El juego de tronos del fútbol colombiano: vicepresidencias, traiciones y poder oculto
En el mundo del fútbol colombiano, las fórmulas vicepresidenciales se han convertido en una verdadera condena. Lo que debería ser una relación de apoyo y colaboración entre presidente y vicepresidente termina frecuentemente en recelos, celos y enemistades profundas. El segundo al mando, lejos de ser la mano derecha o el consejero estratégico, se transforma en el enemigo íntimo, aquel que esconde el puñal bajo la manga o escurre veneno en el vaso antes del brindis.
La Federación Colombiana de Fútbol: un escenario de intrigas políticas
Como en un auténtico Juego de Tronos, la política interna de la Federación Colombiana de Fútbol ha sido testigo de cortes de cabezas, traiciones y guerras feroces entre sus principales dirigentes. Ramón Jesurún, el zar de la Federación que será reelegido próximamente, conoce bien este juego. Él mismo fue vicepresidente de Luis Bedoya, quien hizo todo lo posible para evitar que Ramón ocupara ese cargo.
Bedoya perdió ese pulso político cuando su candidato, Pacho Ochoa, cayó derrotado en la Dimayor. Es crucial recordar que el presidente de la Dimayor ocupa automáticamente el cargo de primer vicepresidente de la Federación, estableciendo una intrincada red de poder e influencias.
Escándalos, ascensos y caídas en la cúpula directiva
La historia continuó con el escándalo del Fifagate, la salida forzada de Bedoya y el ascenso de Jesurún a la presidencia. Pero las aguas no se calmaron. Jesurún tuvo como primer vicepresidente a Jorge Fernando Perdomo, quien intentó derrocarlo acusándolo de complicidad en el escándalo de la reventa de boletas para la eliminatoria de Rusia 2018.
En ese momento crítico apareció Álvaro González, el mandamás de la Difútbol, también señalado por Perdomo en ese mismo episodio. González lanzó a Jesurún el salvavidas político y electoral que lo mantuvo a flote, mientras Perdomo desaparecía del mapa directivo del fútbol colombiano.
La lista de caídos en el juego del poder
La lista de dirigentes que han caído en desgracia es extensa y reveladora:
- Juan Fernando Mejía, expresidente del Cali y vocal de la Federación, probablemente perderá su asiento en la próxima asamblea. Su caída comenzó cuando sugirió a González que podía ser su carta de reemplazo para Jesurún. Desde entonces, la relación entre Ramón y Mejía es insostenible.
- Fernando Jaramillo, reciente vicepresidente de la Federación, terminó renunciando después de que Jesurún le declarara una guerra abierta. Ramón estaba convencido de que Jaramillo recolectaba votos para derrocarlo.
- Recientemente, Jesurún perdió el pulso vicepresidencial en la Dimayor cuando su candidato, Juan David Pérez, fue derrotado por Carlos Mario Zuluaga. La tensión entre ambos es ahora un secreto a voces en los pasillos del poder futbolístico.
La reelección inminente y el verdadero poder detrás del trono
El próximo jueves, en plata blanca, reelegirán a Jesurún como presidente de la Federación, repitiendo lo ocurrido hace cuatro años cuando, antes de la asamblea, se giraron 600 millones de pesos a cada equipo profesional como reparto de utilidades. Ahora, varios presidentes de clubes esperan hasta 1.000 millones por escudo, argumentando que las ganancias de la FCF superan los 100.000 millones de pesos.
Sin embargo, existe un detalle decisivo que pocos mencionan abiertamente. Para ser presidente de la Federación se necesita de manera obligatoria e inevitable el aval de la Difútbol. Es decir: la bendición y, lo más importante, los votos de Álvaro González, el mandamás de la rama aficionada que también recibió su reparto de utilidades hace cuatro años y que espera lo mismo ahora.
La pregunta que flota en el aire
Mientras Ramón Jesurún se enfrenta a todos sus vicepresidentes naturales en la Dimayor, surge una interrogante inevitable: ¿no será que en realidad él es el vicepresidente de Álvaro González, el verdadero poder detrás del trono del fútbol colombiano?
La estructura de poder sugiere que, aunque Jesurún ocupa la silla presidencial, es González quien controla los hilos fundamentales a través de la Difútbol. Esta dinámica revela que el juego de tronos del fútbol colombiano tiene múltiples niveles de poder, donde los títulos formales pueden ocultar las verdaderas relaciones de influencia y control.
El fútbol colombiano continúa siendo un escenario donde las vicepresidencias se convierten en campos de batalla, las lealtades son temporales y el poder real a veces se ejerce desde las sombras. Mientras los clubes esperan su reparto de utilidades y los dirigentes preparan sus movimientos estratégicos, la pregunta sobre quién realmente gobierna el balompié nacional sigue sin una respuesta definitiva.
