Enfrentamiento público entre ministro Ávila y Banco de la República por política de tasas
La tensión institucional entre el Ministerio de Hacienda y el Banco de la República escaló este miércoles durante un foro económico organizado por la entidad monetaria, donde el ministro Germán Ávila lanzó críticas directas contra las recientes alzas en las tasas de interés implementadas por el Emisor.
Cuestionamientos a la estrategia monetaria
El ministro Ávila puso en duda la pertinencia de dos incrementos consecutivos de 100 puntos básicos en la tasa de interés de referencia, calificando como "absolutamente inocuo" intentar controlar presiones inflacionarias de origen global mediante aumentos locales. "Colombia es el único país en el mundo al que se le ocurre subir 200 puntos", afirmó durante su intervención.
El funcionario también criticó la ausencia del gerente del Banco, Leonardo Villar, en el evento, quien se excusó argumentando que su presencia tendría "implicaciones políticas" en la actual coyuntura. "El gerente tal vez no tiene en cuenta que las decisiones que están tomando también tienen implicaciones en la actual coyuntura electoral", respondió Ávila.
Impacto económico y laboral
Según cálculos presentados por el ministro, el aumento de 200 puntos básicos restaría 0,36 puntos porcentuales al crecimiento económico de 2026, y podría destruir aproximadamente 48.000 empleos al amenazar la tendencia decreciente del desempleo. Además, el costo de la deuda pública aumentaría en cerca de 1,8 billones de pesos, afectando sectores como:
- Industria
- Construcción
- Agricultura
Ávila sostuvo que, sin estos incrementos, la economía colombiana podría haber crecido hasta 2,9 por ciento este año, en contraste con las proyecciones actuales.
Defensa del Banco de la República
Desde la perspectiva del Emisor, la codirectora Bibiana Taboada defendió la política monetaria actual, argumentando que "hacer crecer la economía de manera muy acelerada a punta de diferentes estímulos, fiscales y monetarios" no es el camino correcto. En su lugar, planteó la necesidad de medidas estructurales que garanticen un crecimiento sostenido manteniendo una inflación baja y estable.
El codirector Mauricio Villamizar coincidió en esta visión, señalando que "un crecimiento de un día o de un año puede ser seguido de vacas flacas por mucho tiempo después". Ambos directores enfatizaron la importancia de la paciencia y la cautela en la política monetaria.
Debate sobre la meta de inflación
Uno de los puntos más controvertidos fue el cuestionamiento del ministro Ávila a la rigidez de la meta de inflación del 3 por ciento. El funcionario lanzó un desafío directo: "¿Quién definió que el 3 por ciento es el número correcto? ¿Qué debate democrático o qué evidencia empírica específica para Colombia determinó que este es el umbral óptimo?"
Frente a esta interrogante, Villamizar defendió la meta asegurando que el 3 por ciento no es una cifra arbitraria, sino que "la teoría y la evidencia sugieren que lo deseable es una inflación baja y estable". Adicionalmente, advirtió que modificar este objetivo erosionaría la credibilidad institucional del Banco de la República.
Coordinación entre políticas
Más allá de la independencia del Banco, el ministro defendió la necesidad de una "inevitable coordinación" con la política económica del Gobierno Nacional. Argumentó que la política monetaria no puede limitarse al control de la inflación en una economía con desigualdad estructural, exclusión financiera y necesidades urgentes de transición productiva.
La codirectora Taboada respondió que la tasa de referencia no debe compararse solo con la inflación actual, sino con la inflación esperada —que ha crecido cerca de 200 puntos básicos desde noviembre pasado—, porque es clave para definir inversiones en el país. También señaló que la tasa neutral de la economía se ha incrementado debido al aumento en la percepción de riesgo país.
Riesgo de parálisis institucional
Este enfrentamiento público ocurre pese al anuncio previo del ministro de no regresar a las sesiones del Emisor, postura que expertos advierten podría llevar a una parálisis institucional, ya que la junta no puede deliberar ni decidir sin su presencia. La tensión entre ambas entidades parece lejos de resolverse, manteniendo en vilo la coordinación de la política económica nacional en un contexto electoral complejo.



