Bogotá descubre Asia a través de tres restaurantes con historias de viaje y herencia familiar
La capital colombiana se consolida como un destino gastronómico diverso donde las cocinas asiáticas encuentran expresión auténtica a través de experiencias personales, viajes transformadores y memorias familiares. Tres restaurantes en Bogotá —Ganzō, Danny Boi y Kumiko Tei— representan esta tendencia, ofreciendo a los comensales no solo platillos exquisitos, sino también narrativas íntimas que conectan Colombia con China, Vietnam y Japón.
Ganzō: la pasión china que nació de un aviador colombiano
En los años ochenta, los medios chinos circulaban el perfil de un colombiano reconocido como el mejor aviador del mundo. Esta historia, escrita por el padre de David Medina después de ser invitado a colaborar sobre Colombia en el gigante asiático, sembró la semilla de lo que décadas después sería Ganzō. Este pequeño local de comida china, ubicado en Chapinero en la calle 54A #5-14, abrió hace cuatro meses con una propuesta que busca autenticidad absoluta.
David Medina, chef y propietario, recuerda cómo sus padres viajaban frecuentemente a China y regresaban a Colombia cargados de telas, juguetes e ingredientes locales. "De ahí sale mi pasión por la cocina. A mis papás siempre les gustó comer bien y se interesaban por los ingredientes de cada lugar al que viajaban", cuenta Medina. Esta curiosidad lo llevó a los 19 años a vivir tres años en China, donde desde Beijing exploró diversas regiones y su gastronomía.
El pato pekín marcó especialmente a Medina: "Es una locura la preparación. Los inflan para separar la piel de la carne, luego los cuelgan y los hierven rápidamente para que la piel se ponga tensa. Después les aplican un glaseado y los hornean. Este proceso se demora cerca de cuatro días". En Ganzō, la carta corta pero sustanciosa incluye:
- Chili dumplings ($32.000)
- Alitas XXX ($35.000) para amantes del picante
- Sesame noodles ($28.000) servidos fríos
- Shrimp fried rice ($68.000) para compartir
Medina asegura que los platos vienen de recuerdos con su hermana en China: "Cuando hice la carta quería recordar la emoción que me generaron esos bocados y poder transmitirla en el plato de la forma más purista posible". Los cócteles, creados por el polaco Tom Hydzik, incorporan especias chinas y complementan la experiencia.
Danny Boi: el Vietnam de las sillas plásticas y la vida callejera
Al entrar a Danny Boi, las mesas metálicas y sillas plásticas transportan inmediatamente al Vietnam de la época del comunismo radical. Camilo Giraldo, su dueño, explica este diseño: "La gente, para ganarse unos pesos adicionales, empezó a montar restaurantes en las aceras de las casas. La manera de hacerlo era con asadores pequeños y sillas plásticas". Estas sillas se volvieron ícono de la vida callejera vietnamita.
Antes de Danny Boi, en el mismo lugar funcionaba Lorenzo, un restaurante griego que tras diez años se transformó en esta apuesta por la gastronomía vietnamita. La inspiración llegó durante la luna de miel de Giraldo hace 13 años, cuando visitó Vietnam y probó rollitos de aceitunas caramelizadas con picante. "Los sabores de esta cocina se caracterizan por su intensidad y variedad", destaca Giraldo.
La propuesta se centra en dos productos emblemáticos:
- Bánh mì: sándwich en baguette de harina de arroz con paté (herencia francesa) y hierbas vietnamitas (entre $32.000 y $38.000)
- Pho: sopa tradicional que requiere seis horas de cocción de ternera (entre $43.000 y $45.000)
Daniel, socio de Giraldo, es el chef encargado de dar vida a estos platos. Las entradas también protagonizan, con rollitos de primavera ($24.000) que ofrecen una combinación marcada de sabores, y el postre de tapioca ($18.000) con leche de coco, mango y maní.
Kumiko Tei: la casa japonesa que cruzó océanos
Kumiko trabajaba en Haru Baru Tei, un pequeño restaurante de ramen a las afueras de Tokio con solo nueve butacas, cuando conoció a Camilo Giraldo. Entre copas de sake, Giraldo confesó al dueño Fujio su deseo de abrir un restaurante de ramen en Colombia. La respuesta fue inesperada: debía llevarse a alguien del equipo, señalando a la asistente Kumiko.
Originaria de Iwaki en la prefectura de Fukushima, Kumiko se especializa en cocina japonesa, carnes, pescados, soba y ramen. Tras evaluar costos, decidieron traerla a Colombia para que, sin hablar inglés ni español, estuviera detrás de la creación de Tomodachi Ramen Bar y Kumiko Tei. "En japonés, tei significa hogar, por lo que entrar al lugar es una invitación a conocer la casa de Kumiko", explica Giraldo.
La comunicación inicial fue a través de traductores digitales, y uno de los principales retos fueron los ingredientes: la salsa de soya disponible en Colombia no tenía la calidad necesaria, y vegetales como el ajo o la cebolla variaban notablemente en sabor. Aun así, lograron consolidar una propuesta culinaria sólida que se enfoca en la comida casera que consumen a diario los japoneses, lejos del cliché del sushi y ramen exclusivo.
La carta incluye:
- Donburi de atún ($47.000) con atún del Pacífico y wasabi
- Ebi soba con camarones y spicy chili oil
- Karaage ($29.000), contramuslo frito crocante
- Takoyaki ($22.000), buñuelos de pulpo
- Cheesecake de té matcha ($23.000)
Actualmente, Kumiko no vive en Colombia pero viaja periódicamente para verificar que las recetas mantengan fidelidad a su apuesta original y para incorporar nuevas preparaciones.
Estas tres propuestas gastronómicas demuestran cómo Bogotá continúa expandiendo su oferta culinaria a través de historias personales que conectan la ciudad con tradiciones asiáticas milenarias, ofreciendo experiencias auténticas que trascienden lo meramente alimenticio para convertirse en viajes sensoriales y emocionales.