Una mirada que inició una historia de amor contra todos los pronósticos
Cuando se le pregunta sobre una despedida definitiva, Daniel Habif queda sin aire mientras Anja Ruiz lo observa con atención. El reconocido conferencista, capaz de llenar estadios y mover multitudes con sus palabras, se queda mudo ante la sola idea de perderla. Ella conoce bien ese punto débil, y él admite que pensar en la vida sin su compañera representa un miedo tan profundo que aún no ha logrado nombrar en ninguno de sus discursos.
Doce años de diferencia y un comienzo marcado por el escepticismo
Su historia comenzó con una mirada hace veinticuatro años, cuando ella, a sus treinta años, venía de un divorcio y él apenas tenía dieciocho. Doce años de diferencia y numerosas advertencias externas que apostaban por el fracaso, pues el entorno insistía en que un joven inexperto no sabría cómo relacionarse con una mujer adulta. Sin embargo, se impuso la terquedad del corazón.
Fue un abrazo donde los miedos de ambos encajaron perfectamente, y desde ese momento se eligieron mutuamente, a pesar de la marcada diferencia en sus caracteres: ella es la pragmática, mientras que él es el apasionado que se asusta con facilidad incluso al despertar.
Los desafíos reales de la convivencia y el método de los pactos
La convivencia, sin embargo, ha tenido sus baches reales. Desde los años de escasez económica en los que solo contaban con agua del grifo, hasta las discusiones donde el ego intentaba ganar terreno mediante argumentos retóricos. Con el tiempo, ambos entendieron una verdad fundamental: ganar una pelea a costa de la paz del otro es perder dos veces.
Por esta razón, inventaron los pactos como método de supervivencia. Ahora se sientan a escribir sus fronteras en la pantalla de un celular y anotan los acuerdos en un mensaje de WhatsApp, evitando así confiar algo tan importante a la fragilidad de la memoria o a las interpretaciones momentáneas.
Rutinas que sostienen la estructura y una filosofía de amor práctica
En lo cotidiano, él ronca cuando sube de peso y ella lo graba para que no pueda negarlo, mientras que sus mañanas siguen un ritmo claro: levantarse, ir al baño, orar y planear el día juntos. Son este tipo de rutinas las que sostienen la estructura de su relación, pues no creen en las mariposas que anulan el criterio, sino en el arrepentimiento que se demuestra con hechos concretos cuando es necesario.
Para ellos, la libertad no significa ausencia de límites, sino la estructura que evita el desborde y protege lo que consideran sagrado en su unión, permitiendo que cada uno sepa exactamente qué terreno está pisando en todo momento.
Un libro que resume su aprendizaje: la voluntad como motor del amor
Anja Ruiz y Daniel Habif han plasmado estos aprendizajes en su libro 'El amor no se ruega, se riega', donde explican por qué la voluntad es el motor real que mantiene la decisión de seguir juntos. Demuestran que una relación sólida no es producto del azar, sino el resultado de un trabajo diario y compartido.
El amor, según su experiencia, requiere un método para que la voluntad sostenga lo que la emoción no siempre puede lograr por sí misma, especialmente cuando las dificultades externas intentan quebrar el compromiso que se hizo en los días de calma.