La emblemática iglesia La Ermita en Cali, Colombia, fue blanco de un acto de vandalismo el pasado 6 de mayo de 2026. Un hombre ingresó violentamente al templo, destruyendo varias imágenes religiosas y causando daños materiales. La Arquidiócesis calificó el hecho como una "dolorosa profanación". Pero además, la iglesia presenta un deterioro muy grave que se ha ido acrecentando a través de los años y requiere acciones urgentes.
Un ataque al alma de la ciudad
El miércoles 6 de mayo, un hombre perturbado irrumpió en la capilla La Ermita, en el corazón del centro de Cali, y destruyó prácticamente todas sus imágenes religiosas. Los fieles que asistían al templo esa mañana fueron testigos de una escena que dejó esculturas quebradas y fragmentos esparcidos en el suelo. La Arquidiócesis lo llamó "una dolorosa profanación". Los caleños lo vivimos como lo que fue: una herida directa al alma de nuestra ciudad.
La Ermita: un símbolo que trasciende lo religioso
Porque La Ermita no es simplemente una capilla. Es el símbolo arquitectónico más reconocible de Cali, uno de los pocos referentes que definen la identidad visual y emocional de esta ciudad. Sus torres blancas y grises son presencia cotidiana para el caleño que transita el Centro, imagen de bienvenida para el turista que llega, y referente espiritual para miles de familias que han bautizado, casado y despedido a sus seres queridos bajo sus bóvedas. La Ermita, ante todo, es de los caleños.
Una historia de abandono y resistencia
Es la iglesia que ha sobrevivido el paso de siglos, guerras y terremotos. Por ello no puede caer por abandono e indiferencia. Sin embargo, La Ermita ha subsistido durante décadas casi que por caridad. Este periódico conoce bien su historia de penurias: las restauraciones aplazadas por falta de recursos, las convocatorias a la ciudadanía y a los empresarios para sostener su mantenimiento, la dependencia de la buena voluntad de unos pocos para que este Bien continúe en pie. Tras el último lamentable episodio, la iglesia enfrenta de nuevo la necesidad de pedir. Esta vez, no solo auxilio económico para restaurar las imágenes dañadas, sino también seguridad real y permanente.
Un llamado a la acción institucional
Y aquí El País quiere ser directo: no puede ser que el patrimonio más emblemático de Cali dependa únicamente de la generosidad individual para sostenerse. No puede ser que, cada vez que La Ermita sufra un daño, su comunidad deba recurrir a colectas de emergencia. Un Bien de Interés Cultural y Arquitectónico de esta envergadura merece un blindaje institucional. Merece un compromiso serio, estructurado y permanente de la Administración Municipal, de la Gobernación del Valle, de los grandes actores empresariales y de la ciudadanía en general.
La Ermita es un activo de todos
La Ermita es un activo de Cali, no solo de la Iglesia Católica. Su deterioro es una pérdida para todos los caleños, sin importar su fe. La protección del patrimonio no es un asunto de convicciones religiosas: es una responsabilidad cívica. Desde estas páginas hacemos un llamado urgente para que se establezcan mecanismos de seguridad efectivos en el templo y se destinen recursos —públicos y privados— para su restauración y mantenimiento de manera estable y continua.
El papel de la ciudadanía
Pero la responsabilidad no recae exclusivamente en el Estado y en los empresarios. Los caleños de a pie también tienen un papel. Cuidar La Ermita es un acto de amor por la ciudad. Frecuentarla, defenderla, denunciar cualquier acto que la amenace, apoyar las iniciativas de restauración: todo eso cuenta. La movilización ciudadana alrededor de este símbolo es también un mensaje sobre el tipo de urbe que queremos ser.
Un compromiso permanente, no una respuesta de emergencia
El capellán Javier Alvarado anunció que se iniciarán labores de restauración y solicitó el apoyo de los caleños. Este medio de comunicación se suma a ese llamado, pero va más lejos: pedimos que ese apoyo no sea una respuesta de emergencia, sino el inicio de un compromiso permanente. Que la indignación de hoy se convierta en acción sostenida mañana.
La Ermita ha sobrevivido a todas las penurias y desastres. No puede caer por abandono e indiferencia.



