La nueva era eléctrica: un cambio de paradigma global
El mundo se encuentra en el umbral de una transformación energética sin precedentes. Según el más reciente informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE), el consumo global de electricidad está creciendo a un ritmo que supera significativamente el crecimiento económico mundial, marcando el inicio de lo que los expertos denominan "la era de la electricidad".
Factores que impulsan la demanda eléctrica
Tres elementos principales están acelerando esta tendencia histórica. En primer lugar, el cambio climático está generando temperaturas más extremas en todo el planeta, lo que incrementa la necesidad de sistemas de climatización incluso en regiones donde antes eran considerados innecesarios.
En segundo término, la masificación de los vehículos eléctricos representa un cambio estructural. Durante 2025, las ventas mundiales superaron los 20 millones de unidades incluyendo híbridos enchufables, equivalente a uno de cada cuatro automóviles nuevos vendidos globalmente.
Como tercer factor determinante, la inteligencia artificial está generando inversiones monumentales en infraestructura digital. Solo cuatro gigantes tecnológicos -Amazon, Google, Meta y Microsoft- planean gastar 660.000 millones de dólares este año en centros de datos que requieren suministro eléctrico constante y sistemas de refrigeración especializados.
El panorama de la oferta energética
Frente a esta demanda creciente, la AIE proyecta que las energías renovables cubrirán buena parte de los requerimientos adicionales, aunque los combustibles fósiles mantendrán su presencia durante décadas. El carbón, por ejemplo, seguirá siendo la principal fuente de generación en términos absolutos, aunque con participación decreciente en el mix energético global.
Juan Benavides, reconocido experto del sector, explica que "la historia mundial de la energía en los últimos dos siglos muestra cambios sustanciales en los porcentajes energéticos, pero nunca en los totales de cada uno". Esta observación subraya la complejidad de la transición energética en curso.
Los cuellos de botella críticos
Uno de los desafíos más significativos radica en las redes de transmisión, que presentan problemas de obsolescencia tecnológica, mantenimiento inadecuado y regulaciones restrictivas. La AIE calcula que numerosos proyectos en todo el mundo -equivalentes a unas 30 veces el consumo eléctrico de Colombia- no han podido conectarse a sus respectivos sistemas por falta de capacidad en líneas de distribución o subestaciones.
Las consecuencias de estas limitaciones son tangibles: durante 2024, Chile desperdició el 15% de la energía generada por fuentes eólicas y solares, mientras que en Reino Unido esta proporción alcanzó el 8,5%. Aunque las baterías de gran escala pueden ayudar a almacenar excedentes, las inversiones en infraestructura de transmisión siguen siendo urgentes.
La situación colombiana: oportunidades y riesgos
Retrasos en la expansión de la capacidad
Colombia enfrenta desafíos particulares en su inserción a esta nueva era eléctrica. Según datos de la AIE, de los 23,6 gigavatios planeados para entrar en operación desde 2020, apenas se han concretado 4,2 gigavatios, equivalente a solo el 18% de lo programado.
Tomás González, exministro del sector, advierte que "queremos electrificar la economía y prometer beneficios a los consumidores, pero estamos fallando en lo más básico: asegurar la oferta". Esta preocupación se refleja en múltiples dimensiones del sistema energético nacional.
Problemas específicos del caso colombiano
En el ámbito de las energías renovables, aunque el país ha realizado esfuerzos considerables, enfrenta obstáculos significativos. Los proyectos solares pueden tardar entre tres y seis años en materializarse, con solo una cuarta parte de ese tiempo dedicado a la construcción física. La energía eólica, con enorme potencial, enfrenta conflictos comunitarios que frenan su desarrollo.
El retraso en infraestructura de transmisión es particularmente preocupante: mientras la AIE lo estima en 2,5 años en promedio, el Centro Regional de Estudios de Energía (CREE) lo calcula en cuatro años. A esto se suma la pérdida de autosuficiencia en gas natural, que solo podrá resolverse en la próxima década con la explotación de yacimientos en aguas profundas del Caribe.
Riesgos inminentes y necesidad de acción
La probabilidad de apagones aumenta significativamente ante eventuales sequías prolongadas, una realidad que el próximo gobierno deberá enfrentar desde sus primeros meses de gestión. Además, los vaivenes regulatorios han desincentivado la inversión privada justo cuando más se necesita.
La construcción de un sistema energético resiliente requiere combinar diversas tecnologías y fuentes, reconociendo que una transición exitosa no se logra únicamente con más plantas de un solo tipo. Colombia posee condiciones naturales excepcionales para garantizar su suministro energético, pero aprovecharlas exigirá visión estratégica y liderazgo decidido.
En un mundo donde los eventos climáticos extremos son cada vez más frecuentes, la capacidad de adaptación y anticipación determinará qué naciones logran insertarse exitosamente en esta nueva era eléctrica que está redefiniendo el desarrollo económico global.