Un encuentro literario en las calles de La Habana
Bajo un sol implacable que bañaba las calles de La Habana, un modesto puesto de libros llamó la atención de un transeúnte. Sobre un tablón de madera apoyado en dos sillas metálicas, dieciocho ejemplares esperaban lectores. Entre ellos, obras de Gabriel García Márquez destacaban como tesoros literarios abandonados al azar.
El descubrimiento de un librero singular
Al detenerse para examinar los volúmenes, el comprador encontró más que libros. René Delgado, un hombre delgado de sesenta y seis años, perfectamente peinado y vestido con blue jean y pulóver amarillo, se reveló como el custodio de este pequeño santuario literario. "¿Tienes más libros?", preguntó el visitante. "Sí, tengo. Pasa. Pasa...", respondió Delgado, invitándolo a entrar a lo que resultó ser su propia casa.
El interior era austero: un sillón de ruedas junto a la ventana, un cuadro del Sagrado Corazón descolorido por el sol en una pared que alguna vez fue verde, y una mesa metálica con mantel rojo. Sobre ella, entre revistas y ejemplares antiguos del periódico Granma, una caja guardaba más libros. Allí aparecieron Poemas de Nicanor Parra y En lo más implacable de la noche de Idea Vilariño.
La vida de un amante de los libros
René Delgado compartió su historia mientras completaba la venta. "Yo trabajaba en la terminal de ómnibus, por cuenta propia. En una cafetería. Ya me jubilé", explicó. Desde hace seis meses se había convertido en librero, un oficio que describe como "el más grande que hay" porque mantiene el contacto constante con los libros.
Originario de Jovellanos, Matanzas, llegó a La Habana en 1975. "Nunca estudié", confesó, pero desarrolló una pasión literaria que lo convirtió en "fan de los libros". Su preferencia se inclina hacia las novelas románticas como Fortunata y Jacinta o Las impuras, aunque reconoce que el primer libro que leyó en su infancia fue Platero y yo.
"Para mí un libro es... mi vida... Vaya... mi vida... Un libro es lo más grande que hay", expresó con emoción. Los volúmenes que vende le son regalados por personas que, según sus palabras, buscan ayudarlo a "vivir", en la expresión típica cubana.
El legado de un librero de pura cepa
Al despedirse, René Delgado estrechó la mano del comprador y se presentó formalmente: "Aquí tiene a un amigo y a un librero más, de pura cepa". Esa frase resonó en el visitante, quien continuó su camino por Infanta rumbo a Manglar, llevando consigo no solo tres libros de Casa de las Américas, sino también una historia humana que merecía ser escrita antes de que las palabras se escaparan y perdieran para siempre.
Este encuentro fortuito en el número 859 de la calle Infanta revela cómo, incluso en las circunstancias más modestas, la pasión por la literatura puede florecer y crear conexiones humanas significativas. La historia de René Delgado representa esa tradición cubana de resistencia cultural a través de los libros, manteniendo viva la llama literaria en los espacios más inesperados de La Habana.



