La crisis energética global: una ventana de oportunidad para la transformación industrial verde
En un contexto de creciente agitación geopolítica que sacude los mercados internacionales, la resiliencia económica demanda cambios profundos no solo en el tipo de energía que consumimos, sino también en cómo se produce, dónde se genera y quién controla estos procesos vitales. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha desestabilizado Oriente Medio, generando un costo humano y ambiental devastador mientras provoca una de las mayores fluctuaciones en los precios del petróleo jamás registradas.
Un nuevo paradigma energético
Las repercusiones de estos conflictos se extienden por los mercados bursátiles globales, impulsando al alza el endeudamiento público y demostrando que estos shocks energéticos no son crisis aisladas de corto plazo, sino que representan nuestra nueva realidad. La transformación energética se ha convertido en una necesidad estratégica para cualquier economía que aspire a mantener estándares de vida dignos mientras fortalece su capacidad de resistencia ante futuras crisis.
Mediante una estrategia industrial verde orientada a objetivos claros y un marco macroeconómico que respalde la inversión pública estratégica, los gobiernos pueden simultáneamente proteger a sus ciudadanos y construir economías más robustas. Las medidas inmediatas deben diseñarse para proteger a hogares y empresas de la presión inflacionaria, evitando políticas que simplemente apuntalen los beneficios de los combustibles fósiles.
Lecciones del Reino Unido y España
El Reino Unido sirve como advertencia contundente: cuatro años después de ser el país más afectado de Europa occidental por su dependencia del gas natural y su falta de capacidad de almacenamiento, los precios mayoristas de la energía se han disparado alrededor de un 50% desde el inicio del conflicto con Irán. A pesar de los avances en descarbonización de la red eléctrica, no se ha desarticulado el vínculo entre los precios del gas y la electricidad.
En contraste, España y Portugal encontraron una solución más efectiva al limitar el costo del gas utilizado en la generación eléctrica, reduciendo así los márgenes extraordinarios desde el origen. Este enfoque, combinado con un desarrollo ambicioso de energías renovables, demostró ser superior: los precios de la electricidad en España fueron un 57% inferiores al promedio europeo en la segunda mitad de 2022.
Coordinación gubernamental y acción decisiva
Lograr una transformación energética significativa requiere una acción coordinada entre múltiples departamentos gubernamentales que supervisan vivienda, transporte, ciencia y tecnología, y finanzas. Las misiones gubernamentales deben establecer metas ambiciosas y claras que todos los ministerios pertinentes puedan perseguir, movilizando así las inversiones intersectoriales necesarias.
La perspectiva de una nueva crisis del costo de vida se cierne sobre muchas economías. En el Reino Unido, por ejemplo, las proyecciones de disminución de la inflación ya se han visto frustradas, y la ministra de Hacienda enfrenta creciente presión para proteger a los hogares de mayores dificultades. Los alimentos y la energía representaron aproximadamente la mitad del aumento del 9% en los precios al consumidor en 2022, y una dinámica similar podría afianzarse ahora a medida que las amenazas geopolíticas y el cambio climático intensifican su impacto.
Beneficios múltiples de la inversión verde
Afortunadamente, la inversión verde genera beneficios que van más allá de la mitigación del cambio climático. Sus efectos indirectos incluyen mayor productividad, empleos de calidad y mejor nivel de vida. Cuando se cuantifican estos beneficios, la inversión verde resulta claramente rentable. El organismo independiente de control climático del Reino Unido confirmó recientemente que por cada libra esterlina invertida en acercarse a emisiones netas cero se generan entre 2 y 4 libras de valor, además de beneficios como aire más limpio, hogares más cálidos y alimentación más saludable.
La actual crisis energética representa así una oportunidad histórica para que los Estados desarrollen las capacidades, herramientas e instituciones necesarias para garantizar productos básicos a precios asequibles, prevenir la especulación y catalizar una transformación industrial profunda. Como señaló John Maynard Keynes hace casi un siglo, "el Estado debe proporcionar orientación e inversión cuando la confianza del sector privado y del consumidor se estanca".
Los gobiernos no deben permitir que esta crisis los paralice; por el contrario, este shock debe impulsar acciones decisivas para minimizar el sufrimiento humano e invertir en la resiliencia económica a largo plazo. La alternativa -seguir el ejemplo de redoblar la apuesta por combustibles fósiles- solo perpetuaría la volatilidad de precios y la dependencia de recursos que sirven como moneda de cambio en conflictos militares.



