Hay canciones que suenan. Otras, en cambio, se sienten. 'Ausencia sentimental' pertenece a ese segundo grupo: no solo se escucha, se recuerda, se vive. Cuarenta años después de haber ganado el concurso de Canción Inédita del Festival de la Leyenda Vallenata, la obra de Rafael Manjarréz Mendoza no ha perdido fuerza. Al contrario, se ha convertido en un espejo emocional de hombres y mujeres de Valledupar que, por distintas razones, han tenido que estar lejos de su tierra en abril, tiempo de celebración en donde el sonido de la caja, el acordeón y los cantos inunda cada rincón de la capital del Cesar.
El tema vuelve a sonar por estos días en Valledupar, ciudad en furor por la celebración del 59° Festival de la Leyenda Vallenata que este año rinde homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y El Binomio de Oro de América. La fiesta va desde este 29 de abril al 2 de mayo.
La historia de 'Ausencia sentimental' no comenzó en Valledupar
Nació en Bogotá, en medio de una realidad sencilla pero contundente: no había plata para viajar. Rafael Enrique Manjarréz Mendoza, estudiante de la Universidad Nacional en ese entonces, vivía el contraste entre el entusiasmo de sus compañeros que regresaban a sus ciudades y su propia imposibilidad de hacerlo.
“Yo estaba estudiando en Bogotá y cuando se acercaba el festival muchos compañeros regresaban a sus ciudades. Mi papá me dijo que no podía viajar porque no había dinero para los pasajes y me quedé viviendo esa nostalgia que luego se convirtió en la canción”, recuerda Rafa Manjarrez, como lo llaman sus amigos.
Ese sentimiento, tan cotidiano, fue el punto de partida. Pero lo que hizo Manjarréz fue transformarlo en algo más grande: una narración musical que conectó con toda una región y el valle del Cacique Upar. La escena es íntima, casi doméstica, pero en ella caben miles de historias similares. Estudiantes, trabajadores, migrantes. Todos los que han sentido esa punzada de quedarse cuando lo que más quieren es irse o, mejor dicho, volver.
De canción ganadora a himno del festival
La noche del miércoles 30 de abril de 1986 marcó un antes y un después. 'Ausencia sentimental' ganó el concurso de canción inédita del Festival de la Leyenda Vallenata. Era apenas el comienzo. Años después, en 2010, el reconocimiento se formalizó: mediante el Acuerdo No. 03 del 16 de marzo, la canción fue declarada himno del Festival. Pero ese título, en realidad, ya lo tenía ganado en la calle.
“Las razones que tuvo la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata se fundamentaron en que ‘Ausencia sentimental’ se convirtió en corto tiempo en el más grande mensaje lleno de miles de recuerdos para los que se encontraban ausentes, y no podían llegar a finales de abril hasta la Capital Mundial del Vallenato”, explica Juan Rincón en una maravillosa crónica sobre la canción himno del festival. No es casual que cada año, cuando llega el Festival, la canción vuelva a cobrar vida. Su vigencia no depende de modas ni de tendencias: está anclada a una emoción permanente.
Una narrativa que cambió el vallenato
Para los estudiosos del folclor, el valor de 'Ausencia sentimental' no es solo sentimental. También es técnico, estructural. El investigador Tomás Darío Gutiérrez la define como una obra que rompió esquemas: una canción “100% narrativa descriptiva en una época que no era de este estilo”.
“Esta por encima de haber sido un éxito. Es un ícono universal de la narración musical. Yo no hago más que sentirme orgulloso de ser vallenato cada vez que oigo esa canción. Y eso no les pasa a todos”, explicó en un reciente encuentro celebrado en Valledupar donde estuvo Manjarréz. Ahí está una de sus claves: no es solo lo que dice, sino cómo lo dice. La canción cuenta una historia completa, con principio, desarrollo y desenlace emocional. Algo que hoy parece común, pero que en su momento no lo era tanto dentro del vallenato tradicional.
La herida y la fiesta
Hay una dualidad que atraviesa toda la canción: la fiesta por un lado, la ausencia por el otro. Ese contraste es el que la hace tan poderosa. Aquiles Hernández Saurith lo resume con precisión: “nos alegra el espíritu a quienes tenemos la dicha de asistir y participar durante la realización del Festival de la Leyenda Vallenata y por otro lado le parte el alma a quien no pudo asistir”. Dos emociones opuestas, coexistiendo en una misma melodía. “Yo que me muero por ir y es mi deber quedarme…” Esa línea, sencilla pero contundente, condensa todo el conflicto. No es solo una decisión práctica. Es una renuncia emocional.
El cordón umbilical del Caribe
El periodista, poeta y folclorista Luis Oñate Gámez aporta otra capa de lectura: la canción como símbolo del arraigo caribeño. “Uno escucha la canción y de inmediato siente el olor a sancocho y a cañahuate, y sueña con las calles llenas, los amigos… es un guayabo sentimental el no poder estar ahí. Además, eso contagia a cualquiera”, dice Oñate. Y va más allá: “Rafael Manjarrez, su compositor, escribió una escena humana, y en el fondo habla de algo universal en el Caribe colombiano. Uno podrá irse, pero nunca termina de arrancar; la música, los amigos y la cultura popular son como un cordón umbilical”. Esa idea, la imposibilidad de desprenderse del todo, explica por qué la canción sigue conectando con nuevas generaciones.
La canción que era para los Hermanos Zuleta
Como toda obra grande, 'Ausencia sentimental' también tiene su historia detrás de bambalinas. Y en este caso, incluye una casi casualidad que pudo cambiar su destino. Orángel 'El Pangue' Maestre, encargado de los arreglos, cuenta que trabajó la canción sin saber que los Hermanos Zuleta ya la tenían en proceso. “Yo hice los arreglos sin saber que los Zuleta la tenían en pista, lista para entrar a estudio”, relata en el encuentro celebrado la semana pasada en el auditorio Paisaje del Sol de Valledupar, en donde estuvo también Silvio Brito, el hombre que le puso la voz y el sentimiento, y por supuesto el padre de la canción, Rafael Manjarréz. La situación se resolvió en una especie de carrera contra el tiempo, marcada por llamadas, expectativas y una dosis de intuición.
El acordeonero recuerda que le insistió al compositor para que le cediera los derechos, pero este les recordó que uno de sus anhelos era que los Zuleta grabaran un tema y este era el momento. “Compadre, yo le tengo un arreglo muy lindo a esa canción. ¿No hay forma entonces? No, compadre… porque figúrese, si ya los Zuleta la tienen”, recuerda Maestre que fue la respuesta que recibió más de una vez, pese a su insistencia. Pero al final, el destino jugó su carta. De los 13 temas que tenían los Zuleta para grabar, 'Ausencia Sentimental' fue la única que quedó en el tintero, no alcanzó a entrar. “Yo no sé por qué siento que esa canción la vamos a grabar Silvio y yo”, dijo. Y así fue.
La voz que la volvió eterna
Si la composición es el alma, la interpretación es el cuerpo. Y en el caso de 'Ausencia sentimental', la voz de Silvio Brito fue decisiva. El propio cantante reconoce la complejidad de la obra: “Esa canción tiene una condición… su temática es folclórica, vallenata, pero su estructura es la de una canción romántica por las notas que tienen”. No es fácil cantarla, asegura el cantante. No cualquiera logra sostener ese juego de tonos, ese inicio en registros bajos que exige control y sensibilidad. “Ese juego de tonos y esas cosas no lo puede hacer todo el mundo. Entonces la mayoría de las personas que la cantan la cantan directamente, y ahí le quitan la esencia”. Brito lo dice sin rodeos, pero con orgullo: “Quizás la canción más completa que se haya hecho para el Festival Vallenato”.
Cuarenta años después
Hoy, cuatro décadas después, 'Ausencia sentimental' sigue sonando en patios, parrandas, emisoras y escenarios. Pero, sobre todo, sigue sonando en la memoria. El mánager Juan Carlos Travesedo lo resume así: “Durante 40 años se ha convertido en un himno no oficial del festival, una canción que conecta generaciones y que cada abril vuelve a estremecer a Valledupar y a todo el país”. Y esa es quizás su mayor logro: haber pasado de ser una experiencia individual a convertirse en un sentimiento colectivo. Una canción que no se quedó en 1986. Una canción que sigue diciendo, cada abril, lo que muchos sienten pero no siempre saben expresar. Porque en el fondo, todos, en algún momento, hemos tenido nuestra propia ausencia sentimental.



