Aumento de aranceles y lluvias amenazan la producción nacional de fríjol en Colombia
Aumento de aranceles y lluvias amenazan producción de fríjol

Aumento de aranceles y lluvias amenazan la producción nacional de fríjol en Colombia

La decisión del Gobierno colombiano de elevar los aranceles a ciertos productos importados desde Ecuador a partir de febrero de 2026 podría alterar significativamente las cadenas de abastecimiento de alimentos básicos como el fríjol y el arroz. Esta medida coincide con una temporada de lluvias que ya está afectando la producción agrícola en diversas regiones del país, destacando cómo factores climáticos y comerciales convergen en aspectos cotidianos como la alimentación.

Dependencia de importaciones y crecimiento en cifras

Según datos de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), Colombia ha incrementado su dependencia de importaciones para cubrir la demanda interna de granos. En 2024, el país importó más de nueve millones de toneladas de cereales y leguminosas destinadas al consumo nacional. Aunque el fríjol parece una excepción con una producción nacional sólida y importaciones que representan solo alrededor del 3% del consumo total, las cifras revelan una tendencia preocupante.

En 2014, Colombia importaba aproximadamente 13.420 toneladas de fríjol; diez años después, esta cifra superó las 41.800 toneladas, con Ecuador consolidándose como uno de los principales proveedores. Esta tendencia no sustituye la producción local, sino que refleja cómo incluso alimentos tradicionales dependen cada vez más de redes regionales de comercio, especialmente en contextos de variabilidad climática y fluctuaciones productivas.

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Impacto en salud y economía rural

Cuando el fríjol deja de ser accesible, el impacto trasciende el mercado. Sonia Gallego, experta en cultivos biofortificados de la Alianza Bioversity & CIAT, advierte que puede desencadenarse una crisis silenciosa que afecte principalmente la salud y la economía de los hogares más vulnerables. La reducción en su consumo implica menos proteína vegetal y menor ingesta de micronutrientes clave, aumentando riesgos de anemia y desnutrición a largo plazo.

En regiones como Putumayo, el fríjol sigue siendo una base económica rural. En varios municipios del departamento, constituye una de las principales fuentes de ingreso agrícola y empleo temporal. Jesús Erazo, productor del Valle de Sibundoy, comenzó sembrando fríjol como jornalero en su adolescencia y hoy administra su propia producción. Para él, la razón de seguir cultivándolo es sencilla: es un alimento ampliamente consumido y con demanda constante.

Desafíos climáticos y soluciones innovadoras

En el Valle de Sibundoy, el cultivo ha transformado el uso del suelo, con terrenos antes destinados a ganadería migrando hacia el fríjol debido a mayores retornos económicos. "Una hectárea bien manejada puede dejar hasta diez veces más ingresos al año que tener ganado", afirma Erazo. Sin embargo, producir no es sencillo. Las recientes lluvias redujeron drásticamente los rendimientos en la zona, con agricultores que normalmente obtenían más de 80 bultos por hectárea cosechando apenas una tercera parte este año.

Para abordar estos desafíos, investigaciones han impulsado el desarrollo de semillas biofortificadas con mayor contenido de hierro y zinc. Gallego señala que estos fríjoles no son solo alimentos, sino una estrategia nutricional desde la agricultura, permitiendo mejorar la nutrición, aumentar la productividad y fortalecer la autonomía de los agricultores al reutilizar semillas sin depender de insumos costosos.

Perspectivas futuras y llamados a la acción

Para productores como Erazo, el reto se encuentra en la tecnificación de procesos, el intercambio de conocimientos y la creación de condiciones estables para sembrar con confianza. "Siempre hay miedo de que como se importa frijol, la cosecha se pierda. Si hubiera más seguridad en los precios y menos costos de producción, muchos se animarían a sembrar más", menciona.

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La discusión no debería centrarse únicamente en cuánto fríjol importa Colombia, sino en qué tan preparada está para sostener su producción agrícola frente a un clima cada vez más variable. La seguridad alimentaria no se define solo en decisiones comerciales o políticas, sino en las fincas donde, temporada tras temporada, se sigue sembrando aquello que sostiene lo cotidiano.