La peor crisis energética de la historia golpea al mundo
El cierre del estrecho de Ormuz, tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, ha desencadenado la crisis energética más grave que haya registrado la humanidad. Lo que inicialmente parecía una operación militar limitada se ha convertido en un fracaso estratégico con consecuencias globales devastadoras.
Un colapso sin precedentes en el suministro energético
Por este crucial paso marítimo transitaba una quinta parte del petróleo y gas natural que consume el planeta, además de derivados esenciales como gasolina de avión y fertilizantes. De aproximadamente 20 millones de barriles diarios transportados antes de los bombardeos, el flujo se redujo prácticamente a cero. Aunque algunos oleoductos alternativos permiten mover una fracción mínima por el Mar Rojo, el recorte efectivo supera los 10 millones de barriles diarios y continúa creciendo.
La Agencia Internacional de Energía (AIE) califica este choque como el más grande de la historia del sector, superando incluso el embargo petrolero de los años setenta y la suspensión de gas ruso a Europa tras la invasión a Ucrania en 2022. El faltante neto para suplir la demanda global se calcula en unos 8 millones de barriles diarios, equivalente a casi el 8% del consumo mundial.
Efectos devastadores en los mercados globales
Los precios del crudo se han disparado hasta niveles alarmantes:
- El barril superó los 112 dólares, casi el doble que a finales de 2025
- Las proyecciones apuntan a posibles máximos de 150 a 200 dólares
- La gasolina en Australia aumentó un 32% solo en marzo
- Millones de hogares en India no pueden cocinar por escasez de gas
- Industrias europeas enfrentan tarifas eléctricas insostenibles
Asia, principal consumidor de energía del Golfo Pérsico, es el continente más afectado. El turismo colapsa en destinos como Dubái, miles de vuelos han sido cancelados por motivos de seguridad y escasez de combustible, y los tiquetes aéreos se encarecen rápidamente.
Colombia: oportunidades perdidas y desafíos urgentes
Mientras la economía mundial se acerca al abismo, Colombia enfrenta una situación particularmente compleja. Aunque el país podría beneficiarse de precios más altos del petróleo -sus exportaciones representaron 12.481 millones de dólares en 2025-, la realidad es que se encuentra mal preparada para esta crisis.
El plan financiero nacional había proyectado un precio promedio de 59,2 dólares por barril Brent para 2026, cifra que será ampliamente superada. Cada dólar adicional en el precio del crudo significaría unos 400.000 millones de pesos adicionales para las arcas públicas, pero esta oportunidad llega en el peor momento posible.
Problemas estructurales que agravan la crisis
Colombia enfrenta múltiples desafíos que limitan su capacidad de respuesta:
- Declive productivo: La producción petrolera nacional ha caído por debajo de los 750.000 barriles diarios
- Dependencia gasífera: Desde diciembre de 2024 el país perdió la autosuficiencia en gas natural
- Parálisis política: La coyuntura electoral paraliza decisiones cruciales sobre precios de combustibles
- Crisis institucional: Ecopetrol enfrenta divisiones internas mientras su presidente es imputado
- Fondo de combustibles en rojo: Los subsidios se vuelven insostenibles fiscalmente
El exministro Amylkar Acosta advierte: "Nos encontramos en una especie de tormenta perfecta que nos asedia y de la cual no será fácil salir indemnes." La combinación de la crisis del estrecho de Ormuz con el retorno del fenómeno de El Niño y cuellos de botella en generación eléctrica crea un escenario extremadamente complejo.
Soluciones urgentes y visión de futuro
Expertos coinciden en que Colombia necesita cambios profundos para enfrentar esta crisis:
- Revisar las políticas que congelaron la exploración y firma de nuevos contratos
- Evaluar el uso regulado de técnicas no convencionales como el fracking
- Atraer inversiones para aumentar la extracción de petróleo y gas
- Implementar las 16 propuestas específicas presentadas por la Andi para recuperar terreno perdido
Bruce MacMaster, presidente de la Andi, insiste en que solo con una mezcla adecuada de sentido común y realismo podremos convertir estos riesgos en oportunidades. La seguridad energética del país está en juego, y repetir los errores del presente podría costar billonarios recursos y poner en peligro el desarrollo nacional.
Mientras el bloqueo del estrecho de Ormuz persista y Teherán utilice esta estrategia como principal arma de negociación, la economía global seguirá al borde del precipicio. Colombia tiene la responsabilidad histórica de proteger su soberanía energética y prepararse para un mundo cada vez más turbulento e impredecible.



