Colombia ante el riesgo de gobernar con inmadurez: una advertencia
Colombia ante el riesgo de gobernar con inmadurez

Hay épocas en las que el mundo parece perder su orden natural. Los lugares se invierten, las jerarquías morales se confunden, la prudencia es desplazada por el ruido y la experiencia termina caminando a pie mientras la improvisación cabalga con honores. A eso se refería un sabio antiguo cuando dijo: “Vi siervos a caballo, y príncipes que andaban como siervos sobre la tierra”.

Una advertencia contra el desorden colectivo

No es una frase contra los humildes, ni una defensa de las élites, es una advertencia contra el desorden del alma colectiva. Una sociedad empieza a enfermarse cuando deja de reconocer el mérito, cuando desprecia la formación, cuando confunde popularidad con sabiduría y cuando cree que cualquier entusiasmo basta para dirigir el destino de una nación.

El problema no es que un siervo monte a caballo, el problema es que quien no ha aprendido a gobernarse a sí mismo pretenda gobernar a los demás. El poder no transforma automáticamente al hombre: lo revela. Quien era vanidoso, en el poder será más vanidoso, quien era imprudente, en el poder será más peligroso, quien era resentido, en el poder convertirá su resentimiento en política pública.

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La metáfora del “rey muchacho”

“¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho!”. No habla solamente de edad: habla de inmadurez. Del alma infantil que no soporta la crítica, que huye de debates, que confunde autoridad con imponencia, que usa el poder para satisfacerse y no para servir. El “rey muchacho” gobierna desde el impulso, no desde la reflexión; desde la emoción, no desde la prudencia; desde el ego, no desde el deber.

Colombia debe mirar esta advertencia con seriedad. En una elección presidencial no se elige simplemente a quien despierta más simpatía, ni a quien comunica mejor el malestar de una época. Se elige a quien cargará sobre sus hombros el peso del Estado. Y el Estado no es una tarima, ni una red social, ni una plaza pública encendida por aplausos; es una estructura compleja.

La responsabilidad del voto

La democracia tiene una grandeza y un riesgo: le entrega al pueblo el poder de elegir, pero también le exige la responsabilidad de discernir. El voto no puede ser solamente un desahogo emocional, una venganza colectiva o un acto de fascinación momentánea. Por eso no basta preguntar quién es más popular, sino quién tiene la capacidad de sumar y unir con juicio, experiencia, conocimiento del país real, dominio propio y capacidad para entender la economía, la seguridad, la justicia, las regiones, el empleo, la empresa y la fragilidad institucional de una nación cansada.

“Bienaventurada tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles”. Esa nobleza no es apellido ni privilegio, es disciplina y trabajo real. Es entender que el poder no es propiedad personal, sino un propósito colectivo.

Un llamado a la lucidez

Colombia necesita menos espectáculo y más criterio, menos rabia y más lucidez, menos improvisación y más conocimiento. Porque una nación puede sobrevivir a muchas crisis, pero difícilmente sobrevive intacta cuando entrega su destino a la inmadurez.

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