Chachafruto: el superalimento andino con 23% de proteína que crece en Colombia
Chachafruto: superalimento andino con 23% de proteína en Colombia

En las montañas de Colombia crece un alimento ancestral que, aunque poco conocido, sorprende por su tamaño y valor nutricional. Se trata del chachafruto o balú, una semilla similar al frijol pero mucho más grande, que durante generaciones ha sido aprovechada en diversas regiones del país por su sabor y versatilidad culinaria. Este artículo explora por qué este alimento merece recuperar protagonismo en nuestra dieta, no solo por sus propiedades nutricionales, sino también por su conexión con las raíces y saberes tradicionales del campo colombiano.

¿Qué es el chachafruto?

El chachafruto, también conocido como balú, sachaporoto, pajuro o fríjol de monte, es una leguminosa andina del género Erythrina. Su nombre científico es Erythrina edulis, una especie reconocida por el gran tamaño de sus semillas comestibles y su importante valor nutricional y ecológico. Según Agronet, plataforma del Ministerio de Agricultura, se trata de un árbol frondoso que puede alcanzar hasta 14 metros de altura, con copas de hasta siete metros de diámetro. Su tronco es leñoso y robusto, y sus ramas presentan pequeñas espinas. Las hojas son de color verde claro y caen parcialmente durante la floración, cuando el árbol se llena de llamativas flores rojas en grandes racimos.

Los frutos del chachafruto son largas vainas similares a las del fríjol, que pueden medir hasta 50 centímetros de longitud. En su interior se encuentran las semillas, unos “frijoles gigantes” de color rojo oscuro y gran tamaño, que son la parte más aprovechada en la alimentación. Esta especie crece principalmente en la región andina de Colombia, Ecuador, Perú, Panamá y Argentina, entre los 1.400 y 3.000 metros sobre el nivel del mar. En Colombia se encuentra especialmente en zonas montañosas donde antiguamente la selva subandina fue transformada para actividades agrícolas.

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¿Para qué sirve el chachafruto?

El chachafruto no solo destaca por el tamaño de sus semillas, sino que ha sido considerado por distintas comunidades como uno de los alimentos más completos. Su principal aprovechamiento está en las semillas, que pueden consumirse cocinadas, asadas, fritas o transformadas en harina para preparar bebidas, sopas, cremas, natillas y otras recetas. Lo más sorprendente es su contenido nutricional: según Corabastos, cerca del 23% de su composición corresponde a proteínas, superando a leguminosas tradicionales como el fríjol, la arveja, la lenteja, el garbanzo e incluso la soya.

Además de proteína, el chachafruto aporta fibra, aminoácidos, hierro, calcio, cobre, manganeso y potasio, con bajos niveles de grasa y carbohidratos. Estudios indican que en 100 gramos secos puede haber entre 18 y 25 gramos de proteína, convirtiéndolo en una alternativa valiosa para la seguridad alimentaria y la nutrición. Tradicionalmente, también se le atribuyen propiedades medicinales, como efectos positivos en la regulación de la tensión arterial y la función renal, gracias a sus propiedades hipotensoras. Según Bienestar Colsanitas, en algunas comunidades se ha empleado como apoyo natural para prevenir enfermedades como la osteoporosis y ciertos tipos de cáncer, aunque estos usos pertenecen principalmente a la medicina tradicional.

Usos del chachafruto en forraje y medio ambiente

El chachafruto también se utiliza como forraje, ya que sus hojas, vainas y semillas poseen un contenido proteico superior al de muchos pastos, por lo que pueden alimentar bovinos, cabras, cerdos, aves, conejos e incluso peces. Tanto las hojas como las ramas sirven como forraje, mientras que las vainas y semillas pueden incorporarse en concentrados.

Desde el punto de vista ambiental, la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca destaca que este árbol es muy valioso. Como especie fijadora de nitrógeno, mejora la fertilidad del suelo gracias a bacterias en sus raíces que capturan nitrógeno de la atmósfera. Además, ayuda a controlar la erosión, se adapta a terrenos difíciles y funciona como cerca viva en sistemas agroforestales. Sus flores rojo intenso producen abundante néctar, atrayendo abejas y aves polinizadoras, mientras que sus semillas son dispersadas por fauna silvestre, lo que la convierte en una especie clave para la sostenibilidad agrícola y la conservación de los ecosistemas andinos.

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