La maternidad como escuela de amor y fe en María
Maternidad, amor y fe en María

El privilegio más grande que Dios otorga a las mujeres es la capacidad de ser madres, no solo por la posibilidad biológica de engendrar hijos, sino por la hermosa misión de participar en la vida de otros seres humanos de manera íntima y profunda. Esta misión abarca facetas espirituales, afectivas, emocionales, mentales y físicas, involucrando todo nuestro ser.

Dios, Padre y Madre

Dios se revela como Padre, pero también nos ama con una ternura que las Sagradas Escrituras comparan con la de una madre. Él nos da la vida, nos cuida y protege integralmente, deseando que, usando nuestra libertad, escojamos participar de su comunión de amor con todos los santos y ángeles del cielo. Esto se vive desde esta vida mediante los sacramentos, y en plenitud en la eternidad.

Por eso, la maternidad y la paternidad también pueden ser ejercidas espiritualmente por quienes, en nombre de Dios, acompañan a otros en el camino: sacerdotes, personas consagradas, laicos comprometidos, profesores, médicos, y tantos líderes, profesionales o servidores que cuidan, protegen, enseñan y entregan su vida con amor al servicio de los demás.

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María, ejemplo de maternidad

María, nuestra Madre celestial, es el mejor ejemplo de maternidad. Además de ser la Madre de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, es la madre de la humanidad. Su propósito ha sido siempre acercarnos más a su Hijo, porque ella, más que nadie, comprende lo maravilloso que es para nuestra vida permanecer unidos a Él.

Mi fe se profundizó desde el momento en que tomé con más fuerza la mano de María a través del Santo Rosario, en épocas difíciles marcadas por persecuciones, secuestros de personas muy cercanas y la experiencia del exilio. Poco a poco, casi sin darme cuenta, mediante la meditación de los misterios del Rosario, fui entrando más en nuestra preciosa historia sagrada: el plan de salvación de Dios para la humanidad, revelado en la vida, enseñanzas, muerte y resurrección de Jesús, y todos los signos con los que Él permanece en medio de nosotros, nos transforma el corazón y nos ayuda a vivir como sarmientos unidos a su Corazón ardiente de amor.

En la escuela de María se aprende que el mejor regalo para nuestros hijos es la fe en Dios, la esperanza en sus promesas y la unión a su amor. Ella nos invita a hacer lo que Jesús nos mande, a dejarnos impregnar de los dones del Espíritu Santo y a enfrentar los desafíos de la vida unidos a su cruz redentora. Que aprendamos a ser humildes como María, valorando las grandezas de Dios y permitiendo que Jesús reine verdaderamente en nuestro corazón. La maternidad, vivida en Dios, es escuela de amor, entrega y esperanza; camino fecundo para sembrar paz en el corazón, en las familias y en el mundo entero.

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