La política contemporánea y la ausencia de grandes debates
En los procesos electorales recientes, es perfectamente sensato quejarse de la falta de grandes ideas y debates significativos en la política actual. Todo parece centrarse en una lucha frenética y voraz por acceder a cargos, sin reflexión alguna. Sin embargo, no siempre ha sido así. De hecho, la política y el pensamiento filosófico han caminado de la mano durante la mayor parte de la historia. He aquí una pregunta fundamental que la política contemporánea ha dejado de abordar: ¿es el capitalismo natural, y con él, las instituciones que suponemos esenciales como la propiedad y el mercado?
La percepción de inevitabilidad y el agotamiento utópico
Hoy tendemos a pensar no solo que el capitalismo es natural, sino inevitable. Pareciera que se nos ha agotado la imaginación cuando se trata de concebir nuevas formas de interacción política y social. El filósofo alemán Jurgen Habermas alguna vez afirmó que el capitalismo contemporáneo podía describirse como "el agotamiento de las energías utópicas". Durante la pandemia, Slavoj Zizek señaló que nos resultaba más fácil imaginar el fin de la humanidad que el fin del capitalismo.
No hay otra forma de generar riqueza que sea compatible con las libertades individuales que no sea a través de un sistema de democracia liberal, ese híbrido político-económico que ha adoptado el capitalismo durante al menos seis décadas, o eso creemos hoy. El famoso teórico americano Francis Fukuyama ha llamado a ese estado justamente "el fin de la historia".
¿Son naturales la propiedad y el mercado?
Pero, ¿realmente el capitalismo y sus fuentes de riqueza y poder son "naturales" o "inevitables"? Comencemos con la propiedad. Los filósofos políticos del siglo XVII, como John Locke, que combatían las relaciones económicas y de sujeción política del antiguo régimen, fueron quienes dieron forma a las ideas del capitalismo. No fueron banqueros ni prestamistas los que concibieron este orden. Locke, en su Segundo Ensayo sobre el Gobierno Civil, sentó las bases de la democracia liberal contemporánea con ideas intuitivas: si estoy vivo, tengo derecho a seguir en ese estado, y para ello, necesito consumir, lo que implica propiedad sobre mi cuerpo y lo que incorporo.
Sin embargo, menos de cien años después, Rousseau criticó estas ideas, argumentando que la propiedad es el fin de la historia humana, no su comienzo natural. Señaló que, en la naturaleza, animales como leones consumen presas sin que esto implique propiedad en el sentido humano. La propiedad, según Rousseau, es una institución forjada en la historia, no algo inherente.
El mercado y sus supuestos mágicos
Si afirmamos que la propiedad es natural, mucho más lo suponemos con respecto al mercado, esa organización espontánea de intereses humanos que hoy pensamos está regida por una "mano invisible", frase de Adam Smith ampliamente citada pero poco leída en su contexto original. En teoría, el mercado convierte intereses individuales en beneficios colectivos de manera optimizadora y justa. Por ejemplo, al vender puntillas, el vendedor obtiene un incentivo económico y el comprador evita producirlas, beneficiándose mutuamente.
Pero estas ideas son tan criticables como las anteriores. El filósofo inglés David Hume ya señalaba la cantidad de supuestos necesarios para que el mercado obrase su hechizo: debe haber una disposición a cumplir los pactos, un sistema de precios y propiedad estable, y al menos una disposición a no engañar.
La falacia de composición y los Free Riders
Hay una razón más acuciante por la cual el mercado no es optimizador: está basado en una falacia de composición, término lógico que indica que la suma de intereses individuales no equivale al interés colectivo. El mercado a menudo recompensa a actores que no producen beneficios colectivos, sino que perjudican a la colectividad, como las industrias de comida chatarra o la armamentista. Estos son "Free Riders", término de la teoría de juegos de los ochenta, que se benefician del sistema sin contribuir al bienestar general.
En Colombia, por ejemplo, el sistema financiero, uno de los más costosos e ineficientes del mundo, podría considerarse un "Free Rider" que monta gratis sobre la productividad colectiva. El capitalismo, en su avance, crea condiciones para la proliferación de estos actores.
Reflexiones finales y el impacto en la política
Tal vez reflexiones como esta no logren cargos públicos, pero sí influyen en quienes pensamos mucho en nuestro voto, los que vemos con indignación que quienes rigen nuestras vidas sean, en muchos casos, verdaderos "Free Riders" del sistema político, incapaces de concebir e intercambiar ideas, vendiéndonos la creencia de que su visión del mundo es necesaria. Lo más paradójico es que seamos nosotros quienes les hemos dado el aventón.
Este análisis invita a cuestionar supuestos arraigados y a recuperar el debate filosófico en la esfera pública, recordando que instituciones como la propiedad y el mercado no son dadas por naturaleza, sino construcciones humanas sujetas a crítica y transformación.



