de octubre se registraron incidentes con aproximadamente 200 motocicletas, la respuesta fue restringir la circulación nocturna de todas las motos de la ciudad, prohibiendo además los parrilleros. Esta medida generalizada afectó injustamente a celadores, trabajadores nocturnos y personas con necesidades familiares urgentes, demostrando una aplicación de autoridad desproporcionada y poco efectiva.

Bogotá no necesita más diagnósticos: requiere autoridad que transforme identificación de problemas en soluciones concretas. La ciudad tiene suficientes expertos en PowerPoint, consultores y analistas; lo que falta es capacidad de gobierno para tomar decisiones incómodas y hacerlas cumplir, transformando el buen diagnóstico en acción efectiva que mejore la calidad de vida de los bogotanos.