El liderazgo entre la ambición y los principios: con quién caminar define el éxito
Claudia Dulce Romero, directora de la sede principal del Politécnico Internacional, reflexiona sobre un refrán popular que adquiere especial relevancia en el contexto del liderazgo contemporáneo: "Dime con quién andas y te diré quién eres". Esta máxima no solo subraya la importancia estratégica de rodearse de personas capaces para alcanzar objetivos, sino que destaca algo más profundo: la coherencia fundamental de caminar junto a quienes comparten los mismos principios y valores éticos. Los líderes, en todos los ámbitos, deben tener este principio en cuenta como base de su gestión.
Los peligros de la inseguridad y el temor al conflicto
Existe un primer tipo de líder que considera peligroso rodearse de individuos talentosos, principalmente por miedo a que estos brillen más que él o ella misma. En estos casos, la inseguridad se convierte en protagonista y termina afectando negativamente a toda la organización. Se trata de un error costoso, ya que contar con la excelencia colectiva siempre resulta más productivo a largo plazo. Sin embargo, el talento colectivo también exige un trabajo constante sobre el ego personal, porque cuando todos buscan protagonismo, cada decisión puede transformarse en una lucha de poder interna que debilita la cohesión.
Otro perfil de líderes son aquellos que evitan deliberadamente rodearse de personas con posturas distintas, por temor al conflicto constructivo o a que alguien pueda obstaculizar la ejecución de planes. La cura para este mal organizacional no es la homogeneidad absoluta, sino precisamente la diversidad de pensamiento. Trabajar con quienes piensan diferente permite construir visiones más sólidas, completas y gratificantes. Un buen líder sabe moverse hacia distintas orillas para comprender otras perspectivas y, desde allí, actuar en beneficio de la mayoría, fortaleciendo así la toma de decisiones.
La importancia crucial de compartir visión y norte ético
Se pueden sumar cuantas personas se deseen a un equipo de trabajo, pero existe un punto crucial que, si no se cumple, puede llevar al quiebre incluso de las mejores combinaciones técnicas: compartir la misma visión estratégica y tener claramente definido el mismo norte ético. Para verificar esta alineación, vale la pena que todos los integrantes de un equipo se hagan dos preguntas simples pero profundas: ¿por qué hago lo que hago? y ¿para qué estoy aquí?. Todos tenemos intereses personales y profesionales legítimos, pero rodearse exclusivamente de quienes solo piensan en su propio beneficio individual representa un riesgo real para los logros colectivos y la sostenibilidad del proyecto.
Analizar las motivaciones, los valores fundamentales y las apuestas de quienes nos acompañan en el camino no es un acto de desconfianza, sino de inteligencia estratégica y claridad organizacional. Conocer qué mueve a alguien, qué le importa realmente, qué está dispuesto a sacrificar, o qué entiende por éxito y logros, constituye información esencial para cualquier líder responsable. No se trata de vigilar constantemente ni de juzgar, sino de entender profundamente con quién se está construyendo algo significativo. Así como un arquitecto revisa minuciosamente los materiales antes de levantar un edificio, un líder debería hacer lo mismo con las personas que lo acompañan en su gestión.
La calidad humana como pilar del liderazgo coherente
Mirar exclusivamente los resultados cuantitativos sin reparar en la calidad humana de quienes trabajan con nosotros es una forma de incoherencia peligrosa. Un líder marca la pauta no solo con su propio ejemplo personal, sino con quiénes elige tener a su lado en los momentos clave. Con esto no se pretende señalar que la ambición sea en sí misma negativa, pero sin valores sólidos que la orienten, puede convertirse en una amenaza silenciosa con un alto costo reputacional, ético o humano para la organización.
Como señala Claudia Dulce Romero, su madre siempre les decía: "es mejor trabajar con personas empáticas, honestas y leales que con brillantes profesionales sin esas cualidades humanas esenciales". La autora cree firmemente que ambas dimensiones pueden y deben convivir en la misma persona. Nuestro deber como líderes es promover y cultivar activamente estas cualidades en quienes forman parte de nuestros equipos, creando así entornos de trabajo saludables y productivos.
Alianzas estratégicas basadas en principios
Un líder sin alianzas sólidas y bien fundamentadas no llegará lejos en su gestión. Rodearse de las mejores personas, tanto desde lo técnico-profesional como desde lo humano, así como compartir su visión con otras organizaciones o equipos afines, hace que los resultados se logren con mayor impacto y sostenibilidad. Y esto no por mera conveniencia táctica, sino por principios compartidos que dan solidez a la colaboración.
Establecer límites claros sobre con quién se desea caminar y con quién no se está dispuesto a hacerlo no debería asociarse con poca flexibilidad, sino con una alta coherencia ética. Tener claro lo que no se negocia, lo que no se tolera y lo que no se acepta en las relaciones profesionales es priorizar los principios fundamentales sobre la estrategia momentánea, construyendo así liderazgos verdaderamente transformadores y respetados.



