Bucaramanga: una ciudad hostil para quienes caminan
Caminar por las calles de Bucaramanga se ha convertido en una experiencia que desafía la paciencia y, lo que es más grave, pone en riesgo constante la integridad física de los peatones. Las aceras angostas, deterioradas y sistemáticamente obstruidas que caracterizan vastos sectores urbanos son la prueba más evidente de un modelo de desarrollo que, en su afán por progresar, olvidó que las ciudades se construyen fundamentalmente para las personas.
Un problema de décadas que hoy es peligro generalizado
Durante los años de mayor crecimiento urbano, múltiples administraciones municipales descuidaron aspectos que parecían menores, como el diseño adecuado de andenes y aceras. Esta omisión histórica se ha convertido hoy en un peligro generalizado que afecta especialmente a los grupos más vulnerables:
- Adultos mayores enfrentan riesgo constante de fracturas al tropezar con desniveles y obstáculos
- Personas en silla de ruedas no pueden desplazarse por aceras que no cumplen con el ancho mínimo requerido
- Madres con coches de bebé se ven obligadas a bajar a la calzada porque los andenes son completamente intransitables
Esta situación ha convertido a Bucaramanga en una ciudad excluyente, donde el Plan de Ordenamiento Territorial y las normas técnicas de planeación han sido burlados sistemáticamente durante años.
La apropiación indebida del espacio público
Pero el problema no se limita únicamente al mal estado físico o las dimensiones inadecuadas de las aceras. En los pocos lugares donde estas tienen un tamaño adecuado, son impunemente violentadas por múltiples actores:
- El comercio informal instala sus ventas ocupando completamente el paso peatonal
- El comercio formal saca sus vitrinas y mercancías invadiendo el espacio público
- Propietarios de viviendas bloquean el paso con objetos pesados y voluminosos para evitar el parqueo de vehículos
Esta apropiación indebida del espacio público no encuentra sanción ni control efectivo por parte de las autoridades. Nunca se implementó una estrategia seria de educación ciudadana que enseñara que la acera es un bien común y no una extensión de la propiedad privada.
Consecuencias graves para la seguridad ciudadana
Las consecuencias de este abandono institucional se traducen en peligros concretos y medibles:
- Alto riesgo de caídas y tropiezos especialmente para adultos mayores
- Grave peligro de atropellamiento cuando los peatones se ven forzados a descender a la calzada
- Incremento de la inseguridad nocturna por la combinación de mala iluminación e infraestructura deficiente
Todos estos factores transforman a Bucaramanga en un entorno urbano hostil, donde el ciudadano de a pie es el gran perdedor en una ciudad que se piensa y diseña básicamente en función del vehículo particular.
Urgen acciones concretas y voluntad política
Es imperativo que la actual administración municipal comprenda que la movilidad peatonal es un asunto medular de la seguridad pública. Se necesitan con urgencia acciones concretas:
- Medidas legales dirigidas a recuperar el espacio público invadido ilegalmente
- Garantizar que todas las nuevas construcciones respeten los paramentos y anchos mínimos establecidos
- Emprender un plan masivo de reparación y adecuación de aceras existentes
- Implementar programas de accesibilidad para personas en condición de discapacidad
La omisión de décadas no puede corregirse en un día, ciertamente, pero la voluntad política para iniciar el cambio debe manifestarse pronto. Cada día que pasa sin acción concreta significa seguir exponiendo la vida de miles de personas en una ciudad que ha dado sistemáticamente la espalda a quienes la habitan y la recorren a pie.
Bucaramanga necesita urgentemente reencontrarse con su condición de ciudad para las personas, donde el peatón recupere su lugar prioritario en la movilidad urbana y donde caminar deje de ser una actividad de riesgo para convertirse nuevamente en un placer y un derecho fundamental.



