Chechi Cocina: la fusión del Caribe y el mundo árabe en Cartagena
Chechi Cocina: fusión Caribe y mundo árabe en Cartagena

El Caribe y el mundo árabe parecen territorios lejanos, pero en la cocina de María Cecilia Restrepo conviven con absoluta naturalidad. Ella habla de sus raíces árabes con la misma seguridad con la que defiende una fritanga cartagenera, como si entre el comino, el maíz, el kibbe y el aceite hirviendo existiera un puente invisible que siempre hubiera estado ahí.

Los inicios de una cocinera auténtica

“Ajá Chechi”, como ya es conocida entre familiares, amigos y en redes sociales, es una cocinera tan auténtica como tradicional. En su universo culinario no existen límites; por el contrario, siempre está atenta a nuevas formas de mezclar, sazonar y reinventar un plato. Sus primeros acercamientos a ese mundo que tanto la apasiona comenzaron en la infancia. Recuerda que fue su abuela materna, Miryam Chaljub Aruachan, quien le enseñó a cocinar. Era una mujer oriunda de Damasco, Siria, cuyos padres llegaron a Colombia huyendo de la guerra y se instalaron en Sahagún, Córdoba.

Chechi tuvo acceso a la cocina desde muy pequeña y así lo recuerda: “Mi abuela cocinaba en la casa. Había una mesa en el patio, una mesa amarilla de fibra de vidrio, y allí ponían las hojas de parra, la carne y los garbanzos. En esa época les quitaban la conchita después de cocinarlos. Ella me sentaba a su lado y me hacía probar la carne cruda del relleno de los indios en hoja de parra para que aprendiera a identificar los sabores”.

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Chechi creció rodeada de frutas, especias e ingredientes que le encantaba mezclar a su antojo. “Si yo tenía hambre, agarraba una guayaba, unas peras o un mango de los árboles del patio de mi abuela y me iba para la cocina a hacer una ensalada. Le echaba comino, pimienta y todos los condimentos que encontraba por ahí”, cuenta.

En la casa de su abuela también aprendió de Amira, la cocinera de toda la vida de la familia, cuya sazón describe como espectacular. “Ella cocinaba tan rico que yo me comía su comida casi cruda. Y nunca me regañó por meterme a la cocina”.

Desde sus desayunos mezclaba lo mejor de dos mundos. “Yo me levantaba y me preparaba un pan árabe con queso costeño y azúcar en la plancha, que quedara tostadito y melcochado, o un kibbe con suero picante. Ese era mi desayuno casi todos los días”.

Por su parte, su abuelo Ricardo del Jesús Pretelt Torres, aunque no sabía cocinar, le abrió la puerta a otras formas de entender la comida. Gracias a su trabajo recorrió distintas regiones del país y compartía con Chechi historias y sabores de cada lugar. “Si alguien me hablaba de cocina era mi abuela, pero si alguien me hablaba de comida y de lo que había probado era mi abuelo. En el Amazonas comió mico y luego me contaba todo. Ahora entiendo que él fue el primer foodie que conocí”, revela sonriente.

Así creció María Cecilia: entre recetas, experiencias y tradiciones que hoy dialogan en su cocina a través de la memoria y el sabor. Una conexión profunda que termina reflejada en cada uno de sus platos.

Caribeña, rosada y fritanguera: la esencia de Chechi Cocina

Cuando terminó el bachillerato, Chechi eligió estudiar Diseño de Modas. La cocina todavía no estaba entre sus planes, así que se fue a Medellín y, gracias a los conocimientos de modistería que ya tenía, se destacó rápidamente. Durante esa etapa quedó embarazada de su primera hija, María, una experiencia que siempre había deseado vivir. “Yo sabía que quería ser mamá. Y fue lo mejor que me pudo pasar, porque fui mamá antes que todo y después de eso he podido ser lo que he querido”.

Más adelante ingresó al programa de Comunicación Social de la Universidad Sergio Arboleda, en Bogotá, y se adaptó a una vida en la capital sostenida por la gallardía y el liderazgo femenino que siempre vio en sus abuelas, tías y su mamá. En ese entonces cocinaba únicamente para sus hijas -María y Leyla- y para sus amigos. Hasta que un día la convencieron de presentarse a MasterChef Colombia, donde obtuvo la “Cuchara de palo”.

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Después de esa experiencia decidió estudiar cocina e ingresó a la Academia de Cocina Verde Oliva. Más tarde se asoció con un amigo y abrió su primer negocio: “Rosada”, una cafetería que muchos confundían inicialmente con una pastelería. Y es que Chechi siente una profunda fascinación por ese color. “El rosado es el color que más evoca sentimientos positivos. Lo relacionas con la feminidad, con la maternidad, con tu abuela, con la mujer que te alimentó en la infancia. La cocina es de nosotras y para mí la cocina es rosada”, explica con firmeza.

Trayectoria, emoción y sabor en la vida de Chechi

Chechi completa diez años en el mundo culinario. En su cocina, más allá de técnicas o preparaciones elaboradas, hay memoria y emoción. Entiende que cada plato no solo refleja su esencia libre y espontánea, sino también una manera de honrar sus raíces árabes y lo mejor del Caribe colombiano. “Mi cocina es la representación de lo ancestral en la actualidad y también del mestizaje. Y además es maximalista”, sostiene. En su cocina todo se mezcla: los fritos, el color rosa, la memoria familiar y esa herencia que lleva con orgullo y transforma en una forma distinta de entender la comida.

“Creo que esa exuberancia y ese gusto por la abundancia han hecho diferente mi estilo en la cocina. A la gente le gusta cómo manejo el color. Yo no soy la mejor emplatando, porque mi estética es más rústica, más auténtica. Me gusta que quien venga a comer aquí se sienta satisfecho, que coma bien. Los árabes somos así: nos gusta la abundancia. Yo nunca voy a servir un plato pequeño o minimalista”, expresa sin titubeos.

“Ajá Chechi” ha cocinado para Pía León, reconocida como una de las mejores chefs de Latinoamérica; para Dolli Irigoyen, del canal El Gourmet, y para la cocinera argentina Narda Lepes. “Cuando Narda Lepes se comió mi arepa con huevo me dijo: ‘Esta es la arepa con huevo más rica que me he comido’”, cuenta emocionada. También ha cocinado en El Chato, considerado uno de los mejores restaurantes de Latinoamérica, y en Celele, incluido entre los 50 mejores restaurantes del mundo.

Hoy trabaja como chef independiente en una cocina oculta de su propiedad, ubicada en el Callejón de los Estribos, cerca de la Plaza Santo Domingo, en el Centro Histórico de Cartagena. Allí comparte su día a día con Geo, Marciana y Omer, con quienes no solo tiene en común el amor por la cocina, sino también una relación marcada por la entrega, el compañerismo y la familiaridad.

Más de Chechi Cocina

María Cecilia Restrepo estuvo a cargo del restaurante Interno, ubicado en la antigua cárcel de mujeres de San Diego, un proyecto de resocialización de la Fundación Acción Interna que lidera Johana Bahamón. Ha participado en importantes festivales gastronómicos del país, entre ellos el Congreso Gastronómico de Popayán, el Festival del Frito Cartagenero, la feria Sabor Barranquilla, Pasto Capital Gastrodiversa, GLOCAL Food Fest en Medellín, Del Caribe para el Mundo en Montería, el Congreso Iberoamericano de Gastronomía Deleitarte en Cali y también Cali Cocina, entre otros.

Hace parte de la lista de chefs de la Cancillería colombiana que representan y promueven al país en el exterior. Sus preparaciones han conquistado paladares en Cuba, Polonia, México y Nueva York.

Los sabores que hacen única a Chechi Cocina

  • Enyucao con crema de queso costeño y chontaduro y base de jalea de guayaba dulce con agua de rosas.
  • Kibbeh de pescado con hummus de frijol guandul y remolacha.
  • Base de enyucao, tarta de queso y suero costeño, Ají topito calado y pistachos garrapiñados, miel de cítricos.
  • Indios de parra y de repollo morado, dos de los especiales de El Chato.