Carteles mexicanos extorsionan la industria del aguacate para el Super Bowl
Extorsión de carteles en aguacates para el Super Bowl

La sombra criminal sobre el aguacate del Super Bowl

El guacamole será nuevamente el aperitivo estrella durante el Super Bowl de hoy, pero detrás de esta tradición culinaria se esconde una realidad mucho más oscura y compleja. México ha exportado una cifra histórica de 127.000 toneladas de aguacate a Estados Unidos específicamente para este evento deportivo, según datos oficiales. Sin embargo, esta masiva exportación contrasta brutalmente con la creciente crisis de extorsión que afecta a toda la industria aguacatera mexicana, especialmente en regiones donde los carteles del narcotráfico han establecido su control.

Michoacán: el epicentro productivo bajo amenaza

La mayor parte de estos aguacates provienen del estado de Michoacán, que se ha consolidado como el principal productor nacional y origen de aproximadamente nueve de cada diez aguacates consumidos durante el Super Bowl. Según Cuauhtémoc Rivera, presidente de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes, la extorsión sistemática por parte de grupos criminales le cuesta al sector agrícola hasta US$200 millones anuales. Esta cifra representa entre el 3% y el 5% de los US$4.000 millones que México exporta cada año de este producto a Estados Unidos.

La presión de los carteles se extiende de manera alarmante a toda la cadena productiva del aguacate:

  • Agricultores enfrentan amenazas constantes para poder trabajar sus tierras
  • Jornaleros son coaccionados durante las cosechas
  • Transportadores deben pagar "derechos de paso" en carreteras controladas por criminales

"Hay extorsión en todos los eslabones de la producción", advirtió Rivera, quien señaló que muy pocas zonas del país están realmente libres de esta práctica delictiva. Además de Michoacán, el estado de Jalisco, otro importante productor, también sufre la influencia y control del temible Cártel Jalisco Nueva Generación.

Violencia que marca la industria

La crudeza de esta problemática quedó dramáticamente evidenciada con el asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, ciudad conocida como la capital mundial del aguacate. Este crimen, ocurrido el 1 de noviembre, conmocionó a la comunidad internacional. Manzo había denunciado públicamente en múltiples ocasiones que los carteles estaban mejor armados que las fuerzas policiales locales y que el Estado mexicano había perdido el control efectivo sobre amplias zonas de su municipio.

Respuesta gubernamental y desafíos persistentes

Desde octubre de 2024, la presidenta Claudia Sheinbaum ha colocado el tema de seguridad en el centro de su agenda política, esto en medio de la creciente presión del presidente estadounidense Donald Trump, quien insiste en que los carteles controlan amplias zonas territoriales de México. Durante su primer año de gobierno, Sheinbaum reportó logros significativos:

  1. Captura de 35.000 presuntos delincuentes
  2. Reducción del 30% en los homicidios dolosos
  3. Extradición de casi 100 miembros de organizaciones criminales a Estados Unidos

Sin embargo, expertos en seguridad advierten que la extorsión sigue manteniéndose en niveles preocupantemente elevados, particularmente en sectores económicos clave como la agricultura. Analistas como Ioan Grillo explicaron al Financial Times que el auge de esta práctica delictiva responde, en parte, a dos factores principales:

Primero, el giro estratégico de los carteles hacia el tráfico de fentanilo, que ha reducido otras fuentes tradicionales de ingresos ilícitos. Segundo, la fragmentación progresiva de las grandes organizaciones criminales, lo que ha llevado a grupos más pequeños y descentralizados a buscar dinero rápido mediante cobros ilegales a actividades económicas legales.

Cooperación internacional y límites claros

Aunque la presidenta Sheinbaum defiende abiertamente la cooperación bilateral con Estados Unidos en materia de seguridad, ha descartado categóricamente cualquier tipo de intervención militar extranjera en territorio mexicano. Mientras tanto, el humilde aguacate se ha convertido en una vitrina inesperada pero elocuente de uno de los mayores desafíos de seguridad que enfrenta México en la actualidad. Este fruto, celebrado en millones de hogares estadounidenses durante el Super Bowl, lleva consigo una historia compleja de violencia, extorsión y la lucha constante de productores que trabajan bajo la sombra amenazante del crimen organizado.