Un recuerdo cardinal: la mujer del estadio que confirmó mi amor por Santa Fe
La mujer del estadio que confirmó mi amor por Santa Fe

Un encuentro en las tribunas que definió una pasión

Hace algún tiempo, durante una visita a Bogotá con mis hijos, los llevé a un lugar histórico y lleno de sentimiento: la plaza de la Universidad del Rosario, específicamente al Café el Pasaje. Este emblemático sitio fue testigo del nacimiento del Independiente Santa Fe el 28 de febrero de 1941, y allí sentí una energía única que logra contagiar el alma y reivindicar los sentimientos más profundos.

Historias de un campeón y una rebeldía infantil

Sentados en ese café lleno de historia, les conté a mis hijos anécdotas del único y primer campeón de la historia del fútbol colombiano. Algunas de estas historias están registradas en libros y documentales, pero otras pertenecen exclusivamente a mi vida y a mi corazón, guardadas como tesoros personales.

Uno de mis primeros recuerdos de la infancia es haber ido al sagrado estadio Nemesio Camacho El Campín con mi familia para presenciar un clásico entre Santa Fe y Millonarios. Mi padre y mi hermano, fervientes seguidores azules, no dejaron de insinuarme durante todo el partido que debería pasarme al equipo rival. Yo, sin embargo, ya me había declarado santafereño contra sus voluntades, en lo que quizás fue mi primer acto de rebeldía infantil.

La presión familiar y una intervención inesperada

No era fácil mantenerme firme en mi decisión, pues la influencia y el respeto familiar pesaban mucho. Sus constantes mensajes trataban de amedrentar mi elección, creando una tensión palpable en las tribunas de concreto.

Frente a nosotros, sentada sobre su ruana, una mujer adulta de sangre roja fumaba como una chimenea mientras observaba detenidamente el juego. Sin duda, se había percatado de la presión que mi padre y mi hermano ejercían sobre mí con sus insistentes invitaciones: "¡Ven al lado azul!", "Sé parte de la familia".

Un momento cardinal que cambió todo

De repente, llegó un gol cardinal. Emocionada, la señora saltó a celebrar con su cigarrillo en la mano, giró su cuerpo hacia nosotros tres y nos miró fijamente. Luego, focalizó su atención solo en mí y pronunció palabras que quedarían grabadas para siempre: "Tranquilo, mijito, que usted es el único decente de su familia. Vamos, Santa Fe". En ese instante, recibí la bienvenida definitiva a los cardenales.

Un legado de aguante y nobleza

Esa señora marcó mi vida de manera indeleble. Han pasado muchos años desde aquel día, pero ese recuerdo permanece grabado en mi mente y en mi corazón. No sé si esa mujer del estadio aún esté viva, pero aquella aficionada sin nombre me inspiró profundamente en el arte del aguante y de la nobleza, un sentimiento que desde la niñez me acompaña con gran pasión y cercanía.

La recuerdo con especial cariño ahora que Santa Fe cumple 85 años de haber nacido. Quiero dedicarle este aniversario a ella y compartirle espiritualmente, con gran orgullo y alegría, que mis hijos también son del León. Feliz cumpleaños, señora, feliz cumpleaños anónimo.