Seis décadas de sabor y tradición en Santander
Durante sesenta años consecutivos, la familia Ruiz Alfonzo ha compartido con las familias santandereanas recetas que conservan la mejor tradición de hogar, manteniendo vivo el legado a través del alimento más noble: el pan. Esta historia comenzó el 20 de marzo de 1966, cuando Luis Enrique Ruiz García, sin ser panadero profesional, decidió emprender junto a su esposa María Eugenia Alfonzo un negocio basado en una convicción profunda.
Los cimientos de una tradición
El Maná no surgió de una receta perfecta, sino de un principio inquebrantable: ofrecer productos de calidad que la gente recordara por su sabor auténtico. "No importa un margen de utilidad bajito, pero que lo que se venda sea rico", recuerda Gina Paola Ruiz Alfonzo, actual gerente general de la empresa. Esta filosofía explica cómo la marca logró consolidarse en una época sin redes sociales, donde el reconocimiento dependía exclusivamente del voz a voz entre clientes satisfechos.
Los primeros años estuvieron marcados por sacrificios familiares significativos, con los fundadores dedicando su vida completamente al negocio. Sin embargo, la constancia rindió frutos, transformando lo que comenzó como una apuesta individual en un proyecto familiar donde los hijos crecieron entre hornos, masas y clientes habituales.
Evolución sin perder la esencia
Desde 2010, cuando la segunda generación asumió la dirección, El Maná inició una nueva etapa caracterizada por la apertura a tendencias contemporáneas mientras preservaba su identidad tradicional. La empresa introdujo innovaciones como:
- Panes de masa madre artesanales
- Productos especializados sin gluten
- Opciones con mayor contenido proteico
- Línea de panes integrales para alimentación consciente
Estas novedades conviven armoniosamente con clásicos santandereanos como la mestiza chicharrona, la mantecada de maíz y el rollo aliñado de mantequilla, creando un catálogo que supera las treinta referencias distintas.
Conexión con nuevas generaciones
"El reto no es dejar de ser lo que somos, sino lograr que nuevas generaciones también lo sientan suyo", explica Gina Paola Ruiz Alfonzo. Para alcanzar este objetivo, la empresa ha desarrollado estrategias múltiples:
- Transformación de espacios: Sus puntos de venta han evolucionado hacia ambientes modernos diseñados no solo para comprar, sino para quedarse, conversar y celebrar.
- Enfoque en experiencia: Más allá del producto, priorizan la creación de momentos memorables para los clientes.
- Autenticidad como valor: En lugar de competir con lo "instagrameable", apuestan por lo genuino y honesto.
Compromiso con la sostenibilidad
La empresa ha incorporado prácticas sostenibles que responden a las exigencias actuales sin comprometer su operación artesanal. Estas iniciativas incluyen:
- Implementación de empaques biodegradables
- Procesos de reprocesamiento que minimizan el desperdicio alimentario
- Fortalecimiento del bienestar del equipo humano
- Relación preferencial con proveedores locales
Presencia en la cotidianidad santandereana
Con ocho puntos de atención en el área metropolitana de Bucaramanga -Centro, Paseo del Comercio, Antonia Santos, Aurora, Mejoras Públicas, Cabecera, Cañaveral y Centro Internacional de Especialistas- El Maná busca mantenerse presente en distintos momentos del día, desde desayunos familiares hasta antojos de media tarde o almuerzos compartidos.
Seis décadas después de su fundación, el desafío principal consiste en transformar la percepción de la tradición: que lo que antes pertenecía a generaciones anteriores se convierta en experiencias propias para quienes apenas comienzan a descubrir el sabor auténtico de Santander. La empresa familiar continúa escribiendo su historia, demostrando que la innovación y la tradición pueden coexistir cuando ambas se fundamentan en calidad y autenticidad.



